Jueves, 26 de junio de 2014

¿Has tenido problemas por ayudar?

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Yo era una niña ávida de ayudar a otros y tenía mucha iniciativa, ya saben, todo un dolor de cabeza.  Entonces, tenía yo unos 6 años aproximadamente.  Una tarde habíamos terminado la escuela y nos encontrábamos en el salón de clase casi vacío.  Mi amiga estaba platicando con alguien más y yo la esperaba para irnos juntas a la salida.

Me aburría un poco de esperar y quería aprovechar el tiempo siendo útil.  De pronto tuve la más brillante idea: ayudarla a cargar su mochila por un tramo del camino mientras ella terminaba de platicar.  El problema fue que no le comenté mi plan y sólo tomé su mochila.  Pesaba mucho así que pensé que realmente estaba siendo útil.  Bajé las escaleras y crucé un patio. Ya llevaba un camino recorrido cuando me alcanzó.

-¿A dónde llevas eso?- preguntó con cara de asombro.

Yo la miré con mi cara de ‘¿me creerías si te dijera que te estaba ayudando a cargarla?’ pero sólo le dije –quería ayudarte a cargar la mochila.

Creo que no la convencí porque me arrancó la mochila de la mano y me miró con desconfianza.  Mi plan no resultó como lo visualicé en mi mente y ahora era la sospechosa de un delito no consumado. 

Yo, por supuesto, lo tomé con filosofía y acto seguido corrí llorando a los brazos de mi mamá para contarle lo que me había pasado.  Mi mamá me consoló, pero me dijo también unas palabras acertadas: “es muy bonito que quieras ayudar a la gente, pero no hagas favores no pedidos”. 

Esta experiencia fue un aprendizaje interesante. Muchas veces queremos ayudar por empatía hacia los otros, porque no toleramos ver a alguien en una situación difícil o porque es una bella manera de encontrar paz interior.  Sin embargo, es importante hacerlo de la manera correcta y jamás tratar de ayudar sin el consentimiento de la otra persona.

Si en algún momento tuve un desliz y traté de dar consejos no pedidos o ayudas no deseadas, la vida se encargó de hacerme recordar la lección.  Esto no mató mi espíritu de ayuda, pero definitivamente mejoré mi estrategia para ofrecer apoyo sin el riesgo de un conflicto.  Me gusta hacer saber a la gente que estoy ahí para ellos si me necesitan, pero es de ellos la decisión de tomarla o no.

Una vez me contaron la historia de una señora muy caritativa que tenía muchos deseos de ayudar.  Visitó una comunidad de bajos recursos y eligió a una mujer para darle apoyo.  Le compró un refrigerador y otros electrodomésticos para facilitarle la vida.  Al cabo de un tiempo, la señora fue a visitarla y la mujer parecía molesta. 

-Antes mi vecina me ayudaba a cuidar a mi niño, mi amiga me prestaba cosas y la gente en general era buena conmigo.  Ahora ya no me quieren ayudar porque dicen que tengo a alguien más que me ayuda; y que como tengo dinero y cosas bonitas, ya no los necesito. 

A veces al ayudar, estamos metiendo nuestro propio concepto de bienestar en la vida de los otros.  Evidentemente la vida de la mujer no mejoró por tener una casa más equipada.  Ayudar implica causar una mejora, pero para saber lo que puede causar una mejora hay que aprender a escuchar.  

En un video de “Ted Talks”, Ernesto Sirolli cuenta que él y un equipo de italianos llevaron ayuda a una comunidad africana.  Plantaron tomates, que se dieron maravillosamente.  Estaban muy orgullosos de los resultados, pero de pronto llegó una manada de hipopótamos y destruyeron la cosecha.

Los italianos se consternaron mucho por la pérdida.

-Por eso no sembramos nada ahí- dijo alguien del lugar.

-¿Por qué no nos dijeron eso antes?

-Porque ustedes no preguntaron.

Dice Sirolli que al menos su equipo tuvo la satisfacción de haber alimentado a los hipopótamos. Y que, al final del día, aprendieron a cerrar la boca y escuchar a los demás antes de poner en marcha cualquier proyecto de apoyo a la comunidad. 

A pesar de las buenas intenciones y del cariño involucrado, la ayuda no deseada puede generar roces y conflictos. Lo peor de todo es que, si algo sale mal, el que ayuda se convierte en un costal de box donde los demás descargan frustración y culpa. También puede implicar un desperdicio de recursos si no se conoce la verdadera necesidad. En resumen: escucha primero, asegúrate de que tu apoyo es deseado y ayuda después. Así la historia tendrá un final feliz. 

Quédate conmigo y permíteme aprender de ti.

¡Hasta la próxima!

Para leer más textos de Mariel Aranda (en inglés): http://mightymindnlp.wordpress.com/blog/

Foto: Mariel Aranda