martes, 3 de octubre de 2017

Sobre Cataluña y el “mutismo” de Canadá y Quebec

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Foto vía Pixabay

Los medios en Canadá han optado por un titular del tipo: “Canadá se mantiene muda ante la situación en Cataluña”.

Más que mutismo, el gobierno de Justin Trudeau, y también el de Philippe Couillard en Quebec, se han decantado por la más pura forma de diplomacia que a nadie hace daño, de esa que se fundamenta de manera tan sencilla en “cada país debe resolver sus propios conflictos de manera interna”.

Si bien hay lugar para criticar esta pasividad que para muchos cae en hipocresía, hay que también entender lo complejo que es el tema catalán para el contexto de Canadá-Quebec. Denunciar la represión española es un acto al que cualquier ciudadano se debería apegar, pero si hablamos de gobierno, no podemos esperar la misma contundencia.

Muchos intentan buscar similitudes entre la avanzada catalana por la independencia y la huella histórica que dejó el independentismo quebequense durante décadas, hoy debilitado y visto por una mayoría como un debate del pasado.

Del otro bando dicen que tales similitudes no existen, pues los dos procesos buscan reivindicar posiciones históricas, políticas y sociales con matices muy distintos.

Por encima de cualquier postura, cuando uno mira la emotividad en la que están impregnados estos movimientos independentistas, junto a magnitud que le dan los medios de comunicación y redes sociales, uno llega a entender la razón para que Justin Trudeau mire a un lado esperando que la violencia en Cataluña se detenga por cuenta propia.

Cualquier cosa que diga el primer ministro –hijo de Pierre, enemigo del movimiento independentista de Quebec- será devuelta como un derechazo propio de un tenista de la ATP.

Si el gobierno de Canadá y de Quebec denuncian la represión del gobierno central español, un grupo le sacará de los archivos los episodios de represión ocurridos hace años en medio de la pugna Canadá-Quebec pos-Revolución Tranquila.

Si piden al gobierno de Rajoy que abra la puerta a que el pueblo se pueda manifestar de manera democrática, le responderán apuntando a las numerosas ocasiones que Trudeau o Couillard han dicho que no hace falta un nuevo referéndum en Quebec, pues el pueblo ya habló.

Los independentistas intentan, con razón, pegarle a ese clavo. Más recientemente, el líder del Parti Québécois, Jean-François Lisée anunció su intención de introducir una moción para que la Asamblea Nacional de Quebec condene la violencia española en Cataluña. Una estrategia que busca forzar una pifia de parte del gobierno liberal.

Argumentos cargados de emoción sobrarán, aunque los hechos terminen desactivando esas voces a punta de realismo y raciocinio.

De manera interna no hay comparación posible entre Cataluña y Quebec. El pueblo quebequense se ha manifestado en dos ocasiones sobre si convertirse en un Estado independiente.

En el impasse quebequense ha habido abusos de ambos lados (las violaciones a las leyes de campaña por parte del campo del No en 1995, por ejemplo), pero incluso cuando el país pareció pender de un hilo por apenas 50.000 votos, nunca hubo violencia. Se aceptaron los resultados y se volvió a la rutina.

Los independentistas en Quebec acusan a Ottawa de –por años- utilizar el aparato judicial y legislativo para aplastar la opción de un posible país Quebec. El ejemplo más contundente fue la Ley de la Claridad, obra maestra del antiguo ministro Stéphane Dion (irónicamente, un francófono), la cual planteaba algunas condiciones para que Quebec –o cualquier otra provincia- puedan separarse de Canadá.

La lista de requisitos que impone esta ley va desde una pregunta clara en la boleta de votación, plantea una reflexión sobre si este tipo de referéndum se deberían votar en todo el país y no sólo en la provincia en cuestión, y hasta habla de una “mayoría clara”, la cual no se define y que podría dejar abierta la puerta a decir que un 50%+1 no sería suficiente para declarar una eventual independencia.

Los independentistas de la Belle Province han dicho que esta ley es casi un golpe de Estado, pero para la mayoría -“silenciosa” como la llamaba Jean Charest- las dudas y posibles respuestas que plantea la Ley de la Claridad tienen más validez de la que a muchos les gustaría.

Canadá y el mundo

A nivel internacional la situación es igual de compleja. Más allá de los posibles paralelismos con Quebec, Canadá no gana nada enfrentándose a España, menos aun cuando el Tratado de Libre Comercio con Europa empieza a entrar en vigencia.

Tampoco Canadá sacará dividendos si se posiciona como el espadachín de la libertad, por un lado, y por el otro se ve forzado a mantener distancia en otros conflictos.

De igual forma, Canadá no romperá filas del bloque internacional y sólo daría un paso al frente si otros de sus aliados, principalmente en Europa, empiezan a tomar posición ante el impasse catalán.


Las opiniones expresadas en los artículos en Blogs NM son enteramente la responsabilidad de sus autores y no representan necesariamente la opinión de NM Noticias.

Pablo A. Ortiz
pablo@noticiasmontreal.com

Fotógrafo, periodista y uno de los fundadores de NM Noticias. Venezolano-canadiense con experiencia como periodista deportivo especializado en fútbol. Viven en Montreal desde hace varios años con s...

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