lunes, 11 de julio de 2011

Seis muertos y 99 heridos tras ataques de las Farc en el Cauca

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El Mundo
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Las FARC atacaron nuevamente. Esta vez, la guerrilla atacó varias veredas del norte del Cauca y Toribío, incursiones que dejaron como resultado seis muertos, 99 heridos y 500 viviendas destruidas o afectadas.

Los guerrilleros también acribillaron a dos policías ayer en la mañana.

El Tiempo tiene la información:


Este domingo, dos policías fueron asesinados por la espalda en Suárez.

Desolación. Eso es lo que se vive en varias veredas del norte del Cauca y Toribío luego de los ataques del frente sexto de las Farc que dejaron una cifra final de 6 muertos -entre ellos 3 civiles-, 99 heridos y cerca de 500 viviendas destruidas en su totalidad o averiadas parcialmente.

Para ‘cerrar’ su escalada indiscriminada contra la población civil y la Fuerza Pública, el domingo por la mañana, en el mercado de Suárez, guerrilleros que vestían de civil acribillaron por la espalda a dos policías que prestaban seguridad.

Entre tanto, en la cabecera municipal de Toribío, que fue la más afectada, los habitantes madrugaron a levantar los escombros que quedaron luego de la explosión de la ‘chiva-bomba’, que arrasó con la estación de policía y todas las viviendas aledañas.

Al mediodía, el presidente Juan Manuel Santos llegó hasta Corinto, luego de presidir un consejo de seguridad en Popayán, junto con la cúpula militar y de la Policía. Allí escuchó como en la estación de Policía de Toribío, el intendente Luis Alberto Hernández, que repelía el ataque, alcanzó a ver, desde la garita donde se encontraba, el bus escalera que se iba contra la estación. Gritó, pero no alcanzó a resguardarse y la onda explosiva lo mandó contra la pared del cuartel. Su cuerpo quedó desmembrado.

El alcalde de la población, Carlos Banguero, dijo que «no será fácil reponerse del violento ataque sin el apoyo de la Nación» y que, con este, ya son 14 los ataques y más de 600 los hostigamientos que ha sufrido su pueblo.

Ante la magnitud y la sevicia de los asaltos, el Presidente dio la orden de destruir las casas -luego de plena comprobación- que sean utilizadas por los guerrilleros para resguardarse y desde allí disparar o lanzar explosivos, como lo hicieron en Corinto y Toribío. «Hemos tomado la medida de que, de aquí en adelante, la Fuerza Publica va a destruir cualquier casa que sea utilizada por los terroristas para atacarla o a la población civil», señaló el Primer Mandatario.

Entre las decisiones adoptadas, también se dio vía libre a la construcción del batallón de alta montaña en Tacueyó y así frenar estratégicamente los corredores de movilidad de las Farc por la cordillera.

Santos anunció que, con el apoyo de Acción Social, este lunes se iniciará el proceso de restauración de las casas afectadas. Anoche, Toribío permanecía a oscuras, sin agua en algunos sectores y con toque de queda. Se espera que hoy arribe desde Bogotá un grupo de Fuerzas Especiales.

 Por su parte, el jefe del Partido Conservador, José Darío Salazar, condenó los ataques perpetrados por las Farc. «Las Farc demuestran en el Cauca, su total desprecio por  la vida de campesinos e indígenas a los que asesinan sin piedad, afirmó.

A su juicio, la construcción del batallón de alta montaña en Tacueyó, corregimiento de Toribío, anunciado por el presidente Santos, «debe convertirse en una garantía real para que se terminen los continuos ataques a esa región, habitada por pueblos martirizados cada vez que la guerrilla quiere».
‘Jaimito’, jefe de las Farc, el autor

Este guerrillero, que es incondicional del ‘sargento Pascuas’, uno de los llamados marquetalianos que aún viven, es conocido en las Farc con el alias de ‘Jaimito’ y tiene el cargo de tercer jefe del frente sexto.

Las interceptaciones hechas por la FAC y el Ejército dan cuenta de que fue quien ordenó y coordinó toda la escalada contra seis poblaciones del norte del Cauca, en la mañana del sábado.

‘Jaimito’ tiene 37 años aproximadamente, 15 de los cuales ha estado vinculado a la guerrilla, donde lo ‘graduaron’ de ‘explosivista experto’. Es oriundo de la vereda San Francisco, de Jambaló, precisamente una de las poblaciones que hace tres días ordenó destruir.

