Jueves, 1 de diciembre de 2016

Montreal-Toronto, Clásico de mis amores

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Impact Montreal Toronto FCFoto: Pablo A. Ortiz

Boca-River. Barça-Madrid, Rangers-Celtic. Rivalidades que marcan más de una generación y que atraen la atención de todo el mundo. Puede sonar muy inocente y optimista, pero Canadá quiere sumarse a esa lista y anoche puso el primer ladrillo de ese museo que recopilará las batallas pasadas, y sobre todo las batallas por venir.

Montreal y Toronto no defraudaron. Los dos clubes canadienses, que en principio eran vistos como outsiders por muchos al sur de la frontera, terminaron ofreciendo una de las series de postemporada más emocionantes en la todavía corta historia de la MLS.

Una batalla de sangre y sudor que terminó con un marcador global de 7-5 a favor de Toronto y permitió a los Reds meterse por primera vez en la final de la liga.

Para Montreal es un sentimiento similar al que vivieron a inicios de 2015, cuando estuvieron a 45 minutos de ser campeones de la Concacaf. Muchos jugadores vivieron ambas experiencias, con ese sabor amargo en la boca. La rabia que se traduce en lágrimas de derrota.

Pero sin importar del lado de la baranda que estés, un golpe de adrenalina quedará incrustado en el pecho de todos los que fueron testigo de este Impact-TFC de 2016, dentro de la cancha, en las gradas e incluso a través de los televisores.

Génesis de una generación

Algunas rivalidades son de los “adinerados” contra “el pueblo”, otras son lingüísticas, entre catalán y castellano, por ejemplo. O incluso pueden ser entre católicos y protestantes.

En el caso del Clásico Canadiense tiene un poco de todo esto. Es la gran ciudad, la de las luces y el dinero, contra la metrópolis histórica, centrada más en lo humano.

Es el debate entre el inglés y el francés y esa dualidad que es parte del origen de Canadá como país. Es una lucha a veces hasta política, entre dos bandos que han aprendido a vivir con una perpetua tensión, que contrario a lo que muchos pensarían, tiene aspectos positivos en la forma como ha moldeado a una joven y diversa nación como la canadiense.

Pienso en ese niño que estuvo en el estadio con su padre, que vio como las gradas temblaban con cada gol. Ese niño que vio a su padre gritarle al televisor con cada pitazo del árbitro.

Ese niño que quiere ser como Nacho Piatti o Patrice Bernier, tal como sus abuelos quisieron ser Maurice Richard o Jean Beliveau.

Ese niño que una vez convertido en adulto tendrá nostalgia por los goles y los títulos de antaño. De las figuras que pasaron y cómo se parecen (o no) a las actuales. Ese niño convertido en adulto que, sin darse cuenta, dejará un legado a sus hijos. Un amor por una camiseta. Un amor por el deporte más hermoso del mundo.

Las estadísticas, los análisis con gráficos, todo eso que los que llegamos a Canadá como inmigrantes solemos calificar como “algo muy gringo”, todo eso queda en un segundo plano. En la memoria quedan los goles, las caras de celebración de un lado y las de derrota en el otro. Queda ese ruido de los cantos, ese zumbido que va en crescendo cuando la pelota infla la red.

Queda la sensación de que el clásico entre Impact de Montreal y Toronto FC no necesitará de 100 años para ganarse el respeto del mundo futbolístico.

Pablo A. Ortiz
pablo@noticiasmontreal.com

Fotógrafo, periodista y uno de los fundadores de NM Noticias. Venezolano-canadiense con experiencia como periodista deportivo especializado en fútbol. Viven en Montreal desde hace varios años con s...

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