Jueves, 29 de Mayo de 2014

¿Existe un amor para mí?

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ExponencialMente amor existe un amor para mí

-¿Estás segura de este lugar?

-Claro.  Mi compañera de oficina me dijo que está llena de hombres atractivos.

-Es la primera vez que entro a un lugar por ese motivo.

-Siempre hay una primera vez.  Además hoy te ves muy bonita.

-Gracias. Tú también. Pero como si eso me sirviera de algo.

-Oh, no te desanimes, esa actitud no te ayuda.

-Es que sigo pensando que no hay un hombre para mí.  Mi vida ha sido una decepción tras decepción…

 ***

-¿Qué esperas? Los demás ya están adentro.  Vienen las primas del Santi y si eso falla, el lugar va a estar lleno de bellezas.

-No estoy seguro de que esto me funcione.  A veces siento que no soy el tipo de hombre que conquista a una mujer.  Suelen verme como un buen amigo pero no como algo más.  Muchas veces no sé qué hacer o decir.  He pasado mucho tiempo estudiando y trabajando.

-No les tienes que decir nada.  Solamente invítales una copa, deja que ellas hablen y luego róbales un beso.

-No, ésa no es la clase de relación que estoy buscando.  Quiero a alguien para construir una vida juntos.

-Hoy la besas y mañana construyen todo lo que quieras.

-Creo que mi destino será quedarme solo. No creo que alguien me quiera como soy.

***

¿Alguna de estas historias es familiar? Aunque ambos diálogos son ficticios, reflejan el sentir de muchos hombres y mujeres que aún no encuentran a una pareja, ya sea del sexo opuesto o del mismo sexo. 

En las historias iniciales vemos dos situaciones diferentes: por un lado, la persona que ha experimentado varias relaciones de pareja, pero se ha llevado una desilusión cada vez; por otro lado, la persona que no ha tenido mucha experiencia al respecto y no sabe cómo proceder o cómo desenvolverse.

Ante la decepción

Cuando alguien ha perdido la fe en las relaciones porque las cosas no salieron bien en el pasado, a menudo se hacen preguntas como: ¿Hay algo mal conmigo? ¿Será que yo alejo a la gente? ¿Merezco tener una pareja? ¿Estoy pagando por los errores que he cometido? ¿Y si no hay alguien ideal para mí? ¿Deberé bajar mis estándares para encontrar a alguien? ¿Debo dejar de buscar? ¿Necesito cambiar algo en mí para poder vivir una relación estable? ¿El amor hace sufrir?

Las respuestas a esas preguntas son diferentes para cada quién.  Sin embargo, recomiendo tener en cuenta los siguientes puntos antes de responder:

  • Todos tenemos la capacidad de dar y de recibir amor.  Asimismo, todos tenemos una forma particular y única de expresar ese amor.
  • Las decisiones y las acciones llevan consecuencias.  Si no nos gusta a dónde nos han traído hasta ahora, es necesario cambiar la forma de decidir o de actuar. Lo cual no implica que uno esté defectuoso o que haya algo mal con uno, solamente hay que buscar nueva retroalimentación de nuestros actos.
  • Nadie es perfecto, pero todos somos perfectibles.  No obstante, mejorar en nuestros puntos débiles es diferente a cambiar nuestra esencia. Nadie debe cambiar su esencia para encontrar el amor, porque lo que encontrará será un castillo de arena.  Los defectos, los vicios, las adicciones, los miedos y las emociones negativas no son parte de nuestra esencia, sólo nuestras cualidades, gustos, talentos y los rasgos que nos distinguen.
  • Las relaciones no se dan porque uno las merezca, tampoco la falta de una relación significa que uno no se la merezca.  Hay más factores que entran en juego en el momento para que se dé este compromiso.  Uno puede propiciar que las cosas funcionen, pero la relación es de dos.  La afinidad entre las personas es otro factor importante que no depende de nadie.
  • Es muy importante diferenciar entre las características deseables y las indispensables en una pareja. En este punto juegan un papel importante las prioridades y los valores de cada persona.  Para saber si mis estándares son adecuados, debo preguntarme si estoy exigiendo en mi pareja cosas que son deseables, pero no indispensables para que la relación funcione y si estoy siendo congruente entre lo que pido y lo que estoy dispuesto a dar. Si estoy esperando cosechar más de lo que siembro, la relación va a sufrir un desbalance y eventualmente terminará por romperse.  Pero si lo que busco en una pareja parte de mis aprendizajes en el pasado, de lo que sé que funciona para mí, entonces no debo cambiar eso.
  • Inconscientemente buscamos parejas que refuercen el concepto que tenemos de nosotros mismos y lo que creemos que “merecemos”.  Por este motivo, en ocasiones se dan patrones parecidos en diferentes relaciones.  Si yo atraigo siempre hombres o mujeres dominantes, eso está reflejando algo de mí, de mi identidad o de las creencias que tengo acerca de las relaciones.  Puedo estar reaccionando a un aprendizaje sobre cómo deben los hombres o las mujeres en una relación.  También busco personas que reflejen mi autoestima.  Si quiero cambiar este patrón, necesito cambiar las creencias que tengo alrededor de esto.  Asimismo, debo verificar que haya congruencia entre mi identidad, mis creencias y mi pareja.  Si quiero que me amen, también primero debo amarme yo.
  • Me llama la atención que muchas canciones, poemas y películas que hablan de desamores establecen que el amor hace sufrir, duele y hace daño.  Interesante paradoja. El amor es el deseo de bienestar y felicidad de la otra persona. Cuando el amor no es correspondido o cuando alguien decide endurecer su corazón por miedo a sufrir, hay falta de amor y eso es lo que causa dolor. El amor no hace sufrir, sino la falta de amor. 

