Domingo, 7 de Agosto de 2016

Banalizando la justicia

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Entre Fronteras
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justicia estatuaFoto vía Pixabay

Sé que hablar de Venezuela ya parece un disco rayado. Casi siempre empezamos y terminamos refiriéndonos al mismo tema preponderante, las tonterías de Maduro, o en su momento, las tonterías de Chávez.  Pero no nos queda otra alternativa, cuando sabemos que detrás de ese espectáculo circense al que nos tiene acostumbrados el régimen venezolano, se esconde una triste realidad, que ha ensombrecido al país y vuelto desdichada a su gente.

El último espectáculo, digámoslo así, porque todos los días hay uno nuevo, es el nombramiento del general Néstor Reverol Torres, como ministro del Interior, Justicia y Paz (nótese, ¿justicia y paz?). Nombramiento hecho con la única intención de contradecir al anuncio en los Estados Unidos que dicho general está siendo acusado de recibir pagos de narcotraficantes y de ayudar a ingresar droga en ese territorio.

No es la primera vez que el régimen chavista procede a premiar a su gente como si fueran obras de arte, los delitos de los que se les acusa en algún momento. El mismo ministro del Interior saliente, Gustavo González López, es la prueba de lo dicho. Fue nombrado en ese cargo en marzo del 2015, justamente tras ser acusado por Estados Unidos de violaciones a los derechos humanos.

No nos imaginamos qué cargos públicos podrían asignársele a Efraín Campo y Francisco Flores, actualmente arrestados en Estados Unidos por narcotráfico, ya que ellos además de pertenecer al selecto  grupo de allegados al régimen, son familiares de la propia pareja presidencial.

Este estilo de “desplante“, no es exclusivo del régimen de Caracas, o tal vez éste sea la fuente de inspiración en otros países. El gobierno de Dilma Rousseff, por ejemplo, lo puso en práctica cuando nombró ministro de la Presidencia al gurú de la izquierda brasileña, Ignacio Lula Da Silva, con la finalidad de otorgarle inmunidad y evitar su arresto que ya se cernía contra el él a causa de uno de los varios casos en los que está implicado.

Como sabemos, Rousseff fue apartada del gobierno de Brasil y espera (y negocia) su juicio, que tendrá lugar posiblemente este fin de mes, y no precisamente en razón de ese acto de obstrucción a la justicia, sino por haber falseado las cifras económicas del país, para lograr su reelección.

También en Argentina la expresidenta Cristina Fernández, pretextando que es “víctima” de una persecución, ha tomado su propio estilo de “desplante” ante la justicia, eludiendo, retrasando o llamando al pueblo a respaldarla, para no hacer frente a algunos casos abiertos en su contra por parte de la justicia argentina, y que todos sabíamos que algún día se abrirían, porque los excesos de la era kirchnerista han sido tal, que desde lejos se percibían.

Pero la nota curiosa de lo que estamos hablando, la ha puesto Hebe de Bonafini, la presidenta de Madres de Plaza de Mayo, en Argentina, al protagonizar el pasado jueves una escapada -algo tragicómica- en camioneta, rodeada de sus partidarios, entre los que se encontraban varios personeros del gobierno de Fernández, como el exministro de Economía, Axel Kicillof (ver video abajo). A Bonafini se le había librado una orden de detención, en vista de sus continuas negativas a presentarse ante un juez federal que la investiga por el desvío de fondos en la construcción de viviendas sociales durante su mandato. Una causa judicial que ya venía sonando mucho antes que Macri llegara al poder.

No podemos dejar de reconocer la inmensa labor que han realizado las Madres de Plaza de Mayo, y en particular de Hebe de Bonafini, en su búsqueda de muchísimos hijos de presos políticos, que nacieron en cautiverio, los que en su mayoría fueron entregados en adopción por las dictaduras militares argentinas. Pero otra cosa es lo que les sucede a las heroínas cuando se perpetúan en los cargos, creyéndose irremplazables, y más aún cuando se tiene como respaldo a una amiga que es la presidenta del país, y que además se reciben dineros públicos sobre los cuales siempre se deberá rendir cuentas.

La maniobra del jueves pasado, sin embargo, le ha servido de mucho a Bonafini. El juez ya le levantó la orden de detención, y en su lugar no será la acusada que se presentará ante la justicia, sino la justicia la que irá al bunker de las Madres de Plaza de Mayo. ¿Por qué? ¿Quizá para demostrar que Bonafini sigue siendo poderosa? o ¿quizá para mejor negociar en terreno propio?

Es verdad que en muchos países del mundo, en especial en aquellos que denominamos subdesarrollados o en vías de desarrollo, como los de América Latina, el poder judicial -como también otros poderes- han sido utilizados tradicionalmente por los gobiernos de turno, a su discreción ya sea para hacerse de más poderes, o para destruir a sus adversarios, o simplemente para enriquecerse.

Pero esta constatación no se aplica en su defensa a los regímenes mencionados, sino todo lo contrario, ellos son la constatación de esta práctica nociva. Tal vez Dilma Rousseff sea la única que no tuvo el control pleno del poder judicial, cosa que se evidencia en su defenestración, pero no es el caso de Maduro o de Cristina Fernández, quienes abusaron o abusan de sus poderes para avasallar a sus adversarios.

Lo peor de esta historia que estamos relatando, y como lo decimos en el titular, es la banalización o desvalorización que se viene haciendo de la justicia y de otras instancias de poder. A menudo se recurre a contraacusaciones, a trastocar los hechos, a descalificar a los acusadores, a burlarse de ellos, o a ponerles epítetos trillados como golpistas, servidores del imperio, etc.

Los gobiernos saben que cuando lanzan ese tipo de mensajes, habrá una parte de la población que creerá sus patrañas; y otra parte quedará enredada en esa maraña de bipolaridad que han practicado siempre los políticos. Vivimos tiempos en que la gente no analiza, ni se detiene en detalles, solo reacciona a estímulos. He aquí un problema adicional.

……….

Video del escape de Bonafini, rodeada de sus partidarios

Víctor Hugo Ortiz
victor@noticiasmontreal.com

Economista de formación y periodista de vocación. Estudió en Chile, Perú y Venezuela. Trabajó en los periódicos La Gaceta y La Industria de Perú y colaboró para los diarios La Prensa de Perú ...

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