jueves, 18 de febrero de 2016

Juan Carlos Fernández: El don de diseñar el futuro

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Crónicas de Inmigrantes
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Foto: Enrique Uranga

Juan Carlos Fernández Espinosa es un “disoñador”: un diseñador gráfico con el don de soñar futuros. En 2009, él y su familia llegaron de México para hacer de Montreal su nuevo hogar. Además de su talento, trajo consigo una empresa que está abriendo caminos para otros latinoamericanos en Quebec. Ideograma es una grata sorpresa para el mercado canadiense. Es un adelanto de la calidad que se puede conseguir más allá de las fronteras.

Como todo buen inmigrante, Juan Carlos es una persona a la que le gusta retar las certidumbres. Admite hacerlo todo el tiempo y no necesariamente para cuestionar lo que existe: “Mis hijos, cuando tienen alguna duda les digo: tira la moneda, échate un volado, como decimos en México, pero no para que hagas lo que dice la moneda, sino para ver cómo reaccionas ante lo que diga la moneda. El retar tiene que ver con poder regresar, decir: qué bueno que lo exploré, pero estoy bien donde estoy”.

Atraído por los retos fue como se planteó, tras 10 años de éxitos en México, abrir una sucursal de Ideograma en Montreal, en 2009, a través del programa TechBA. El desafío era ofrecer comunicaciones corporativas bajo una perspectiva que solo un extranjero con vasta experiencia podría brindar: “De entrada yo no me sentía con la elocuencia a nivel verbal o escrito como para convencer a empresarios quebequenses que un mexicano podía hacer un mejor trabajo que uno local. Pero mi discurso ha sido, y lo han creído, que lo que yo o alguno de nosotros como latinos puede aportar aquí es una visión fresca y distinta, muy diferente a la respuesta que alguien local les va a dar”.

Lo que marca la diferencia

Foto: Enrique Uranga

Foto: Enrique Uranga

Desde su oficina en la calle St. Laurent, Juan Carlos le da una voz a las empresas para expresarse. Trabaja rodeado de cosas divertidas, modernas y que le aligeran el día, lo divierten, lo inspiran. Los diseñadores gráficos suelen ser coleccionistas, y su escritorio rodeado de llamativos objetos es un testimonio de esto.

Como profesional latino en Canadá, Juan Carlos ha aprendido varias lecciones. Una de ellas es que esforzarse más que el resto para demostrar tu potencial nunca está de más. “Los latinos tenemos un reto mayor que si viniéramos de París, en el caso de Quebec, porque hay una admiración hacia lo europeo. Por eso tenemos que demostrar primero que no somos lo que creen y ya después, con las fuerzas que nos queden, demostrar que podemos además hacerlo mejor no solo de lo que imaginaban, sino de la competencia que tenemos aquí”.

Ha encontrado el éxito haciendo de una supuesta desventaja, una gran ventaja. Para él, el ser diferentes al resto es una oportunidad de encontrar lo que realmente nos hace mejores que los locales: “Venimos de países más coloridos que éste y, en mi caso, cuando han visto mi portafolio me dicen: “¡Qué bonito se ven!” Porque aquí la gente tiene miedo a utilizar el color como lo usamos en países latinos. Que es completamente natural para nosotros. Ese es uno de tantos puntos diferenciadores de entrada que debemos aprovechar”.

Siendo fiel a su idea de valorar que se es diferente, consiguió dar con una brillante idea mientras participaba en el desarrollo del nombre del exitoso yogur: IÖGO . Rodeado de un equipo conformado en su mayoría por gente local, él decidió dar su punto de vista como hispanoparlante tratando de acostumbrarse a las exigencias del francés. “Cuando ellos se referían al yogur, a mí me sonaba a “iogo”, pese a que se escribe completamente diferente. Al momento de proponer un nombre, entre mil otros, dije ése. Fue un acierto que a nadie se le había ocurrido. Por eso insisto en que es una magia el tener una visión fresca, el escuchar una palabra e imaginar otra cosa que la que ellos escuchan. Eso no te lo da el haber crecido escuchando el mismo idioma que ellos”.

