domingo, 3 de julio de 2011

Djokovic ganó Wimbledon como todo un número uno

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El serbio Novak Djokovic sigue haciendo historia esta temporada. El nuevo número 1 del mundo ganó Wimbledon al vencer a Rafael Nadal.

Djokovic amanecerá en el primer puesto del ranking de la ATP y sólo ha perdido un partido en la presente temporada.

Así lo reporta el portal eldiariomontanes.es:


Rafael Nadal fue destronado ayer (6-4, 6-1, 1-6 y 6-3) como el mejor tenista del mundo por Novak Djokovic, que le ganó la final de Wimbledon en cuatro sets y con un juego en fases memorable, ante el cual el español se sintió cohibido.

“He cumplido el sueño de mi vida”, dijo el serbio, que se convierte también en el número uno en el ránking del tenis mundial. Djokovic afirmaba tras la victoria que en los últimos años se sentía frustrado porque al llegar a los últimos partidos de los torneos del Grand Slam se encontraba con los imbatibles Roger Federer y Rafael Nadal, que dominaban los duelos importantes. Achaca a un proceso de maduración personal, porque siempre creyó en su capacidad técnica, el dominio que ahora está demostrando sobre los dos mejores del mundo.

Su madre, Dijana, dijo ayer que ha empezado una nueva era en el tenis mundial, que verá la hegemonía de su hijo, y que todo ocurrió a partir de su victoria en la Copa Davis, el pasado diciembre, con el equipo serbio y contra Francia.

“Perdió el miedo”, ha sentenciado su madre, y el hijo reconoció que ella puede tener razón. Nadal posiblemente está de acuerdo en que los campeones han de perder el miedo, porque achacó su derrota a que no jugó bien los puntos importantes, a las posibles dudas que penetraron en su cerebro en momentos decisivos, a las sombras del alma cuando recuerda en situaciones de apuro que ha perdido ya cuatro veces contra Djokovic este año.

Nadal perdió en Roma y en Madrid porque el serbio fue simplemente mejor, como ocurrió ayer especialmente en el segundo set. Pero en Indian Wells y en Miami el único tenista que le ha ganado este año cuando el español estaba físicamente entero o comprometido con ganar el torneo le batió porque jugó mejor los puntos que hay que jugar mejor.

Aunque el partido comenzó igualado, con ambos dominando sus servicios, el primer set se resolvió en una muestra insólita de que la dura mentalidad competitiva de Nadal tenía grietas. Con el marcador 5-4 y el balear sirviendo, Djokovic igualó a 30 imponiéndose en un peloteo rápido. En el siguiente intercambio, Nadal tiró a la red un derechazo. Y cedió el juego y el set con una débil réplica al resto de Djokovic a su servicio.

La Pista Central de Wimbledon vio primero al joven Nadal de la pose atlética, rey del foráneo tenis en tierra y con una multitud de manías, aire corsario y actitud honorable como aprendiz del director de la orquesta, Roger Federer. Lo ha visto después crecer en un atleta brutal, que desarboló la nave ligera del suizo y batió a todos con un despliegue de poder incontestable.

En los minutos que siguieron al primer set, la grada vio a un Nadal insólito, correteado por un Djokovic que los teóricos de los deportes individuales dirían que estuvo en la zona, en un lugar sereno y fructífero, donde la anticipación es sencilla y los bolazos son en la yema y hondos, con cualquier lado de la raqueta. Su madre diría que desde aquel éxito nacional en la Davis su hijo juega simplemente sin miedo.

Wimbledon asistió en ese set a la consagración del mejor tenista actual, capaz de recorrer el fondo de la pista a una velocidad y con una flexibilidad en la meta final del golpe que quizás no se han visto nunca y también con una variedad de golpes, de estrategias para el punto, que borraron a Nadal en un 1-6 admirable, de tenis total, tan bello como a día de hoy imbatible.

El serbio dijo que se relajó un tanto al principio del tercer set. Si encuentros anteriores de estos dos tenistas se habían saldado con la retirada de Djokovic porque no podía con las molestias de una ampolla o por el movimiento de una lentilla, se podía sospechar que ante la proximidad con la victoria se atragantase, pero éste es un Djokovic muy diferente.

Arena entre los dedos

Tras dejar que el tercero se le fuese como arena entre los dedos, no se asustó por ver al rival crecido. El serbio resolvió el apuro del primer juego del cuarto set, cuando el mallorquín estuvo 30-40, le rompió en el siguiente, recuperó Nadal para llegar al 2-1 y rompió el servicio y el espinazo al español en el octavo juego, para quedarse 5-3 y con una mano en la Copa.

No tuvo la brillantez del segundo set, pero fue el mismo tenis sólido y variado del primero. Un Nadal que falló con inusitada frecuencia, con derechazos demasiado largos, cargados de ansiedad atacante, o que mostraba fragilidades que aquí no se le veían desde 2007, con reveses dubitativos a la red, era víctima de la rutina de las cuatro derrotas sufridas este año contra el ya número uno, de la inseguridad sobre ser capaz de ganarle.

Aseguró después del partido que no sabe si podrá ganar al Djokovic del segundo set, pero que el otro, el que simplemente le ha minado la confianza este año, no parece preocupado por su manera de jugar y que tiene que pensar y practicar la manera de romperle esa seguridad. Por el momento, tendrá que descansar, recuperarse de tobillos infiltrados, rodillas delicadas, el cansancio físico y mental que arrastra tras jugar prácticamente todas las semanas desde la eliminatoria de la Copa Davis en marzo. El Nadal fresco que reaparezca tras el descanso y la curación tendrá un nuevo reto deportivo: batir a quien ahora es lo que él era hasta ayer, el mejor tenista del mundo.