Martes, 13 de Septiembre de 2016

Lo que la tragedia de Dawson me enseñó sobre la integración 10 años después

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Tiroteo Dawson College ShootingFoto: CTV

La integración no es sólo aprender inglés y francés, o conocer bien los nombres de todos los ministros federales, o poder decir sin errores la letra del himno nacional.

La integración es también sumergirse en un nuevo imaginario colectivo, es tejer nuevas fibras que son exclusivas para ciertas personas que comparten un mismo espacio geográfico y cultural.

Es pensar en algunos momentos y decir: para bien o para mal, yo estuve ahí.

Lo interesante del caso es que el 13 de septiembre de 2006 yo no estaba en Montreal, aunque eso no evitó que la tragedia en el Dawson College reservara su espacio particular en mi mente.

Ese miércoles me encontraba en Nueva York, como escala luego de un primer vuelo que salió de Montreal más temprano ese día. Iba camino a Venezuela.

Ya esperando en la puerta de embarque vi las escenas en los televisores del aeropuerto LaGuardia. Eran imágenes familiares, calles frecuentadas… uniformes de policía conocidos.

“Shooting in a Montreal College”, decían las barras debajo de la imagen del periodista relatando lo poco que se sabía en ese momento sobre un evento que marcaría a la ciudad para siempre.

Alcancé a conseguir unas cuantas monedas que sirvieron para llamar a casa de mis padres (esto era la época previa al iPhone y WhatsApp), no tanto preocupado porque por algún motivo hubieran estado cerca de Dawson a esa hora, sino porque necesitaba comentar lo que ocurría con ellos.

Pensé en mi hermana, que estaba cerca de terminar la secundaria. Sabía que no estaba cerca de Dawson, en el centro de la ciudad, pero igual me preocupé.

Fue una tragedia que me tocó y que una década después me hace reflexionar no sólo sobre la violencia, el control de armas y los problemas mentales que enfrentan muchas personas. Me hizo reflexionar también sobre lo indetenible que es el proceso de integración de los inmigrantes. Lo podemos retrasar, incluso en algunos casos puede saltarse una generación, pero al final siempre llega, con una certeza tan ineludible como la de nuestra mortalidad.

Hay algo incómodo en admitir que sea una tragedia la que te demuestre que tus raíces se están aferrando a nuevas tierras, pero no deja de ser verdad. Además, es un proceso que no se limita a ese trágico espacio de tiempo, sino que se extiende y te hace reflexionar sobre tu vida y tu entorno.

¿Será que la violencia aumentará en Canadá? ¿Los problemas de armas cruzarán la frontera hacia el norte? ¿Y si algún familiar o amigo hubiera estado ahí en ese momento?

Todas preguntas normales que demuestra un sentido de pertenencia en constante evolución.

Los recordados

Pasé las últimas 24 horas leyendo mucho sobre lo ocurrido a finales del verano de 2006 y dos nombres se me quedaron grabados.

Sin duda el primero es el de Anastasia De Sousa, la única víctima del tiroteo en Dawson. Tenía solo 18 años y como muchos venía de una familia de origen inmigrante, que lo único que quería era darle la mayor cantidad de oportunidades a sus generaciones futuras.

Su madre, Louise, dio hace poco una emotiva entrevista a CTV que enmarca en pocas frases la magnitud de la tragedia. “Te preguntas dónde estaría hoy, si sería abuela, si estaría casada. Simplemente te preguntas”.

El otro nombre que me quedó grabado es el de James Santos. Tenía sólo 17 años y por varios minutos estuvo seguro que sería otra víctima mortal del tiroteo. Santos estaba hablando con De Sousa cuando Kimveer Gill entró a la cafetería de Dawson y comenzó a disparar sin motivo ni razón aparente.

Vio como De Sousa cayó producto de una bala e incluso tuvo que presenciar como el pistolero descargó su arma contra la joven ya herida para asegurarse de cumplir su objetivo.

Santos fue uno de los pocos que tuvo un contacto directo con Gill ese trágico día. Intentó dialogar con el joven a pesar de que estaba siendo utilizado como escudo humano y, según las autoridades, su intervención dio el tiempo necesario para que la policía interviniera y evitara una tragedia de mayor escala.

Diez años después, Santos tiene un solo sueño: convertirse en policía de Montreal. No sólo para asegurar la paz de su comunidad, sino también para agradecerle al cuerpo de seguridad al que debe el estar vivo todavía.

Pablo A. Ortiz
pablo@noticiasmontreal.com

Fotógrafo, periodista y uno de los fundadores de NM Noticias. Venezolano-canadiense con experiencia como periodista deportivo especializado en fútbol. Viven en Montreal desde hace varios años con s...

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