Jueves, 27 de Marzo de 2014

La culpa a tu favor

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ExponencialMente
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cómo superar la culpa

La culpa es uno de los sentimientos más incapacitantes que existen.  No nos permite reaccionar con toda nuestra capacidad intelectual, ni emocional.  La culpa dispara mecanismos de defensa e inclusive de ataque, para liberar al inconsciente de esa carga insoportable que ataca en varios niveles.  

La culpa puede originarse por distintas razones, entre ellas:

  • Una falla no intencional, que se puede transformar en falta de confianza en uno mismo.  Como fallé, significa que no soy suficientemente apto para hacer esto.
  • Una acción inadecuada e intencional, tal vez motivada por un momento de ira, tristeza, desesperación, celos, frustración, ansiedad u otra similar.  Esto puede transformarse en una etiqueta de identidad.  Como hice eso, significa que soy malo. Y a la vez, lastimar la autoestima. Como soy malo, no merezco algo bueno.
  • Una omisión, que se puede transformar en baja autoestima y posiblemente en evasión de futuras situaciones similares. Como no hice nada, me siento inútil y en el futuro no voy a saber cómo manejar las cosas, mejor huyo.
  • Una situación difícil en donde no se conocen las causas precisas.  Esto puede transformarse en ansiedad, falta de confianza, baja autoestima, frustración o evasión.  ¿Por qué sucedió esto? No sé qué hice mal, seguramente algo no está bien conmigo, no soy suficiente, no pienso volver a intentarlo.
  • Acciones o decisiones que se llevaron a cabo con plena consciencia, que tuvieron impactos inesperados en otras personas o en otras situaciones.  Esto puede transformarse en ira, sensación de ser incomprendido, confusión, frustración o una etiqueta de identidad.  Hice esto y hubo aquel daño colateral, me siento mal, pero no puedo detener mi vida por otros, sin embargo, eso me hace una mala persona y a la vez creo que tengo derecho, no me comprenden. 

Lo que sucede cuando hay culpa es que una vez que aparecen las consecuencias, muchas veces no deseadas, la persona “culpable” no sabe reaccionar a ello.  Se buscará cualquier medio para eliminar etiquetas, estigmas y fantasmas que puedan lastimar el auto-concepto.  A veces, en lugar de tomar la responsabilidad de los actos, surgen justificaciones, contraataques, evasión, negación, victimización de sí mismo o antagonismos.

Visto desde dentro es como si hubiera un niño pequeño dentro de nosotros al que le gusta sentir que no se equivoca.  Una vez que algo no sale bien, imaginemos que a ese niño le pusieran un suéter que pica y da comezón.  Lo puede tolerar hasta cierto grado, pero llegará un punto en que hará todo lo posible por quitárselo de encima. Cada una de esas acciones para quitarse el suéter molesto es un mecanismo de defensa.  Justificarse es un intento de racionalizar el por qué eso parecía una buena idea en su momento, o incluso, no había otra alternativa.  El contraataque es buscar otro culpable para que mejor él se ponga el suéter. Evasión es como no volver a salir para no tener que usar suéter. Negación, es fingir que el suéter jamás existió y si alguien dice que lo vio, está loco. Victimización es como pensar que el suéter fue insertado a la fuerza por una injusta razón.  Antagonismo es como tomar rencor a cualquiera que pueda hacer notar la existencia del suéter.

Lo complicado es que ninguna de estas acciones llevan a resultados positivos, ni en relaciones sociales, ni en desempeño, ni en la relación con uno mismo.  Uno de los daños más peligrosos es el del auto-concepto, porque el inconsciente procurará protegernos de ello y llegará a niveles extremos para evitar ese riesgo.

Todo eso está muy claro y a todos nos ha pasado sentir la comezón de un suéter molesto.  Lo difícil es saber manejar la culpa, aunque más efectivo sería evitar que ésta llegue a formarse.  Hay una cara de la culpa que puede llegar a ser útil: la vergüenza.  Hace tiempo vi una película antigua llamada Capitains Courageous, donde unos pescadores rescatan a un niño malcriado que pronto va aprendiendo modales y respeto a los demás.  Un día, deciden hacer una competencia de pesca entre equipos y el chico hace trampa para que el suyo gane.  Al final le confiesa todo a uno de los pescadores y le dice que no puede tolerar ver a los demás a la cara.  El pescador le dice que la vergüenza sirve como recordatorio para no volver a cometer el mismo acto.  Yo creo que es una forma sabia de verlo, no hay que tomar la carga, sino el aprendizaje.  Dicho en otras palabras, hay que tomar al fantasma de la culpa y convertirlo en una alfombra voladora.

¿Cómo evitar que la culpa nos persiga? No hay una receta, pero existen enfoques que nos pueden ayudar a transformar experiencias desagradables a nuestro favor.  Puede ser útil pensar en lo siguiente:

  • No soy perfecto, nadie lo es.
  • ¿Qué aprendí de esta experiencia? ¿Qué haré diferente la próxima vez?
  • No puedo cambiar lo que ya pasó, pero puedo hacer algo por el presente.
  • En su momento, no pensé que lo que estaba haciendo traería estos resultados.
  • Una acción no me define a menos que la haga parte de mi vida en adelante.
  • Es sabio pedir ayuda si hay algo que no puedo remediar yo solo.
  • Lo que hice trajo resultados adversos, lo acepto.
  • Me perdono por haberme puesto en esta situación y tal vez a otros conmigo.
  • Tomo control absoluto sobre esta situación haciéndome responsable de mis actos. 

Cuando se vive este proceso en donde uno toma control de su vida y reconoce lo que no salió bien y se hace responsable de sus actos, se deja el papel de víctima de las circunstancias y se genera una sensación de poder sobre uno mismo.  Al entender que uno no es infalible estamos aceptando que esta acción no nos define como personas. Al asumir que en su momento no se conocían las consecuencias de determinado acto, se da paso al aprendizaje para que en futuras ocasiones las decisiones nos reporten una retroalimentación diferente. Reconocer cuando se necesita apoyo es el primer paso hacia el cambio positivo. Perdonarse por los inconvenientes causados a uno mismo y a los demás nos permite generar paz interior y liberarnos del dolor.

Como decía al inicio, la culpa nos incapacita para reaccionar adecuadamente ante situaciones que no salen como queríamos. Pero al lograr la paz, el control y el aprendizaje, crecemos como personas y mejoramos nuestra interacción con los demás.

Quédate conmigo y permíteme aprender de ti.

¡Hasta la próxima!

Foto: Flickr / Hartwig HKD (CC)