Jueves, 21 de Julio de 2011

Paraguay necesitó penales para acabar con el sueño venezolano

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Venezuela recordará por mucho tiempo el 20 de julio de 2011. Será una fecha patria, de esas que enorgullecen pero que están llenas de dolor.

Será una fecha de esas sobre las que se levantan monumentos y se construyen sociedades. Será la fecha en que toda una nación murió con las botas puestas y con el uniforme empapado en sudor.

Será una fecha que demostrará por qué el fútbol es el deporte mas grande del planeta. Juegos como el de este miércoles son evidencia, por su humanidad y por lo injustos que son, como la vida.

Venezuela volverá a casa por la puerta grande, entre aplausos y caravanas morales que sus ciudadanos llevarán en el corazón. Será la historia de La Vinotinto, la selección que nunca perdió y que se despidió de la Copa América por un solo balón disparado a 12 pasos de la arquería.

Paraguay pisará la grama del Monumental de Buenos Aires este domingo para jugar la final ante Uruguay y se preguntará cómo llegó ahí. Cómo logró hacer historia tras alcanzar una final sin ganar un sólo juego con el balón en movimiento.

Por su parte, la actual generación de venezolanos tendrá un repertorio de historias envidiable. Narrarán sobre el equipo que salió tímido a jugar por primera vez en su historia una semifinal de Copa América y cómo la pasó mal durante casi gran parte del primer tiempo.

Luego vendrá la parte del gol que no fue y cómo hizo renacer a los 11 jugadores, como un fénix, como Rocky o cualquier otro cliché.

Llegará el momento de contar sobre los tres balones al poste, el clímax de la historia. Esos tres balones; la trinidad del lamento Vinotinto. Cabezazo de Alejandro Moreno, disparo que rebota en Miku Fedor y un tiro libre de Juan Arango que hizo recordar a todos del muchacho flaquito de pelo largo que a punta de goles se convirtió en capitán de la selección venezolana de fútbol. Tres balones, tres gritos ahogados a lo largo de Venezuela y tres suspiros masivos en Paraguay.

Esas tres jugadas perseguirán a los venezolanos en sus sueños.

La roja a Jonathan Santana terminó siendo sal en la herida de los venezolanos, que no lograron capitalizar la ventaja numérica.

Paraguay ganó de la manera que lo hacen los equipos odiados. Fue mezquino pero realista, y con la suerte y un arquero bendecido de su lado. Ganó por el oficio que tienen los que han rodado mucho y que han recibido muchos golpes. Feo, pero ganó.

El Tata Martino perdió el timón de su equipo pero sobrevivió. La albirroja fue como los villanos de las películas domingueras, arrinconado, aferrándose a la vida, pero listo para dar el tiro de gracia en la última escena.

Sólo que, a diferencia de la mayoría de las películas, el “bueno” no es el que gana. Los penales y su odiosa injusticia fueron los encargados de poner el punto final a la historia. La maldición cayó en Franklin Lucena. Nervios, ansiedad o simplemente un pestañeo en la técnica unido al talento del arquero Justo Villar, pero el balón no entró.

Pero la historia de la Vinotinto perdurará a través del tiempo, como un cuento para celebrar y no para lamentarse. Como toda historia popular sufrirá cambios de boca en boca, no se hablará de ese asterisco boxístico post partido y se centrará más bien en lo importante, en cómo una selección logró unir a un país dividido y necesitado de optimismo.

En cómo unió durante poco menos de un mes a todo un gentilicio más allá de las fronteras.

Pablo A. Ortiz – Twitter: @PabloJinko – NoticiasMontreal.com

Alineaciones: 

0 – Paraguay: Villar; Cáceres, Da Silva, Verón, Piris; Santana, Riveros, Ortigoza, Edgar Barreto (Estigarribia, m.70); Barrios y Haedo Valdez (Santa Cruz, m.73) (Martínez, m.80). 

0 – Venezuela: 
Vega; Vizcarrondo, Di Giorgio, Cichero, González (Maldonado, m.84); Lucena, Moreno (Fédor, m.71), Rosales, Arango; Perozo (Rey, m.46) y Rondón. 

Penales: 1-0: Ortigoza, gol; 1-1: Maldonado, gol; 2-1: Barrios, gol; 2-2: Rey, gol; 3-2: Riveros, gol; Lucena, para Villar; 4-2: Martínez, gol; 4-3: Fedor, gol; 5-3: Verón, gol. 

Árbitro: Francisco Chacón (MEX). Mostró tarjeta amarilla a Rosales, Santana, Verón. Santana fue expulsado, tras recibir una segunda amarilla, a los 102. 

Incidencias:
 segundo partido de las semifinales de la Copa América 2011, disputado en el estadio Malvinas Argentinas, de Mendoza, ante unos 8.000 espectadores.

Resumen del juego