Viernes, 16 de diciembre de 2011

En Cafla el apoyo a las familias comienza por los adolescentes y se extiende a todos sus miembros

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Happy Square Face
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En Cafla el apoyo a las familias comienza por los adolescentes y se extiende a todos los miembros

Seguramente si es hispano y tiene algún tiempo aquí en Montreal ya ha escuchado hablar del Centro de Ayuda a las Familias Latinoamericanas (Centre d’aide aux familles latino-américaines). Incluso si es québécois quizá conoce a alguien que ha estado en contacto con algunos de los cientos de voluntarios que han formado parte de esta asociación a lo largo de los últimos ocho años.

Si está, por el contrario, en el grupo de los que no conoce el centro, el cual tiene como directora y fundadora a Cecilia Ivonne Escamilla, pero que trabaja año a año con la colaboración de muchos otros, este post de “La Semana de la Beneficencia en Canadá”  le será de mucha ayuda para integrarse en el mundo de la beneficencia y los programas sociales. Un mundo que en Quebec y en Canadá está muy desarrollado pero que siempre está buscando el apoyo de quien quiera y pueda “echarles una mano”.

La sede administrativa de Cafla está muy cerca del corazón de Jean Talon, específicamente en la calle St-Hubert, sector muy conocido por latinoamericanos y muchas otras culturas que hacen vida, desde hace décadas, en una de las zonas más eclécticas de la ciudad.  La oficina está en un espacio de la ciudad de Montreal. En el mismo edificio donde se encuentra la Piscine Saint Denis está la oficina principal de la organización, pero actualmente tienen sedes en tres escuelas secundarias donde desarrollan programas que van desde fórmulas para evitar la deserción escolar, hasta la prevención de la violencia en los adolescentes.

Cafla, cuenta la propia Cecilia, “nació de la necesidad de ofrecer servicios adaptados a la comunidad”. Su trabajo para aquel entonces, 2003, la llevó a palpar la realidad de la ayuda social y la colaboración comunitaria, lo cual la motivó a emplear estrategias similares pero para las familias latinoamericanas. Para ese entonces aún recordaba bien cómo fueron sus inicios cuando llegó a tierras canadienes hace más de dos décadas. Conocía, de primera mano, las necesidades de todo inmigrante cuando se instala en un nuevo entorno, cuando arrancamos otra vez de “cero”.

“Incluso después de que nos logramos instalar y establecernos, cada quien se aisla en su mundo. Todo el mundo cuida su trabajo, su casa y muchas gracias. Me di cuenta que estaba muy alejada de mi comunidad y por eso me puse a crear programas. Como todo inicio, fue muy duro, sin financiamiento, creando programas y estrategias…Empezamos a colaborar 10 personas, todos latinos. Fue una experiencia muy bonita, pero el tiempo era fundamental y todos teníamos trabajos. Me encargué de muchas cosas y la primera prioridad fue encontrar un local, pues para ese momento hacíamos el trabajo en el sótano de mi casa. Ese local que conseguimos, con el tiempo, es donde nos encontramos hoy (en la calle St-Hubert)”.

La organización no recibió financiamiento durante tres años. Explica la directora que en Canadá un centro de ayuda social no puede recibir subvenciones hasta el momento que haya manejado y administrado 60.000 dólares. Para quien está comenzando la suma de seguro es alta. El trabajo fue hecho prácticamente con las uñas.

Pero como en especie de milagro en un película con final feliz, durante los mismos días que quienes participaban en la iniciativa estaban a punto de tirar la toalla, apareció un “salvador” que tocó a la puerta: “soy el director regional de programas canadienses de Vision Mondiale y mi compañero es mi verificador financiero. Buscamos un organismo que cree programas para jóvenes y niños latinos. Le vamos a dar las finanzas y la formación en desarrollo de proyectos”.

Y así fue como comenzó el desarrollo de programas de este centro. Hubo una formación de tres años pero paralelamente se creó el primer plan. Desde entonces, la generación de programas no ha parado y el trabajo de Cafla sigue creciendo.

