Domingo, 31 de enero de 2016

¿Los intelectuales deben responsabilizarse por las consecuencias de sus ideas?

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Entre Fronteras
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libro lentes intelectualesFoto: Flickr - Camera Eye Photography (CC)

I.

Leyendo un reciente artículo, no puede dejar de sentir cierta simpatía con los comentarios que hacía un lector al pie del mismo:

  • “Yo de usted, me quedaría callado y ya no opinaría sobre algo que ayudó a engendrar y parir. Me llama la atención que usted se atreva a analizar esa cruel realidad”.

La andanada del lector estaba dirigida al escritor, articulista, o para mejor decir al intelectual Heinz Dieterich, creador, instigador y asesor del famoso “socialismo del siglo XXI”, concepto enarbolado por el chavismo en Venezuela y que engloba al tipo de sociedad que viene “construyendo” esa agrupación política en ese país.

Es obvio que no se necesitan mayores pruebas para darnos cuenta de los resultados de ese socialismo del siglo XXI. La Venezuela bolivariana literalmente es una ruina. Y aún no sabemos cuánto más será el nivel de la devastación, ya que los conspicuos del régimen anuncian una “profundización” de su revolución. Es decir, seguirán cavando más hondo.

¿Qué dice realmente Dieterich, sobre esta situación?

Responderemos con el titular de uno de sus últimos artículos: “Venezuela: entre la derecha cretina y la izquierda idiota”.

En este escrito, Dieterich se entrega a lanzar descargas contra tirios y troyanos. De “la derecha” dice que en menos de una semana y con tres actos aberrantes “derrochó gran parte del capital político que había ganado electoralmente”. Y de Maduro -hablando de su “Memoria y Cuenta”- se refiere de este modo: “Presentó un discurso patéticamente carente de la gran narrativa de salvación que la nación pide –y por la cual votó el 6D– y la sustituyó con el bluff (ardid) político del decreto de “emergencia económica”.

Como vemos, parece que estamos en presencia de un imparcial juzgador. Tal vez, sólo sutilmente traicionado por esa tendencia que tiene Dieterich al analizar la situación actual de Venezuela, de darle un capital especial y un protagonismo absoluto, a las Fuerzas Armadas. Dice de ellas: “La fracción dominante de las FANB ha actuado con sabiduría bíblica coyuntural, hasta ahora. Dio al César y a Dios lo que es de cada quién. A la oposición le concedió el triunfo electoral y al oficialismo la autonomía del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ)”. Me imagino, por el orden de las frases, que el Cesar es la oposición y Dios es el oficialismo…

Ya antes, en un enrevesado párrafo de otro artículo (Venezuela: La Batalla Final), Dieterich enlazaba a estos tres personajes: Padrino López, Raúl Baduel y Mao-Tse Dong. Sostiene que el general Baduel definió las “reglas institucionales” de la transición de la “corrupta y bipartidista” IV República a la V; y el general Vladimir Padrino López ha determinado las “reglas institucionales” del tránsito hacia la VI República. ¿Qué quiere decir con todo esto? Por lo que sigue diciendo en el artículo, tal vez el autor trata de alinearnos (por no decir alienarnos)  hacia una de las máximas de su ideología, que sostiene -como lo expresa-  que “el poder político nace de los fusiles”, sentencia de Mao Tse Dong, traída a propósito para enlazarla con los militares venezolanos; y cuya vertiente original deviene de Carlos Marx: la violencia es la parte de la historia.

Por si no se han dado cuenta, en las citas anteriores el sagaz autor ya nos ha dejado otro concepto seductor: La VI República venezolana, la que ha nacido producto de la “transición restauradora” (la frase entre comillas es de él) y que no es otra cosa que la conquista de la Asamblea nacional por parte de la oposición.

¿Y en qué terreno queda la V República? En la pluma de Dieterich, la V República ha pasado de  “socialdemócrata” y “progresista” a ser ahora la “corrupta” e “ineficiente“.

