martes, 15 de agosto de 2017

El regreso de los cuadros a Palacio

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Entre Fronteras
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Foto: Twitter / @VTVcanal8

En las circunstancias actuales que se vive en Venezuela pareciera que en cualquier momento las cosas van a reventar; al menos así lo dibujan los discursos de algunos dirigentes políticos de la oposición, y ciertos hechos aislados que han ocurrido, como la supuesta rebelión de un grupo de militares, que no se sabe a qué bando obedecen, y hasta las amenazas de nuevas ofensivas por parte del piloto militar.

Algunos sueñan con una invasión estadounidense, aunque la ordene un presidente bipolar, narcisista o con hipertimia (como dice esto último el siquiatra Nassir Ghaemi), cuyos actos en otros frentes ellos no los aprobarían; de hecho el viernes pasado el presidente bipolar dijo que la acción militar era una posibilidad para Venezuela, apenas dos días después de haber dicho más o menos lo mismo con respecto a Corea del Norte. Ciertamente el presidente bipolar está hablando de hacer cualquier guerra, pero posiblemente no para salvar a Venezuela, sino para salvarse él mismo, o al menos para distraer la atención sobre el asunto con Rusia, en el cual todo indica que está metido hasta la coronilla.

Otros, o los mismos, se contentarían que por lo menos el presidente bipolar ordene que Estados Unidos deje de comprar petróleo a Venezuela, para de ese modo ahogar económicamente al régimen; pero cuidado que las cosas puedan transformarse en un revés, ya que esos regímenes autoritarios suelen chupar el último tuétano de cada ciudadano para suplir la escasez de recursos.

También hay quienes sueñan con la autodestrucción del régimen, y hasta con su transformación de un régimen malvado a uno bueno; o con una salida negociada a la crisis, que el régimen mismo lo plantee, aún a sabiendas que se irían como se dice: con la cabuya en las patas.

Estos, y posiblemente otros muchos escenarios, están en el ambiente triste y difícil de Venezuela. Mientras tanto, el transcurrir de los días va envejeciendo las malas acciones del gobierno y el pueblo las va asimilando, como en otras ocasiones; y lo más probable es que no pase ninguno de los escenarios descritos, a excepción que el régimen se habrá afianzado aún más en el poder.

—–

Pero vayamos al asunto de los cuadros.

Como es de conocimiento público, la tarde del viernes 4 de agosto del 2017, los cuadros con las imágines del tan odiado como querido comandante Hugo Chávez, volvieron al Palacio Legislativo enarbolados por un enardecido grupo de sus partidarios. Volvieron al lugar de donde fueron retirados, con gran histrionismo, por orden del entonces presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, hace apenas un año y siete meses.

Pareciera eso un asunto banal, pero no lo es; encierra un serio y hondo significado para la conducción política de la oposición en Venezuela. Da cierta vergüenza ajena, cuando uno piensa en Ramos Allup, a quien le atañe el asunto en primer lugar; y más aún cuando él prometió poner término al régimen de Maduro en un plazo de seis meses; y ahora vemos que el que está fuera es él, como todos los diputados, tras ser reemplazados por la inicua Constituyente madurista.

Si esperábamos una especie de mea culpa de parte del señalado líder opositor, no la hemos escuchado o no la han difundido públicamente o no lo suficiente; tampoco la hemos escuchado de parte de otros dirigentes de la MUD, que deberían hacerlo, porque el regreso de los cuadros de Chávez, tan banal como parece, no es otra cosa que una nueva y contundente derrota para la oposición venezolana.

En Venezuela, tras 18 años del chavismo, la oposición con casi la misma dirigencia, se ha acostumbrado a fracasar una y otra vez, y no necesito enumerar esos fracasos, y nadie asume responsabilidades, nadie renuncia, por ejemplo. Es como si en cada oportunidad, se volteara la página y se sigue adelante como si no hubiera pasado nada.

Y me pregunto: ¿Acaso un político por muy en las alturas que se encuentre, no debe rendir cuentas de sus actos? ¿Acaso alguien no debería pagar los platos rotos? ¿Acaso nos hemos acostumbrado a repetir frases mentecatas, solo por el hecho de animar a las masas, sin importar sus consecuencias, como aquella tan devaluada, que dice: “no lo vamos a permitir”?

Sé que lo que estoy diciendo puede caerle muy mal a mucha gente, pero creo que ya es tiempo de decirlo. Sin embargo, no debería sentirme tan comprometido, porque es mejor que recurra a lo que ya avizora Antonio Ledezma, quien hizo un discurso que le valió que los agentes del Sebin le dieran un paseo por la cárcel antes de devolverlo a su casa, como lamentablemente diciéndole quién es el que manda.

Ledezma decía a sus colegas que ya era la hora de la “reflexión”, de “transitar por el camino de la autocrítica”, y otras cosas más fuertes aún. Yo agregaría, que quizá es la hora de la “renovación”.

  • Discurso de Antonio Ledezma

Víctor Hugo Ortiz
victor@noticiasmontreal.com

Economista de formación y periodista de vocación. Estudió en Chile, Perú y Venezuela. Trabajó en los periódicos La Gaceta y La Industria de Perú y colaboró para los diarios La Prensa de Perú ...

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