Viernes, 5 de febrero de 2016

¿Cómo viven los refugiados sirios que acaban de llegar a Canadá?

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Canadá
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Foto: Samantha Aretuo / Grupo del Dar Al Sunnah, que colabora con los refugiadosFoto: Samantha Aretuo / Grupo del Dar Al Sunnah, que colabora con los refugiados

Para los refugiados, el lobby del hotel es la sala de su nueva casa, al menos durante las dos semanas que en promedio demoran en que se les asigne un hogar. Son las 8:45 de la noche y grupos de mujeres cubiertas con hiyab salen y entran de una habitación a la otra con niños en los brazos. Algunos hombres conversan en el vestíbulo, fuman afuera y otros regresan a sus cuartos. Es una constante danza que intenta aliviar la ansiedad de 150 refugiados en un hotel de apenas tres pisos, en un país extraño y con un idioma que aún desconocen. De acuerdo con Catholic Social Services (CSS), la ciudad de Edmonton había recibido un total de 419 refugiados hasta el 29 de enero, de los 25 mil que se esperan en toda Canadá para finales de febrero. Hasta el 3 de febrero, el país había recibido a 16.215.

Esa noche, al entrar al hotel, una mujer mira alrededor y le comenta a la recepcionista que ya no hay tantos niños en el vestíbulo como había hace dos semanas. “Ahora tienen salas de descansos”, responde la recepcionista. La mujer, llamada Fiona, relata que durante su estadía anterior, el lobby del hotel emulaba una reunión familiar con niños jugando y gente conversando. “Pero de manera positiva. Apenas entrabas podías sentir la calidez del salón. Todos contentos y conversando”.

Al enterarse de que los refugiados se quedaban en el hotel, se propuso ayudarlos de alguna manera y qué manera más canadiense que siendo amable y saludarlos todos los días. El primer día, al dar los buenos días una de las refugiadas bajó la cabeza y sacudió las manos en señal de rechazo. Al segundo día la misma persona no sacudió las manos, sino que apenas asomó un sonrisa sin hacer contacto visual. Al tercero, ya asentía con la cabeza ante el saludo y sonreía. “Sentí que había logrado algo”, dijo Fiona.

Hoy, dos semanas después, todos saludan con hello!, así no sepan decir más nada. Los niños juegan y corren en los pasillos, se detienen al toparse conmigo, me miran y sonríen con la familiaridad de quien saluda a las visitas en su hogar. Otro niño de unos 5 años de edad, vestido de pijama, sale de la habitación, se para en la puerta y me dice hello. Yo respondo, le sonrío y sigo caminando. Otros prefieren no decir nada, pero hacen contacto visual, sonríen y asienten la cabeza. La mayoría se mueve de una habitación a otra a visitar amigos y familiares, van a las escaleras y se sientan o simplemente deambulan, casi siempre en grupos, para no quedarse encerrados en el cuarto. Afuera hay -8°C y el estacionamiento se ha vuelto una pista de hielo después de varias sesiones de lluvia helada. 

Jason Gariepy, vocero de CSS, dijo que la agencia “sabe que hospedar a los refugiados en un hotel no es lo ideal” por la falta de espacio y de recursos para que se puedan distraer, pero les permite darles un techo mientras se les consigue una vivienda permanente. Explicó que la organización cuenta con una casa de acogida, donde normalmente reciben a todos los refugiados que dispone del espacio para dar un hospedaje adecuado, pero cuando manejan un número de personas que supera los límites de sus instalaciones, ellos acuden a hoteles que estén en zonas céntricas.

Foto: Samantha Aretuo

Foto: Samantha Aretuo

Camino a casa

Aunque la noche anterior el murmullo en los cuartos duró hasta la medianoche, a las 7 de la mañana el restaurante del hotel ya recibía a los primeros grupos familiares. La mayoría se servía pan tostado y frutas, vistiendo sandalias o pantuflas, pero un grupo destacaba al vestir hiyab con estampados dorados y zapatillas brillantes. Eran los afortunados, los que en tres horas partirían a sus nuevas casas. 

En la entrada del hotel, un carro maletero reposaba en la esquina de la escalera con tres valijas, dos bolsas grandes transparentes llenas de ropa, un coche de bebé y una silla de niños para carros. Cuatro hombres conversan al lado del ascensor mientras dos de ellos se abrazan y sonríen. En el lado opuesto, la esposa conversa con dos amigas mientras carga a su hija y la cubre con un abrigo de Hello Kitty. Una segunda niña, más grande, espera de pie al lado de la mamá. Todos se despiden mientras que el equipo de CSS le da la dirección al taxista de la casa a donde deben llegar. Ese día tres familias se fueron del hotel. 