La Fuerza Pública señala al guerrillero de la ejecución de múltiples acciones terroristas en el Cauca con artefactos explosivos, especialmente ‘tatucos’ y minas, en los municipios de Caloto y Corinto.

Tiene varios requerimientos de la Fiscalía y entre su prontuario resalta la activación de un campo minado al paso de un pelotón del Batallón contra el Narcotráfico en el 2010, que dejó cinco uniformados muertos.

En noviembre del año pasado dirigió el ataque a la estación de policía de Toribío, con saldo de cinco heridos.

En Valledupar esperan al intendente Hernández

Una de las primeras víctimas del ataque a Toribío (Cauca) fue el intendente de la Policía Luis Alberto Hernández Salazar, de 39 años de edad, 20 de los cuales al servicio de la institución.

El uniformado, padre de cuatro hijos y oriundo del municipio de Inzá (Cauca), había decidido hace dos semanas, precisamente ante la tensión que se vivía en la población, enviar de regreso a Valledupar a su hijo Carlos Andrés, quien lo acompañaba durante la temporada de vacaciones.

El suboficial prestaba servicio desde hacía varios meses en Toribío, y al Cauca había llegado trasladado del Cesar, en el 2008. Sus hijos, a quienes visitaba en la Costa, esperan en Popayán el traslado del cuerpo desde Cali, para organizar las exequias, que serán en Inzá.

Chuchito murió cuando acompañaba a su hijo

«La vida es misteriosa», dice Sara Muñoz, al recordar que los últimos momentos de su padre, Jesús Muñoz, los pasó en sano juicio.

«A él le gustaba mucho tomar chicha con los indígenas. Ellos sí que lo querían, porque era muy colaborador y compartía todo lo que tenía», dice con referencia a su padre, una de las cuatro víctimas mortales del ataque a Toribío.

Don Chuchito, de 66 años, era el carnicero del pueblo, con quien todos tenían que ver. Jovial, dicharachero y dispuesto a colaborar, el sábado por la mañana dejó por un momento su negocio para ir a ayudar a su hijo, que debía realizar una diligencia.

«Él se fue a la plaza y no habían pasado cinco minutos cuando un ‘tatuco’ le cayó encima y lo destrozó. Mi sobrino, que lo acompañaba, quedó impactado; no podía mover el cuerpo de su abuelo y ahora esta muy mal», relata Sara.

Dice que lo que nunca le pasó cuando estaba con sus tragos en la cabeza -situación que aprovechaba para llenarse de valor y decir que era capaz de ponerle el pecho a cualquier situación- le ocurrió precisamente cuando estaba más sobrio que nunca. Hoy se espera que se cumpla su sepelio.

Entre tanto, al comunero Adán (gallero consagrado), el techo de las oficinas de la empresa electrificadora de Toribío, a un lado del parque, le cayó encima por cuenta de otro ‘tatuco’. Fue remitido a Cali, pero en la madrugada de ayer falleció mientras recibía atención médica.

‘Nuestros sueños se fueron en 2 horas’

Cuando las primeras detonaciones y ráfagas interrumpieron la mañana soleada de Toribío, Diego Penagos salió corriendo sin mirar atrás. «Él estaba con su patrón en el taller de cerrajería que quedaba a un lado de la estación de policía y, como los ‘rafagazos’ no paraban, se fue a buscar a su hija y a su mujer, pero en el camino cayó porque una bala le atravesó el pecho», recuerda su tío Iván Penagos.

Diego, de 28 años, corrió por instinto, pero no imaginaba siquiera que la ‘chiva’ que minutos antes había rodado sin conductor por la misma calle inclinada del barrio La Unión, estaba cargada con explosivos. «Nadie sospechó nada. Estábamos en el mercado y la ‘chiva’ rodeó el pueblo como cualquiera de las que llegan de las veredas vecinas para descargar plátanos y papas. Incluso, iban cinco ‘manes’ ahí sentados arriba de civil, pero uno qué se iba a imaginar que eran guerrilleros. Yo los vi y pensé que había una asamblea por la hora», dijo Darío, uno de los lugareños, que caminaba con su pequeña de 2 años por el parque principal, antes de que todo quedara en el piso.

Como a las 10:30 de la mañana del sábado los insurgentes saltaron del bus escalera, una cuadra antes de la estación de policía, que queda al final de la calle. Aprovecharon la confusión de la gente que buscaba refugio en medio del hostigamiento y dejaron que el vehículo se deslizara, para minutos después activarlo.