Dieterich se ha desmarcado del socialismo venezolano del Siglo XXI. Lo hizo ya hace buen tiempo, tal vez tras la muerte de Hugo Chávez; pero que sepamos no ha hecho su “mea culpa”, por su cuota de responsabilidades en el desastre. Como buen izquierdista, las culpas no son suyas, siempre son (y serán) de los otros. En una entrevista reciente a un medio venezolano Dieterich decía que su “amigo” Hugo Chávez “no impuso esa combinación de desarrollismo criollo posible y el paradigma científico-político del socialismo del siglo XXI”. En otros términos, el modelo no se aplicó como se debía.

El intelectualismo del autor no llega muy lejos cuando se trata de poner en duda al propio modelo, a pesar que las evidencias salten por todos lados, ahora y antes.

II.

Pues bien, cuando Dieterich (en menor medida) critica a su amigo Hugo Chávez, y en gran medida a la dupla Maduro-Diosdado, no hace más que criticarse a sí mismo. ¿Acaso no sabía que tarde o temprano, la revolución chavista desembocaría en la misma ruina de otros experimentos iguales o parecidos? Si no lo sabía, entonces deja muchas dudas sobre su calidad de analista político; y si lo sabía -como presumo- entonces es un corresponsable del desastre.

En la Venezuela chavista han ocurrido, siguen ocurriendo y no sabemos hasta cuándo, toda suerte de desmanes. La sed de justicia recomienda que ésta deba aplicarse en algún momento. Se conoce a los autores materiales del daño; pero queda en un terreno gaseoso e irresoluto, las responsabilidades de los “autores” intelectuales.

Precisamente sobre las responsabilidades de los intelectuales, hace muchos años (1967) Noam Chomsky lanzaba en The New York Review of Books, algunas líneas críticas sobre esta materia. Decía: “Los intelectuales tienen la posibilidad de mostrar los engaños de los gobiernos, de analizar los actos en función de sus causas, de sus motivos y de las intenciones subyacentes”. Y citando al periodista y escritor de la misma revista neoyorkina, Dwight MacDonald, fallecido en 1982, agregaba: “Las responsabilidades de los intelectuales son, por consiguiente, mucho más profundas que la responsabilidad de los pueblos, dados los privilegios únicos de que gozan los primeros”.

Lamentablemente los dardos de Chomsky apuntaban solo en dirección del imperio estadounidense, a raíz de su intervención en la guerra de Vietnam o la invasión a Bahía de Cochinos, contra la Cuba de los Castros. Pero ¿qué pasa cuando el sospechoso es de izquierda? Aquí quedamos atrapados. Como decía un autor canadiense, la izquierda ha “secuestrado” prácticamente todos los valores: la libertad, la justicia, la igualdad, la fraternidad, la paz y hasta el progreso. Por eso muchas personas se cohíben de no ser izquierdistas o de tomar posiciones contrarias a éstos, porque van a ser catapultados como ogros derechistas. En tanto esto suceda, seguiremos viendo como “apropiado” (aunque divertido para mi gusto), que un Maduro, o un Diosdado, o una Cilia Flores o un Chávez, en su momento, se endilguen de ilustrados “progresistas“, muy a pesar que el término pueda englobar otras particularidades ideo-políticas. Ellos que han retrotraído al país a una época bastante atrás del comienzo del -si bien exiguo-  grado industrial que alcanzó Venezuela.

En fin, como se ve, el tema tiene síntomas de no agotarse fácilmente. Para no aburrirlos, quiero poner un punto final agregando que lamento que toda esa intelectualidad de izquierda, en lugar de destinar sus energías en buscar otras alternativas de sociedades, insistan obstinadamente en re-escenificar rancios eventos de la Revolución francesa, de batallas independentistas o de la revolución bolchevique, ésta última que creó el amasijo de hierros retorcidos, edificaciones en ruinas, carros desvencijados y gente grisácea, que fue la URSS, la que vimos tras caer el muro de Berlín.

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Víctor Hugo Ortiz
victor@noticiasmontreal.com

Economista de formación y periodista de vocación. Estudió en Chile, Perú y Venezuela. Trabajó en los periódicos La Gaceta y La Industria de Perú y colaboró para los diarios La Prensa de Perú ...

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