Según el programa desarrollado por CSS, los refugiados pasan dos semanas en el hotel mientras se adaptan al nuevo ambiente y se les consigue una vivienda permanente; y aunque no está pautado el número de familias que se irán por día del hotel, Gariepy asegura que no han tenido dificultades consiguiendo casas. “Algunos días se van dos o más familias, como hay días en que no está planificado la reubicación de ninguna”.

El vocero de CSS piensa que la agencia ha tenido una gran capacidad de respuesta ante la poca información y tiempo que han recibido del gobierno canadiense. Señala que el cambio que se hizo en noviembre de recibir 25 mil a 10 mil refugiados para finales de 2015 les dio tiempo para prepararse un poco más y garantizar recursos. Sin embargo, actualmente la organización no sabe con suficiente antelación cuántos refugiados llegarán cada semana a Edmonton. “Los números son significativos y pone presión sobre el desempeño de la agencia, pues la mayoría de los refugiados aún están por llegar. Hacemos lo mejor que podemos”, indicó. Para la fecha, 215 personas ya tienen vivienda permanente. 

Hello. My name is…

A las 12 del mediodía, el vestíbulo del hotel se ha vaciado de maletas. El tráfico que ahora lo frecuenta varía entre adolescentes árabes con chaquetas de invierno, personal encargado de las mudanzas que confirma los datos de las familias, y el resto de los huéspedes. A los 10 minutos, el área se ha despejado y una de las mujeres que llevó la logística de hace unas horas se sienta en el sofá juntos a cinco niños. Ella es alta, flaca, de tez oscura y sonríe desde que sale del ascensor. What is your father’s name?”(¿Cuál es el nombre de tu padre?), pregunta al niño más bajo de estatura, de unos ocho años, y éste le contesta. Ella continúa: “How many brothers and sisters do you have?” (¿Cuántos hermanos y hermanas tienes?), él responde “five” (cinco) y muestra la mano completa. “What number is your room?” (¿Cuál es el número de tu habitación?). El resto de los niños también practican su inglés y se corrigen entre ellos si notan un error.

Durante las dos semanas de orientación, Catholic Social Services trata de enseñar las frases y palabras básicas del inglés, para que los refugiados puedan comenzar a desenvolverse solos, y los primeros en atreverse a practicar son los niños. El entrenamiento también incluye lecciones básicas sobre Canadá y sus costumbres. Gariepy dice que la organización sabe que muchas culturas no compartes los mismos valores, o que en muchos países no confían en las figuras de autoridad porque están corruptas y “queremos enseñarles que aquí es distinto”. 

“Go there and introduce yourself. Tell her your name” (“Ve hacia allá y preséntate. Dile tu nombre”), continúa la instructora con el más pequeño del grupo. Todos se ríen mientras el niño se acerca al mostrador y le dice a la recepcionista “my name is Ahmed” (mi nombre es Ahmed). Ella se enternece, se presenta y trata de preguntarle cosas a Ahmed, pero él ya se ha confundido y prefiere reír y devolverse a su clase improvisada en el sofá. Ahora, la mujer a cargo canta el abecedario en inglés y los niños intentan seguirla.

Una hora más tarde, una muchacha adolescente con su cabeza cubierta por el hiyab se me acerca y me dice “hello!”. Le preguntó su nombre, se llama Sahla, y me presento. Me mira, muestra su mano y señala el dedo anular. Asumo que quiere saber si estoy casada, le dijo que sí y le nuestro el anillo. Me pregunta “baby?”, sonrío y le digo que no. Le pregunto si habla inglés y dice no. “You speak Arab?” Le dijo no y nos reímos. Tiene 17 años, tres hermanas y tres hermanos, todos menores que ella. Viene con su familia de Libia. Durante la tarde cargaba y paseaba por los pasillos a la más pequeña, de tres años, porque estaba resfriada y tenía fiebre.

Adopta una familia

Foto: Samantha Aretuo

Foto: Samantha Aretuo

Aparte de las actividades de introducción a la cultura canadiense, los refugiados también acuden a eventos fuera de los pasillos que se han memorizado. Dar Al Sunnah es una organización sin fines de lucro que se ha encargado de prestar apoyo a los refugiados organizando cenas con la comunidad musulmana, llevándolos a rezar a la mezquita y dándoles un oído dispuesto a escucharlos.