Ante la falta de interacción

Cuando alguien ve muy remota la posibilidad de encontrar una pareja porque no tiene mucha interacción con la gente, no sabe cómo manejar las situaciones o cree que no tiene tiempo, surgen otra clase de preguntas: ¿Hay algo mal conmigo o por qué no atraigo a las personas que me gustan? ¿Qué puedo hacer para vencer esto que me impide acercarme a la gente que me atrae? ¿Dónde puedo conocer gente? ¿Cómo puedo socializar mejor? ¿Si nace una amistad, hay peligro de que nunca pueda transformarse en amor?

Nuevamente, sugiero considerar lo siguiente antes de responder:

  • La gente no necesita ser reparada. No es que haya algo mal con nosotros.  La pregunta correcta es ¿cuáles debilidades me gustaría trabajar para convertirlas en fortalezas?
  • A veces proyectamos algo diferente a lo que realmente somos por protegernos.  Esto impide a la gente ver más allá de la punta del iceberg.
  • Cuando alguien siente una gran dificultad para interactuar con otras personas puede deberse a diferentes razones.  Muchas veces se cree que es timidez.  Sin embargo, también existen otras causas que se relacionan con temas médicos o psicológicos.  Dependiendo del grado en que esta supuesta timidez limite la “funcionalidad” cotidiana de la persona, puede tratarse de un trastorno de tipo social y es recomendable consultar con un psicólogo para tener un diagnóstico más preciso.  Según el sitio Psicodiagnosis.es: Psicología Infantil y Juvenil: “La timidez no debe entenderse como un rasgo de la personalidad que está o no presente, sino que se sitúa a lo largo de un continuo en el que un extremo está el sujeto con una timidez leve, incluso adecuada socialmente, a otro extremo en el que se situarían los que presentan síntomas más severos y que pueden desembocar en una fobia social.”  Si esta barrera social fuera, en efecto, una fobia social; existe tratamiento efectivo a través de terapia cognitivo-conductual, principalmente.
  • Para conocer gente es recomendable considerar lugares donde la interacción social sea más propicia y más natural.  Además, es importante que el lugar y la circunstancia puedan dar pie a conocer a alguien con las características deseadas.  En otras palabras, si no quieres relacionarte con alguien que tome alcohol, no esperes conocer a alguien en un bar, por decir un ejemplo.
  • Definitivamente, para conocer gente hay que salir e interactuar.  La amistad es muy importante en este proceso.  De la interacción con amistades se aprende mucho sobre las características que se desean en una pareja. Pensar que porque una persona no es candidata a ser pareja, no merece la pena, es un error.  Las amistades tienen un valor único y no sólo cuando tienen el potencial de transformarse en algo más.  Para todas las personas que han cambiado de ciudad o de país, la amistad se convierte en una segunda familia.  La gente que se encuentra en una relación, vive una vida más plena si se rodea de amistades.
  • Para socializar mejor es importante mostrarse auténtico.  Esas supuestas reglas de lo que se debe hacer y lo que no para conquistar hombres o mujeres, son solamente un gancho que no permite ver más allá de la punta del iceberg.  Cuando uno es auténtico, se da la oportunidad de que la otra persona se sienta atraída por la verdadera personalidad y no por la máscara o la armadura que la cubre. Por ejemplo, generalmente la gente que se sonroja se siente incómoda cuando esto pasa, sin embargo para otra persona, ese rasgo puede despertar simpatía y una conexión especial.  Dado que esa persona no tiene alternativa en cuanto a sonrojarse, mejor es que se relacione con alguien que lo considere agradable en lugar de vivir toda la vida tratando inútilmente de evitarlo.
  • El tema de la amistad es muy importante.  Muchas personas creen que si comienzan una relación como amistad, corren el riesgo de que la otra persona les ponga una etiqueta indeleble de “amigos para siempre”.  Para que una relación perdure a través del tiempo, es indispensable que exista una amistad.  Cuando las personas dicen cosas como “te veo como una amistad y por eso ya no podemos ser algo más”, están realmente diciendo que no sienten esa “química” que debe despertar una relación, aunque valoren la amistad de esa persona.  Muchas veces la frase se utiliza con la intención de no herir los sentimientos de otra persona, pero en realidad es que no existe la atracción suficiente para que se dé una relación.  Esto no es culpa de ninguna de las dos partes, es algo que no se puede controlar.  Cuando hay la “química” adecuada, las personas pueden vivir una larga amistad y ésta puede evolucionar en cualquier momento en algo más.  La amistad no es una amenaza para las relaciones, todo lo contrario, debe fomentarse. 

Espero que todos los que buscan amor, lo encuentren.  Pero los que siguen buscando, recuerden que su situación sentimental no los define.  Estamos acostumbrados a considerar las relaciones como una especie de éxito porque así lo estipulan muchas sociedades en el mundo.  Sin embargo, sólo tenemos 50% de control sobre la posibilidad de encontrar una pareja.  Nosotros podemos mantenernos activos socialmente para favorecer un encuentro, podemos mostrarnos auténticos, podemos revisar nuestro sistema de creencias respecto al amor, podemos cuidar nuestra autoestima, podemos buscar la congruencia de nuestra identidad y nuestras acciones… pero el otro 50% depende de la otra persona.  Que no nos frustre lo que no podemos controlar.  Mientras tanto, espero que disfruten de su 50% de control.

Quédate conmigo y permíteme aprender de ti.

¡Hasta la próxima!

Para leer más textos de Mariel Aranda (en inglés): aquí.