lunes, 11 de julio de 2011

El World Trade Center estará abierto al público nuevamente después de 10 años

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El Mundo
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El 12 de septiembre de 2011, cuando el público pueda de nuevo caminar dentro del World Trade Center -por primera vez en 10 años- el acercamiento será más trivial que doloroso.

Los visitantes pasarán por puertas de seguridad y caminarán por barreras designadas a detectar artefactos explosivos. Esta reintroducción al centro de comercio más importante del mundo es, quizá, una transición de la década pasada, cuando la última experiencia del público fue de terror. Ahora será una nueva era.

Cuando ya dejen las puertas con screening, los visitantes encontrarán el comienzo de lo que será un conjunto de árboles que algún día filtrarán la luz y el sonido. Mientras se acerquen a lo que era la base de las torres destruidas en septiembre de 2001, el agua que cae de las fuentes silenciará el sonido de la ciudad. Encontrarán vacíos donde una vez estuvieron los edificios que serán reemplazados con caídas de agua.

The Wall Street Jounal recorrió recientemente el sitio con el arquitecto Michael Arad y el presidente del National Memorial Museum September 11, Joe Daniels.

Aunque sólo restan dos meses para la inauguración, el sitio parece una zona en construcción. Más de 500 trabajadores están haciendo todo lo posible para que la gente pueda entrar al lugar en el deadline del décimo aniversario.

Los retos para llegar a este objetivo han sigo grandes, desde emocionalmente, hasta política y logísticamente. Siempre hubo dudas si el espacio debía ser construido, sin mencionar el costo de más de 1 millardo de dólares que se han recabado entre donaciones y aportes.

Pero mientras el aniversario número 10 se acerca, “la gente se ha motivado más”, dijo Daniels.

En cuanto a los costos, casi 700 millones de dólares fueron invertidos como capital de construcción. Los donantes tomaron parte en el asunto mientras que el alcalde Michael Bloomberg se encargó personalmente del fondo para levantar los recursos.

Aún hay preguntas sobre lo que será del sitio una vez abierto al público. Los costos anuales de operación ascienden a 60 millones de dólares y aún no se ha identificado una fuente segura de recursos. Los oficiales han estado considerando cobrar entrada por acceso al museo, que abrirá sus puertas un año más tarde. También se están previendo contribuciones federales.

“Lo que no permitiremos es que este sitio desaparezca”, advirtió Daniels.

Los visitantes podrán también observar los nombres de las 2.983 personas que murieron en los ataques de 2001 y 1993, mientras podrán imaginar las conexiones invisibles entre ellos. A pesar de que los nombres fueron colocados aleatoriamente por varios lugares, fueron agrupados para reflejar las relaciones entre amigos, familiares y colegas, según solicitaron las propias familias de las víctimas.

Mientras tanto, Arad espera proveer a los visitantes especies de guías para que narren las historias. “Es difícil confrontar 3.000 muertes, pero cuando oyes una historia de alguno de los familiares, de un amigo, podemos manejarlo y así entender más”, comentó.

Fuente: The Wall Street Journal