Raid Salim, representante de la organización, es abordado y saludado constantemente por adolescentes sirios mientras conversa en el sofá del vestíbulo. “Nosotros nos aseguramos de que se sientam cómodos con nosotros hasta el punto de que sientan que somos amigos. Eso es muy importante. El apoyo moral es lo que más necesitan. Hay mucha gente ocupada recolectando bienes como colchones, cobijas, ropa, pero honestamente 99% de lo que necesitan es apoyo moral”. Cuenta que apenas reciben nuevas personas en el grupo del hotel, miembros de Dar Al Sunnah van y se presentan e intentan conocerlos de manera personal.

“Recuerdo la primera vez que vinimos. Armamos un grupo y los llevamos a todos a Tim Hortons. Facilitamos su primer viaje a Tim Hortons”, cuenta Raid sobre el ritual que hay alrededor del café más visitado por los canadienses. La organización trata de visitarlos diariamente, verificar qué necesitan y pasar información a Catholic Social Services sobre apartamentos que estén disponibles para hospedar familias.

No obstante, para la organización el problema mayor comienza una vez que los refugiados se mudan a sus residencias. Como solución desarrollaron un programa que pueda dar seguimiento llamado Adopta una familia siria. Consiste en que se le asignen dos miembros de la comunidad a cada grupo familiar para que sean sus amigos y los ayuden a realizar tareas básicas como ir al supermercado. “Es un sistema de amigos y estas dos personas serán su contacto principal para ir al médico, ir al banco. Ha sido un éxito para ellos y para nosotros, ya que no estarán solos luego de mudarse y pueden contar con alguien”, comenta Raid, quien llegó a Canadá hace 26 años de Jordania. Hasta ahora, 24 familias cuentan con este recurso mientras que Dar Al Sunnah sigue buscando voluntarios.

Por su parte, Catholic Social Services expresó que ellos también estarán monitoreando a las familias una vez que salen de su casa de acogida y del hotel, ya que varias aún están pasando por chequeos médicos y por la introducción inicial al país. “Tenemos tutores que pasan tiempo con ellos para hacerlos sentir más cómodos”. Coincide con Raid en cuanto a la importancia de contar con voluntarios para ayudar a facilitar la transición y la entrada de niños refugiados al sistema escolar. “Un niño que en su país tenía excelentes notas y era muy inteligente al principio se puede sentir derrotado por la barrera del idioma. El apoyo moral es lo más importante, ya que cuando uno de los niños no está bien, toda la dinámica familiar cambia”, afirmó Gariepy.

Tanto Raid como la agencia destacaron el gran apoyo que los canadienses le han dado a los refugiados que llegan al país del frío y la policía montada; sin embargo, Gariepy recuerda que no son solo refugiados sirios lo que están llegando, sino que viene de todos los países que se están viendo afectados por conflictos políticos, guerras y el Estado Islámico. “Tenemos gente de Jordania, de Líbano, Irak, Egipto, Arabia Saudita y todos merecen el mismo apoyo”. Comentó que durante la llegada de los refugiados al aeropuerto de Edmonton, un periodista abordó a un hombre que se bajaba del avión, le preguntó cómo se sentía y luego de dónde era. El hombre respondió que era de África, y el periodista paró la entrevista y descartó al muchacho por no ser de Siria. “Imagínate que eres de otra cultura, bajas del avión y ves este trato. Un refugiado es un refugiado. Ahora no vemos tanto a los demás grupos, pero son igualmente importantes”.

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Sin embargo, quienes se hospedan y quienes trabajan en el hotel tratan a todos por igual. Una de las recepcionistas se hizo amiga de Ahmed y le facilita la contraseña de la computadora cuando más nadie la está usando. Son las 6:15 pm y Sahla se acerca al mostrador de la recepción con un papel en la mano. Tiene una dirección anotada. “I’m going after tomorrow. House after tomorrow” (“Me voy pasado mañana. Casa pasado mañana”) dice mientras muestra el papel. La noticia se la acaban de dar. Las recepcionistas, ambas blancas y canadienses, gritan de la emoción, le toman la mano a Sahla y le dan tres besos en las mejillas como acostumbran las mujeres árabes. En seguida ponen la dirección en Google Maps, le muestran la casa y la calle que aparece en pantalla. Todas sonríen. “Estamos feliz por ti, pero te vamos a extrañar a ti a tus hermanos”, le dicen. Sahla no dice nada, solo sonríe y asiente.

Samantha Aretuo
sammy.aretuo@gmail.com

Periodista venezolana residenciada en Calgary desde el año 2013. Ha trabajado en los diarios Tal Cual, Últimas Noticias y El Tiempo de Puerto la Cruz cubriendo política, educación y salud. Aficion...

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