lunes, 18 de enero de 2016

El sexto sentido y las mamás inmigrantes

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Mamá en Montreal
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mama-inmigrante-sexto-sentido-CanadaFoto: Flickr / george ruiz (CC)

Como mamá, uno de los sentidos que más se me ha agudizado en los años recientes es el sexto. La intuición, el sentido común, que llaman.

Creo que no exagero si digo que es uno de los activos más importantes que debe tener una madre en su caja de herramientas. Sobre todo las mamás inmigrantes, que tenemos que reaprender muchas cosas y adaptar otras más mientras nos adaptamos nosotras mismas a todo lo nuevo y mientras los niños, que no paran nunca, siguen creciendo y demandan cada vez más de nosotras.

Hoy quiero hablar de dos noticias que me chocaron muchísimo hace unas semanas. Ambas sucedieron en Quebec, cerca de Montreal. Una es la de la bebé de cinco meses que sufrió quemaduras importantes en buena parte de su cuerpo porque su papá apoyó el portabebés en el que ella estaba encima de la cocina, sin darse cuenta de que una hornilla estaba encendida. El portabebés se prendió en llamas y aunque el padre hizo lo que pudo para sacar a la nena lo más rápido posible, ya el daño estaba hecho. La nena sobrevivió, pero no se sabe todavía si le quedarán marcas visibles y otras secuelas de este incidente.

El daño estaba hecho, sí. Estuvo hecho en el mismo momento en el que el padre, a quien su mujer le había dicho, según ella relató, “más de cincuenta veces que no apoye el portabebés sobre la cocina”, pensó que “sólo un minuto” no tendría mayores consecuencias.

El problema es que con los niños un minuto y hasta un segundo pueden hacer una enorme diferencia.

Como no quiero extenderme en criticar a estos padres, que ya bastante tienen que cargar con el daño que sufrió su nena, paso directamente a la otra noticia que me chocó recientemente.

Dos niños, uno de 5 y otro de 9 años, llegan a su escuela una mañana de sensación térmica de -27 grados. Cuando entran, el conserje les dice que “hoy no hay clases, la escuela envió un calendario avisando” y los despacha. Lo hace pensando que afuera seguirán los padres. Los niños no dicen nada y se van. Afuera no hay padres. No hay nadie. Sólo ese frío. Los niños no iban juntos, pertenecían a hogares distintos. Pero tenían algo en común: sus padres eran inmigrantes.

Estos padres, obviamente, no comprendieron el calendario que envió la escuela. Tampoco pensaron, cuando dejaron a sus niños esa mañana helada en las afueras de la escuela, que el hecho de que no había nadie cerca podría ser un indicador de que no había clases. Tal vez estaban apurados, tenían cosas que hacer y confiaron en que ese día sería como todos los demás. “Tal vez las cosas aquí son así”, pensaron. No “entregaron” a sus hijos a nadie. Así como el conserje, tampoco los “devolvió” a nadie.

Los niños estuvieron a la intemperie durante más de una hora, hasta que un buen samaritano que pasaba por allí los vio y llamó a la policía.

Voilà.  Sentido común. Una persona ve dos niños solos en medio del frío y sabe que algo no está bien. Y hace algo al respecto antes de que las consecuencias sean lamentables. Y si todo estaba bien, pues no pasará nada. Pero mejor prevenir…

Tampoco quiero criticar a los padres de estos niños porque yo también soy inmigrante y sé que es difícil entender cómo funcionan las cosas en un país, una lengua, una cultura y un clima completamente diferentes a aquellos donde tú creciste.

Sí quiero decir algo sobre estos dos casos, porque aunque las circunstancias y los protagonistas son distintos (los padres del primer caso son de aquí), a ambas las une una falla en ese sentido del que hablaba al principio de esta nota: el sentido común.

Es deber de nosotros como padres hacer lo que sea para entender, para prever, para anticiparnos a los hechos. No asumir, sino asegurarnos. Que sí, se nos van a pasar muchas cosas y vamos a cometer muchos errores. Somos todos nuevos en esto de ser padres (no importa si tenemos uno o 10 niños) y nadie nos dijo nunca cómo hacerlo. Pero como en la vida, tenemos que pensar. Tenemos que detenernos siempre y pensar para tratar de que esos errores no tengan consecuencias mayores.

Si dejamos a nuestros niños en la escuela, tomarnos un minuto o dos o hasta tres más para asegurarnos de que todo está bien y de que algún adulto allí dentro nos vio la cara puede parecer una tontería en el día a día, pero también puede hacer una gran diferencia en un día como ése. Si la escuela nos envía una comunicación que no entendimos, porque nuestro francés no alcanzó, una pregunta, una llamada, un vecino, una página en Facebook… algún modo debe haber de aclarar la duda. Y tenemos que asegurarnos de entender lo que nos están diciendo siempre que se trate de algún asunto serio. ¿Y qué puede haber más serio que lo que concierne a nuestros hijos?

Cuando llegué aquí mi francés no era el mejor. Por eso siempre que tenía que hacer alguna pregunta importante buscaba a alguien que hablara inglés, lengua que sí manejo bien. Porque quería asegurarme de entender de qué me estaban hablando.

Si no hablas otra lengua, busca ayuda. En este lugar siempre hay un modo de encontrar alguien que hable español y te asista. Pero no te quedes con la duda. Al menos no si es algo importante.

Criar hijos es una de las cosas más difíciles que hay. Y muchísimos lo hacemos. Y cada uno de nosotros decide cuál es la mejor manera que tenemos para hacerlo. Pero la mayoría de nosotros disponemos, al menos en rigor, de los mismos sentidos para criarlos. Y donde uno nos falla, sabemos que allí debemos poner atención. Somos consientes de eso, somos cuidadosos. Y tratamos de mirar la película completa y no sólo la escena que tenemos en frente. En eso, las madres somos especialistas.

¿Qué podría pasar si…? Y entonces nos aseguramos de entender, de no hacer esto sino mejor aquello, de tomarnos unos minutos más porque mejor prevenir que lamentar.

La vida es una cosa que se acelera sola cada vez más y más, como una bola de nieve cayendo por una pendiente. Pero no somos bolas de nieve, podemos parar. Podemos dejar de caer y detenernos un momento y pensar. A veces esa simple pregunta: “¿qué pasaría sí…?”, hace una gran diferencia. Y es siempre esa diferencia la que queremos para nuestros niños.

Porque fue en principio la búsqueda de esa diferencia lo que nos trajo hasta aquí.

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Cynthia Rodríguez
rodriguezperaza@gmail.com

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