martes, 20 de diciembre de 2016

La guerra de Siria que quizá ya no interesa a nadie

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Entre Fronteras
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siria-nino-heridoImagen del niño herido durante un bombardeo en Alepo. (Foto: YouTube)

Sentado frente a la computadora, en la comodidad de mi hogar, y en un país casi absolutamente calmo, por lo cual doy gracias de estar en él, aunque a veces me siento como estar en una burbuja en medio de un mundo que explota, veo las imágenes y los videos de los bombardeos a la ciudad de Alepo, y ya no me exaspera; o mejor dicho, ya no me exaspera tanto, porque ha ganado terreno en mi, una especie de desaliento, de sensación que ya el caso no le importa a nadie, y que lo absurdo ha devenido en lo cotidiano.

Y ya son dos casos sobre los cuales tengo esa impresión. El otro es Venezuela, donde también la absurdidad es la cotidianidad, y no se ve salida de ello.

Recuerdo que cuando estaba encargado de la sección internacional de este medio informativo, NM Noticias, hasta hace menos de dos años, el número de muertos que se manejaba entonces en la guerra de Siria era de unos 150.000, y ya era una cifra horrorosa. Ahora, hasta marzo de este año, la cifra estaba en el orden de los 366.000, según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, o de los 470.000, según el Centro Sirio para la Investigación Política.

Y eso no es todo. El número de personas que se han visto precisadas a huir de sus hogares, ya sea hacia otras partes del mismo territorio, o fuera de él, es una grosería: 6,6 millones de desplazados, de los cuales 4,8 se han refugiado en los países vecinos y en el resto del mundo. Una enorme cantidad de ellos llegaron conjuntamente con los más de un millón de personas que inundaron la Unión Europea, entre finales del 2015 y comienzos del 2016, pidiendo asilo.

Llegaron atravesando el Mediterráneo, a sabiendas que en los tipos de embarcaciones en los que viajaban podrían encontrar la muerte, como ya lo habían encontrado unos 2.850 refugiados náufragos, hasta finales del 2015. Europa no supo qué hacer al inicio, quedó atónita; no es fácil que de pronto haya que habilitar casa, dar alimento y vestido, y quizá más: trabajo y futuro, a una cantidad tan enorme de necesitados. Como se recordará Canadá colaboró trayendo a su territorio, este año, a 25.000 sirios.

Y  todo esto ha pasado y está pasando, por culpa de una sola persona, o de un grupo pequeño que dirige un gobierno. ¿Qué corona tiene, o qué falsa idolatría se le profesa a un sujeto como Bashar al Assad -manzana de la discordia en el conflicto de Siria-, que justifique, por ejemplo, que Aylan, un niño sirio de apenas tres años, que huía del fragor de la guerra con sus padres, aparezca una mañana de septiembre, exánime, semi enterrado, en las arenas de la playa de Bodrum, en Turquía, varado por el mar que no se atrevió a tragárselo, sino a expulsarlo, y agreguemos que en el intento también murió su hermano de cuatro años y su madre; o que Omran Daqneesh, un niño de cinco años, lo hayamos tenido que ver un día de agosto, sentado en un sillón naranja de un convoy, mirando aturdido a quien lo filmaba, casi con un solo ojo, porque el otro lo tenía ensangrentado y quizá perdido, con su cuerpo magullado y revolcado y su pelo cubierto de polvo como una torta, porque venía de caérsele encima el techo de su casa, tras un bombardeo del Ejército sirio a un sector de Alepo, donde vivía.

Para no dejar de lado el otro absurdo del que les venía hablando, formularé también la misma pregunta: ¿Qué corona tiene aquel sátrapa, pasado de maduro como su nombre, que ha destruido a Venezuela sin necesidad de utilizar bombas, lo cual lo hace más diestro que el propio al Assad, y que también ha provocado su propia crisis de refugiados, para no hablar de la escasez, de la inflación, de la violación a los derechos humanos, etc., etc.?

Alguien decía que los malos –para referirse a los malos gobernantes– y los delincuentes, son un grupo pequeño, ínfimo, en el mundo, y sin embargo, este grupito mantiene secuestrados y con la vida en vilo a la gran mayoría de la población. ¿Por qué?

¿Por qué Europa y Estados Unidos, prefieren asumir los daños colaterales de la guerra de Siria, en lugar de ir al terreno y buscar al responsable y ponerlo ante la justicia internacional? Sería más barato. Pero no se hace eso, y como gran cosa se prefiere iluminar la torre Eiffel, para mostrar la solidaridad con los residentes de Alepo, que es como ir el domingo a misa y rezar un padre nuestro, que como sabemos es más una expiación para nosotros mismos, que una ayuda efectiva a aquellos.

¿Por qué las potencias y gobiernos de ciertos países se empeñan tanto en salvarle el pellejo a este tipo de dirigentes dictatoriales?  Digo esto, porque cada vez que la balanza parece inclinarse a favor de los rebeldes sirios, aparecen como por arte de magia Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, quien defiende los intereses de Bashar al Assad; y por el otro, el secretario de Estado de los Estados Unidos, John Kerry, ambos proponiendo “negociaciones”, las cuales como es la costumbre terminan en desacuerdos o en endebles altos al fuego para ayuda humanitaria que a menudo son violados y a menudo son de muy corto tiempo.

Igual pasa con el dictador Maduro, que también recibe su dosis de salvaguardia por parte de entidades y personalidades inesperadas, como lo fue hace poco con la intervención del Vaticano, es decir del Papa, y de un señor que habiendo llevado a España a la ruina, de la cual aún no se recupera por completo, pretende enmendar la tarea en territorio ajeno, en lugar de dedicarse a lo suyo, es decir Zapatero a tus zapatos.

Pues ambos, Papa y Zapatero, como era de esperarse, le quitaron al niño de pecho que a veces parece ser la oposición venezolana, o mejor dicho su dirigencia, la oportunidad de salir del tirano, cuando las cosas se presentaban maduras, a través de un referéndum revocatorio.

Todo esto nos lleva a concluir, que si los rebeldes sirios, o la población venezolana, están esperando ayuda externa para expulsar a sus monstruos, tal vez no la tendrán, y deberán tomar conciencia que son ellos, y únicamente ellos, los que deben hacer la tarea.

Víctor Hugo Ortiz
victor@noticiasmontreal.com

Economista de formación y periodista de vocación. Estudió en Chile, Perú y Venezuela. Trabajó en los periódicos La Gaceta y La Industria de Perú y colaboró para los diarios La Prensa de Per...

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