miércoles, 8 de febrero de 2017

El Estado y el mercado: síntesis de una pelotera en Facebook

Publicado en:
El arca de Enoïn
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Foto: Alegoría de la Paz y la felicidad del Estado, Jacob Jordaens, Wikimedia

El otro día mi amigo Abel Fuentes me pidió que le ofreciera mis puntos de vista sobre qué es para mí el Estado.

Como el asunto representa una nuez dura de romper, no le paré bolas a la cuestión y pospuse la tarea para cuando me quedara tiempo: es decir nunca, y tuviera cabeza para pensarla.

Pero hay veces que aquello que uno expulsa de su vida por la puerta retorna a buscarlo por la ventana. En este caso la cosa ha pasado así, debido a que mi vida intelectual se me ha convertido en un simple ejercicio de replicación. Como el perro que le ladra a la luna con la esperanza de ahuyentarla, diariamente estoy reaccionando ante aquellos memes y comentarios de mis contactos en Facebook, que considero alejados de la razón o que faltan al sentido común.

Esto me lleva a participar en por lo menos media docena de peloteras cotidianamente, muchas de las cuales han sido bastante edificantes para mí, ya que han ayudado a corregir mi percepción sobre asuntos de orden científico, político o cultural. Solo por eso considero como un proceso útil el hecho de agarrarme diariamente con los otros en dicha red social, la cual considero más útil para el debate social que Twitter, aunque esta actividad me quite gran parte del tiempo que antes dedicaba al análisis social y cultural en mis blogs personales.

En esta nota voy a tratar de hacer la síntesis de una de las peleas más interesantes en las que estoy participando en la actualidad en Debates para el cambio, el mejor grupo de debate social que conozco en redes sociales en la actualidad. Allí estoy agarrado con el intelectual en jefe de los anarco-capitalista  sobre los roles del Estado y el mercado. El último choque surgió por el meme que aparece en la siguiente imagen.

debate-estado-mercado

Mi primera reacción frente a su comentario fue una carcajada, con la que intentaba conjurar el canto de la sirena. Pero no. Parece que la sirena grabó su canto, lo lanzó al mercado. La producción tuvo éxito y por un motivo inesperado la cosa vino a buscarme a través de las emisoras de radio. Lo estoy diciendo en forma figurada.

Por eso he vuelto sobre mis pasos y hoy me encuentro sumergido de pies y cabeza en un debate que no quería dar, porque la discusión me parece tan vieja como el sol y a mi modo de ver ya está resuelta.

Soy de los que piensa que el mercado no sustituye al Estado ni el Estado sustituye al mercado. Cumplen roles complementarios. Pero estoy de devueltas. Y lo estoy porque varios de los contertulios que participan de la pelotera -a mi modo de ver las cosas- están confundiendo los carneros con los chivos y a estos últimos con los antílopes, porque las tres especies tienen los cascos del mismo modo y arbolan en su cabeza un par de cuernos. Es eso lo que ha pasado con una contertulia bastante cercana a mí en el plano filosófico, que lanzó la idea de que “el Estado son las personas que viven dentro de un territorio bajo las mismas leyes”. En síntesis, allí hay una visión errada de la cosa, en la que se mezclan tres conceptos relacionados: nación, país y Estado.

El contertulio, que colgó el póster, replicó aduciendo que en efecto la contertulia que lo acusaba a él de no haber aprendido bien un concepto que se enseña en cuarto de primaria,  si había (ella) ido “a la escuela primaria”, donde le “hicieron bien el lavado de cerebro estatista”.

Para aclarar las cosas, el contertulio originador del debate trajo a colación un video en el que uno de sus filósofos favoritos: Miguel Anxo Bastos y de los pensadores sobresalientes hispanos del anarco-capitalismo, versa de manera atropellada y cantinflesca sobre Estado. En mi opinión Anxo Bastos confunde las limas con las naranjas, porque son cítricos y son redondas, en su intento por hacernos creer que una garrapata en la pelota es igual a una pelota de garrapata.

En adelante la pelea abandona el campo conceptual y pasa a un barullo en el que se mezclan los ataques personales y las puntadas conceptuales erradas. Alguien lanza en el medio de la pelotera una frase que llama mi atención: “sigan creyendo que el Estado (gobierno) somos todos”. Esa frase en sí sola pone de manifiesto que sobre el tema existe una confusión monumental, que pone de manifiesto una cosa: los profesores de ciencias sociales y los titulares del curso de democracia en secundaria no están haciendo su tarea como debe ser. Por eso se explica que personas adultas, que ya han obtenido títulos universitarios en diverso tipo de profesiones, confunda los conceptos de Estado y gobierno.

Una diferenciación necesaria

Aclaremos las cosas. Para darle rumbo a la discusión, voy a proceder como lo hice y lo volvería a hacer en una clase de segundo grado de secundaria. Así lo hizo conmigo el mejor profesor de ciencias sociales que tuve en secundaria y el profesor de Instituciones Políticas en la licenciatura de Ciencias sociales.

