Miércoles, 25 de Enero de 2017

Ilan Chester habla sobre Caracas, lo multicultural y El Musiú a días de presentarse en Canadá

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Foto: Instagram / Ilan Chester

“Es verdad, los amores que se tienen en la vida nunca se olvidan…”

Ilan Chester no olvida esos amores tempranos. No olvida San Bernardino, el vecindario de Caracas, Venezuela, donde creció. Tampoco olvida los mangos que podía devorar con cada subida al Hotel Ávila. Menos olvida su cerro, El Ávila, al que le cantó y al que incluyó entre sus mejores amigos de la infancia.

Y como Ilan Chester no olvida, tiene un sinfín de recuerdos que ha decidido compartir con su público, no sólo en Venezuela, sino en cada rincón del planeta que pueda y donde, a diferencia de décadas pasadas cuando cantaba a públicos locales, podrá reconectar con los paisanos, porque sí, aunque Ilan es un musiú es también un paisano: “Yo soy venezolano por decisión propia, no porque nací ahí,  yo decidí serlo, además con mucho orgullo y mucha felicidad“.

Qué mejor manera que compartir esas memorias que cantando y, claro está, cantando sus grandes éxitos de siempre, esos que conectan con la nostalgia intrínseca que trae el haber dejado la tierra de origen. Pero más allá del canto y los cuentos, Ilan Chester promete mucho humor en sus próximas dos presentaciones en Canadá, para las cuales falta poco (3 y 4 de febrero, en Montreal y Toronto, respectivamente), y que permitirán colaborar con la Fundación Venezolanos por la Vida, que organiza recolecciones de medicamentos para enviar al país suramericano.

NM conversó vía telefónica con este cantautor venezolano, nacido en Israel, de apellido Czenstochowski y ganador de un Latin Grammy, no sólo para conocer más sobre El Musiú en Canadá,  sino para recordar la Caracas del siglo pasado,  sobre las ventajas de lo multicultural y sobre esta etapa de su vida profesional en la que el humor tiene un protagonismo inspirado en una obra de Billy Crystal, alimentado por sus padres, sus amigos, por ser el jodedor de siempre.

 

– ¿Qué recuerdos atesoras de Caracas de los cincuenta y los sesenta?

-Crecí en San Bernardino. Tenía siempre el Ávila como mi mejor amigo. Yo le hablaba, le cantaba cuando era niño. Recuerdo el Hotel Ávila. Me subía a los árboles del hotel a comer mangos y el colegio Moral y Luces, que quedaba cerca. Recuerdo todas las fiestas del colegio, la camaradería que había entre nosotros, los deportes, el básquet, el fútbol… todo eso son recuerdos de mi infancia.

– ¿Te sentías ajeno en Venezuela o por el contrario te sentiste abrazado desde siempre?

-Yo llegué a los 2 años, por lo tanto yo soy venezolano por decisión propia, no porque nací ahí, hay gente que dice “yo soy venezolano porque nací ahí”, no, yo decidí serlo, además con mucho orgullo y mucha felicidad. No crecí en una familia venezolana, pero me acuerdo que me metía en problemas con mis padres porque me la pasaba en el barrio Los Erasos, allí jugaba metras y perinolas. Me llevaba la gente del barrio y yo les decía a mis padres: “no les importaría que se bañaran, es que no tienen agua”. Yo desde pequeño, desde mi infancia, me identifiqué muchísimo con el medioambiente venezolano, a pesar de venir de una familia judía clásica, de manera que mi afecto siempre ha estado latente en mi corazón por Venezuela.

– Vienes a Toronto y Montreal, dos ciudades cargadas de multiculturalismo. ¿Cuál crees que ha sido el mayor aprendizaje por precisamente crecer en este ambiente multicultural?

-Eventualmente en mi vida se han despertado otras inquietudes, porque si mi papá es vienés, mi mamá checa, mi abuelo es polaco y yo nací en Israel y crecí en Venezuela, es decir, me pregunté ¿quién soy? Y ese quién soy se extendió, se expandió de la identidad corporal, de la identidad nacional con banderas, se extendió a la identidad espiritual y es allí donde está el verdadero aprendizaje: el poder trascender las identidades corporales, la diferencia de color, de sexo, de opinión e ir al centro mismo para saber quién eres… ese es el verdadero aprendizaje.

Sobre el humor

– Te inspiraste para El Musiú en un show de Billy Crystal y en una entrevista reciente decías que si bien no eres actor, eres un gran jodedor … ¿Por qué el humor a esta altura de tu carrera?

-Lo que pasa es que yo siempre fui un jodedor, es cierto, yo no duré mucho tiempo en los colegios, estudié en el Colegio Americano, en el Moral y Luces ¡y me botaron! ¡Me botaron de esos colegios! Porque yo lo que hacía era sabotear las clases, echar broma. Los mismos profesores se encariñaban conmigo, pero tenían que impartir disciplina.