En su trayecto profesional Juan Carlos ha hecho escalas en Los Ángeles y Nueva York, en esta última trabajó como director de Diseño en la empresa inglesa de identidad corporativa Addison. Por experiencia propia, es capaz de negar con propiedad que los inmigrantes comiencen de cero una vez que pisan tierras ajenas. A su juicio, esta aventura representa comenzar pero desde el 2.0: “Hay muchísimo que traes ya de vuelo de impulso y lo que estás haciendo es adaptarte a una nueva realidad pero con todo lo que los otros de acá no tienen. Reta a cualquiera en la calle a que tenga las mismas experiencias que tuviste en tu país antes de llegar acá. Pueden llegar a envidiarte por muchísimas cosas, porque desearían ver la vida a través de tus ojos y tener una experiencia cultural como la que tenemos como inmigrantes”.

El desafío de migrar

“Quienes hemos migrado sabemos que todo nace de una inquietud personal. El hecho de que tomes tus cosas y emigres, renuncies, regales o vendas cosas, y te despidas de tu familia, hace que tengas una convicción muy fuerte”, cuenta Juan Carlos para explicar las razones que lo motivaron a dejar la familiaridad de su ciudad natal, Cuernavaca.

Foto: Enrique Uranga

Foto: Enrique Uranga

Según él, los inmigrantes tienen una visión más crítica y más ambiciosa que muchos de los locales: “Somos más exigentes. El drama que significa dejar tus certezas para buscar otra cosa mejor, es porque eres más optimista o más trabajador, más ambicioso o más crítico. Apuesto a que si tuviéramos un doppelgänger, nuestra versión quebequense sería mejor que nuestra versión antes de migrar porque tomamos el riesgo. Esa versión siempre será mejor porque hemos madurado tras haber pasado por una separación tan grande como es migrar”, explica.

Entre uno de los mayores desafíos que se enfrentan los inmigrantes, especialmente en Quebec, está el idioma. Juan Carlos aún recuerda un sueño que tuvo días después de su llegada a Montreal, y que lo hizo entender cómo manejar esta preocupación: “Soñé que el idioma, el francés, era un muro, y me estaba topando con él. Pero de repente esa pared empezó a bajar, y de ser un muro se convirtió en un puente levadizo. No sabes qué bonito sentí, porque el muro se transformó en un puente para poder cruzar. Y eso es lo que un idioma te permite. La barrera de un idioma que no conoces, al empezar a dominarlo se convierte en un puente a muchísimas más cosas”. Para él, el idioma no debería ser un impedimento, sino un estímulo. Que sea suficientemente frustrante para que motive a hacer algo al respecto.

Un premio que motiva

Montreal se ha convertido en un parque de juegos para su pasión por rediseñar cosas. Juan Carlos ha conseguido aquí un mercado donde se “vive imaginando posibilidades”. Y la ciudad, en retribución, le ha agradecido su esfuerzo en proveer visiones frescas al diseño local. En 2014 le fue otorgado el Premio Emprendedor del Año de la CcLaQ, un inesperado reconocimiento que lo hizo sentirse en casa.

“Esa noche, mi sensación fue: “no estoy solo”. Probablemente a lo largo del camino como inmigrante lo que sentimos es soledad, pero esa noche se me hizo mucho más bonito que me dieran este premio los latinos. Fue una forma muy bonita de sentirme arropado, y de sentir la responsabilidad de seguir haciendo las cosas. El premio de ninguna manera tiene que ser visto como una cúspide, son unas palmadas; es como si te regalaran una botella de agua en el maratón”, cuenta.

El premio motiva a Juan Carlos a hacer de Ideograma una empresa que llegó a Montreal para quedarse, para abrir camino a otras, y para representar a la comunidad latina.

“Cuando entrevisté al primer diseñador de Ideograma hace 16 años, yo estaba regresando de Nueva York. Me fui a Cuernavaca porque tenía la convicción de que podía darse allí un despacho y tener clientes en la Ciudad de México. Allí estaba yo, vestido de shorts y sandalias. No me había ni rasurado, y entrevisté a esta persona que iba saliendo de la universidad. Yo le decía: “la idea es que Ideograma en algunos años sea el mejor despacho de identidad corporativa de Latinoamérica”. Y me quiero imaginar lo que pasaba por su mente. Cuando veo lo alcanzado, puedo decir que vamos bien, hemos hecho bien las cosas, nos han dado reconocimientos internacionales. Y ahora cuando hablo aquí, en Montreal, con la misma ilusión, lo digo con convicción y un “¿por qué no?”.

Para conocer más sobre Ideograma: aquí.

Ana Bracho Vegas
nanibracho@gmail.com

33 años. Me gradué en Urbe en 2005 de periodismo impreso, trabajé por dos años en el diario La Verdad, Venezuela; en 2007 comencé en la revista Tendencia como asistente editorial y en 2009 com...

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