Latinoamérica y las donaciones

La realidad de los latinoamericanos y su participación en el voluntariado y las donaciones, presenta varias caras. Según cuenta la fundadora de Cafla, el latino no se caracteriza por hacer donativos en efectivo, pero reconoce que la bondad y el deseo de ayudar son características fundamentales en nuestras comunidades que permanecen intactas o incluso crecen cuando llegan a Canadá.

“El donante de la comunidad latina es el millonario de nuestros países. Crean fundaciones, saben las ventajas que eso representa. La clase media no maneja este concepto. Sin embargo, el trabajo que ha hecho Cafla a lo largo de los años ha sido gracias al apoyo de cientos de voluntarios  (latinoamericanos y québécois) quienes no solo han logrado ayudar a los demás, sino incluso han logrado encaminarse en sus dominios, aquí en Quebec, gracias a la labor que han hecho en la organización”.

Los programas en concreto

“Tenemos dos prioridades. La primera es evitar la deserción escolar en los jóvenes. La segunda es elaborar proyectos de prevención de la violencia. Problemas que aquejan no solo a los adolescentes latinos sino a los québécois”.

Se benefician del primer programa aquellos jóvenes hijos de inmigrantes que llegan a Quebec a los denominados colegios de acogida y que sienten una alta presión por nivelar su aprendizaje con el resto de los adolescentes de su edad. “El chico nuevo inmigrante se siente en algunas oportunidades frustrado y con mucha presión en las clases de acogida. Aprender el francés para un adolescente es algo muy duro. Cuando están en estas clases solo tienen derecho a matemática y a francés. No tienen actividades para drenar, no hay deporte, música. A veces pasan hasta dos años y tres años en estos cursos”.

Son estos jóvenes los que reciben la mano de la Cafla, cuyo radio de acción no se limita solo a los adolescentes latinos. Son favorecidos a través de actividades que van desde tutorados y mentorados, hasta conferencias y jornadas de paz que brindan toda la información necesaria a los jóvenes que atraviesan este panorama.

Del segundo programa y también gracias a la ejecución de actividades, se benefician los adolescentes que de alguna u otra forma han vivido el flagelo de la violencia en los colegios. Pero la prevención es, en estos casos, la mejor forma de combatir el problema, el cual aunque es una realidad en las escuelas de Montreal, ha venido decayendo según las palabras de la propia Cecilia.

Pero la Cafla también tiene un sinfín de actividades y servicios dentro y fuera de sus sedes. Sus voluntarios hacen desde traducciones no certificadas a un costo muy bajo, hasta orientaciones para quienes quieren hacer apadrinamientos. En los casos de inmigración sirven de puente entre los interesados y los especialistas.

Hay muchas formas de colaborar con Cafla. Cecilia cuenta que en la actualidad es la empresa privada la gran financista del centro. Sin embargo, la organización está abierta para todos aquellos que quieran hacer de voluntarios. Dato importante: el centro estudiará su CV y de acuerdo con su experiencia y sus necesidades a futuro en Quebec, lo ubicarán en un puesto que satisfaga ambos parámetros.

Cafla en números y otros datos

-Tiene una oficina administrativa y tres sedes en escuelas secundarias.

-Maneja un presupuesto anual de 300.000 dólares.

-El centro cuenta con el apoyo de estudiantes de la Universidad de Montreal, McGill y la Escuela de Trabajo Social de Francia, quienes -como voluntarios o pasantes- dan su mano a los adolescentes hijos de inmigrantes en el tema de la lingüística.

-Actualmente son beneficiados de forma directa 250 adolescentes y jóvenes. De forma indirecta el número de beneficiados supera los 1.000.

¿Y yo qué puedo hacer?

Si tiene intención de participar en la obra de Cafla puede hacerlo de dos formas: por la vía del donativoffinanciero o como voluntario. En la página web de la organización tendrá las coordenadas exactas del centro y las vías de cómo extender su mano a este trabajo que muchos agradecen y otros tanto seguirán agradeciendo con el paso de los años.