Además vengo de una camada de amigos, que a partir de los 15 años nos reunimos casi todas las noches, gente de humor extraordinario, entre ellos están Henrique Lazo y Manolo Álvarez, que tienen un sentido del humor extraordinario. Nunca han sido humoristas públicos, pero unos verdaderos personajes con unos humores y unas gracias extraordinarias. Eso se me pegó. Mis padres también tenían muy buen sentido del humor. ¿Por qué en esta etapa? No lo sé… cuando vi la obra de Billy Crystal, Seven Hundred Sundays (recomendada), fue tanta la inspiración que dije: yo voy a hacer algo parecido. Y lo logré.

Entones El Musiú es una presentación audiovisual de mi vida personal y profesional, de manera que empiezo explicando qué es El Musiú: aquel que venía de Europa a Venezuela. Las madres querían casar a sus hijas con un musiú para asegurar una prole más blanca, con más dinero. Más musiú que yo con todas esas identidades que tengo, imposible… Empiezo a hablar de mi abuelo y canto una canción en hebreo, esa que cantaba al profeta Elías cuando tenía 5 años de edad. Después hablo de mi papá. Él era un personaje único. Canto entonces una canción que le gustaba mucho, de Ives Montand, la canto en francés; luego canto Unforgettable de Nat King Cole, que es la canción que más le gustaba a mi mamá.

Empiezo luego a contar cómo a mis 14 años estaba ya influenciado por Ray Charles, Stevie Wonder, Simón Díaz, por Tito Rodríguez, y canto una canción de cada uno de ellos. Voy cantando y voy echando cuentos, hasta que llego a la primera vez que fumé marihuana, el canto al Ávila a partir del año 83, todo ese boom del año 83 y empiezo a contar cuentos jocosísimos que me sucedieron en México o en Argentina o en Maracaibo, pero a la vez canto las canciones que la gente quiere escuchar, porque obviamente me dicen: todo está muy bien, pero por favor, cántame Cerro Ávila, Eres una en un millón, El destino, Es verdadlos complazco, pero les doy algo más. Les doy el contexto histórico con tintes de humor.  A mí me llena mucho…

 

Un público venezolano en cada rincón del mundo

– Eres un artista de talla internacional que a lo largo de su carrera ha cantado para públicos tan diversos, pero hoy ese público tiene una buena proporción de venezolanos sin importar dónde te encuentres ¿Qué mensaje le das a esos venezolanos que han dejado su país, que ahora están en Montreal, Toronto o Buenos Aires?

-Esa es una de las sorpresas que tengo para el final de El Musiú, pero sí te puedo decir que tiene que ver con el hecho de que, al fin de cuentas, todos somos musiú: aparecimos en determinado vientre y en determinada ciudad, con determinada escala de valores. Nos enamoramos del lugar donde nacimos y de la comida que comimos; y de la bandera y del lenguaje, del humor y los olores; y hacemos eso nuestro. Cuando nos sacan de ahí por alguna razón, sufrimos, no entendiendo que no hay nada que permanezca en el tiempo. Es inevitable añadirle un tanto de filosofía y un tanto de religión a nuestra vida, porque si no lo hacemos, sufrimos. Si no se tiene una mente filosófica, analítica y no se tiene un contacto espiritual, una conexión con la fuente de todo lo que existe, nos vamos a limitar solamente a un país. No podemos limitarnos ni siquiera a un planeta, tenemos que expandir la conciencia muchísimo más de lo que lo hemos hecho hasta ahora. Pero no lo digas esto a nadie…

-Tus presentaciones en Canadá permitirán colaborar con la Fundación Venezolanos por la Vida…

-Estoy en una situación bastante delicada. Mi esposa, Merci Mayorca (quien también es cantante, productora y animadora de larga trayectoria en Venezuela) tiene ya tres años luchando fuertemente contra un cáncer. Eso ha costado una fortuna. Hay que organizarse para ayudar a los que están en condiciones paupérrimas, que son las condiciones hoy en Venezuela, sobre todo en materia de medicinas. Tengo la experiencia: cuando Merci se empezó a enfermar, cada medicamento costaba una fortuna y necesitaba dos diarios durante un año… Eso no lo paga nadie. Es muy triste. Que todo el mundo haga lo que puede para colaborar, dentro de sus posibilidades, con buena fe, para enviar medicinas a Venezuela.

Ilan Chester se presentará en Montreal en la Salle Sylvain Lelièvre (3800 Rue Sherbrooke Est, Saint-Laurent), el viernes 3 de febrero, a las 8:00 pm.

En Toronto,  estará en el Meadowvale Theatre (6315 Montevideo Rd, Mississauga)  el sábado 4 de febrero, a las 7:00 pm.

Todavía tiene tiempo de comprar sus entradas: MontrealToronto.

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María Gabriela Aguzzi V.
gaguzzi@noticiasmontreal.com

Periodista especializada en la fuente económica con 14 años de experiencia en diarios venezolanos de publicación nacional como El Mundo y El Universal. Cofundadora de NM.

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