miércoles, 17 de mayo de 2017

Montréal, ma ville ! La percepción de una inmigrante sobre su ciudad

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Happy Square Face
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Foto: María Gabriela Aguzzi V. / Grupo NM

Montréal, ma ville. Bonne fête 375 !

Para un inmigrante decir estas simples palabras no siempre es fácil. Tenemos ese gran sentimiento de pertenencia, generalmente, con la ciudad que nos vio nacer y crecer. Con esa ciudad que queremos mantener en nuestros recuerdos, aunque muchas veces, por su compleja y hasta difícil realidad, esa misma ciudad nos expulsó. Digamos, en este punto que la culpa no es de la ciudad en sí, sino de sus dirigentes, de sus gobernantes, a veces también de su gente, pero ese es otro debate.

Pero Montreal poco a poco logra hacerse un espacio en las mentes y el orgullo de la mayoría de los recién llegados que se establecen en Quebec. Recordemos en este punto que las estadísticas muestran que 80% de los inmigrantes que optan por la Belle Province como tierra de acogida terminan en esta isla y sus suburbios más cercanos. Lo más normal del mundo, claro está, siendo metrópolis y centro de la mayor cantidad de actividades.

Esto trae como consecuencia las realidades que los inmigrantes no tardamos en conocer. El desempleo en Montreal para los recién llegados es elevado, mucho más que en otras regiones y ni hablar si se compara con el desempleo de los nacidos en Canadá. El complejo proceso de integración social, que en innumerables casos pasa por la integración laboral. Paradójicamente, una discriminación más acentuada, digo paradójicamente porque su carácter de ciudad la hace más abierta a la diversidad pero al tener más población los casos de discriminación son más numerosos y captan más titulares. Aún queda mucho trabajo por hacer en este sentido.

Pero Montreal es una ciudad que encanta a recién llegados y a quienes tardan un poco más en reconciliarse con ella. No hay un tiempo determinado en el que cualquier inmigrante dirá Montréal, ma ville, es un proceso tan individual como el proceso de migración e integración. Es posible que incluso algunos no lleguen a experimentar ese sentido de pertenencia con la ciudad que los recibió, aferrados a esos recuerdos de la ciudad que los vio nacer, pero Montreal tiene todos los elementos para hacerse querer, sólo basta abrir el espíritu y la mente para llamarla ma ville.

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Lejos de ser perfecta Montreal es una ciudad que, tras décadas de haber entrado en un periodo de estancamiento (poco desarrollo de nuevos iconos urbanos, patrimonio abandonado), se está modernizando. Podemos pensar que (como dijo Will McAvoy en The Newsroom sobre Nueva York) Montreal será una “gran ciudad cuando esté lista”. El proceso es lento para los más exigentes que quieren que sea la gran metrópolis (algo más parecido a Toronto), pero quizá se les escapa que esa Montreal que guarda tanta relación con su época dorada de la Expo 67 también mantiene ese encanto y es, a mi percepción, parte de su identidad. Pretender transformarla en un centro cosmopolita de un trancazo, quizá, le restaría esa personalidad que hoy la caracteriza y la hace única. No voy a caer en el cliché de la ciudad europea en Norteamérica. Estoy convencida de que Montreal ES Norteamérica y guarda estrecha relación con su ubicación geográfica, pero su historia hace que guarde también tantas particularidades.

De Montreal disfruto sus cuatro estaciones (sí, en invierno es también mágica a pesar del slush y durante la primavera lo más desagradable puede que sean las colillas de cigarrillo que salen a flote cuando se derrite la nieve). Su gastronomía (tan variada), sus parques (son tantos), sus bibliotecas (excelentes espacios de trabajo cuando eres emprendedor), sus terrazas (comida, vino y cervezas), sus centros culturales (Place des arts es realmente una maravilla, así como lo son sus cines de quartier),  su montaña, el Mont-Royal (a la que no voy tanto como quisiera) y su seguridad.

No disfruto de ma ville los huecos en las calles, las interrupciones en el metro, la corrupción pasada y presente, la intolerancia de y hacia minorías, la infraestructura vieja y descuidada (que no así el patrimonio), parte de su sistema de salud colapsado (digamos que no es culpa en sí de la ciudad, depende de la provincia) y el cigarrillo omnipresente.

Montreal es hoy mi ciudad, como lo sigue siendo Caracas, donde nací, hoy sumida en una crisis que, si siguen las noticias de Venezuela, conocen bien. Y aunque así me identifico en cada red social, no se trata sólo de una forma de expresar el de-dónde-vengo-y-dónde-estoy. Es también una forma de desarrollar ese sentido de pertenencia que casi todos los ciudadanos llegamos a desarrollar por el sitio en el que vivimos y que es parte fundamental para sentirnos en paz con las decisiones que tomamos.

Soy de las que cree que es mejor sumar, aunque confieso que fue un proceso que tomó un par de años el comprender que por sumar a Montreal a mis afectos no estaba siendo desleal con Caracas. Porque mejor que un amor citadino son dos: CCS-MTL.

¿Cómo es su relación con Montreal y con su ciudad de origen? Pueden enviarme un email o comentar en nuestra página en Facebook.

María Gabriela Aguzzi V.
gaguzzi@noticiasmontreal.com

Periodista especializada en la fuente económica con 14 años de experiencia en diarios venezolanos de publicación nacional como El Mundo y El Universal. Cofundadora de NM.

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