Para superar la cacofonía conceptual que nos induce a la confusión hay que hacer una primera y gran separación terminológica. En este plano hay que decir que no tienen el mismo significado los conceptos de patria, nación, república, reino, emirato, califato, país, estado y gobierno, que muchos tienden a usar como sinónimos. Sin embargo, no hay que olvidar que muchos de ellos son conceptos relacionados. Dentro de esa lógica es necesario anotar que reino, país, emirato, califato y principado, pueden ser, a la larga, conceptos sinónimos, pues todos se refieren a territorios que están bajo el mando de soberanos, que acceden al poder por la vía hereditaria y que son en teoría propietarios de todos los recursos que posee el territorio y del territorio en sí.

Segundo aspecto a precisar. El estado no es el gobierno aunque el gobierno representa al Estado. Para ir al grano en esta ocasión vamos a hacer la diferencia entre Estado y gobierno. El Estado es un conjunto de instituciones atempores, que pueden ser en un caso dado a-territoriales -pueden haber Estados sin territorio y Palestina es el ejemplo más conocido-, que resultan de un pacto social entre los habitantes de un territorio (país, califato, emirato o reino). Estas personas pueden pertenecer a diferentes naciones, pues el concepto de nación es ante todo cultural. Un ejemplo que podríamos citar es el caso de España, que es un país estructurado a partir de varias naciones: la nación catalana, la nación vasca, la nación gallega, etc.

Las funciones del Estado pueden variar de un país al otro y pueden variar de una generación a la otra, e incluso de un gobierno al otro. Lo estamos viendo en Estados Unidos con el gobierno de Donald Trump, quien decidió cambiar radicalmente las funciones del Estado en relación con el gobierno de su antecesor. Lo hemos visto en Venezuela, donde el proyecto revolucionario del chavismo reorientó completamente el curso del Estado. Lo hemos visto en Bogotá con el gobierno Peñalosa II, que se ha dado a la tarea de sepultar todo el legado de los tres gobiernos de izquierda, que dirigieron la ciudad entre el 2003 y el 2015.

Los cambios en las funciones del Estado -en los regímenes democráticos- se deben en gran parte a que los ciudadanos siempre pueden renegociar el pacto institucional en el plano de las generalidades, sin modificarlo mucho en lo esencial. Las elecciones son el momento donde opera, por lo general, esa renegociación del pacto social en materia de enfoque operativo.

Aunque las funciones del Estado pueden ampliarse o reducirse según las preocupaciones de la élite gobernante, hay sin embargo cuatro funciones de base, sobre las que casi todas las corrientes políticas -excepto los anarquistas- están de acuerdo. Estas son:

1) Defender el territorio;

2) Servir de árbitro entre los asociados;

3) Organizar a los asociados para adelantar aquellas tareas de interés común, orientadas al bienestar general: la construcción de carreteras, la construcción de hospitales, la construcción de infraestructura sanitaria, la construcción de escuelas, etc., que no pueden ser acometidas por iniciativas individuales; y

4) Ocuparse de la seguridad pública y la atención de las personas que son afectadas por las situaciones de calamidad general.

Es importante señalar que el Estado no está personificado en las sociedades democráticas, por en ningún individuo. Es abstracto y se materializa a través de instituciones que pueden emerger y desaparecer según las necesidades de la sociedad. Sin embargo no hay que perder de vista que el Presidente de la República o el Primer Ministro, en su condición de jefe del Estado, representa la unidad nacional. Igualmente no se puede perder de vista que todo los ciudadanos que habitan el territorio son sujetos actuantes y constituyentes del Estado, por eso el Estado somos todos.

En las sociedades democráticas de corte republicano, como la colombiana, el Estado se divide en tres ramas:

1) La rama ejecutiva, compuesta por el presidente y sus ministros;

2) La rama legislativa, el congreso de la república, que es –en teoría- el vocero del pueblo frente al gobierno; y

3) La rama judicial, que cumple una función de árbitro social.

En cuanto al gobierno, éste está integrado por un conjunto de individuos bien preciso, encabezados por el presidente o el primer ministro. Es temporal y tiene una filiación ideológica definida. Puede ser conservadora, como sucede actualmente en Estados Unidos o Argentina, liberal, como es el caso de Canadá o lo fue en el caso de Estados Unidos hasta el 20 de enero de 2017, o socialista, como sucede en el caso de Francia o Ecuador en el presente. Las filiaciones ideológicas son la base conceptual y filosófica a partir de la cual se orienta el proceso de gobernanza de la sociedad, se estructuran las leyes y adecúan las políticas que aplica el gobierno del mandatario de turno al frente del Estado.

Sobre el mercado diré que éste es un lugar donde se venden y se compran cosas según la ley de la oferta y la demanda. Su símbolo universal es la plaza de mercado. Para evitar los abusos relacionados con el acaparamiento de productos fundamentales para el buen vivir de la población, el Estado, simbolizado por los palacios, ha establecido políticas de regulación del mercado.

En conclusión: mercado es un concepto económico, Estado es un concepto político.

Las últimas contribuciones a la discusión las recojo en la imagen que agrego a continuación.

debate-Estado-Mercado-2

 

Enoïn Humanez Blanquicett
enoinqb@hotmail.com

Nací en el caserío de Loma Verde, en el Caribe colombiano. Licenciado en enseñanza de las ciencias sociales, magíster en Historia de América y especialista en migraciones, He ejercido el periodis...

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