jueves, 11 de agosto de 2011

“Brasil no entrará en recesión” afirma Dilma Rousseff en respuesta a temores de la población

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El Mundo
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Dilma Rousseff, que comanda un país enorme y densamente poblado, está preocupada por la inestabilidad financiera internacional. Sin embargo, se apresuró hoy a aclarar que “Brasil no entrará en recesión”.

Al mismo tiempo trata de remendar las relaciones con su aliado el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), dañadas luego que hace una semana un operativo policial arrestara a 35 funcionarios del Ministerio de Turismo, incluido el Ministro, organismo controlado por el PMDB.    

Informa: infobae.com  


“Brasil no entrará en recesión”, aseveró Dilma Rousseff en un discurso que dio el miércoles ante empresarios de la construcción civil, en un claro intento de restablecer la confianza del sector privado, mermada por el temor a los reflejos de una nueva crisis en Europa y los Estados Unidos, importantes mercados para las exportaciones brasileñas.  

“Nuestra posición frente a esta crisis no es recesiva. Tenemos un objetivo: preservaremos nuestras fuerzas productivas, nuestros empleos y el ingreso de nuestra población. Esto no excluye que adoptemos iniciativas para protegernos desde el punto de vista financiero y cambiario”, agregó.  

La mandataria sabe que el éxito del esfuerzo para atenuar los reflejos negativos de la crisis depende del respaldo firme de su heterogénea base aliada en el Congreso, y por esto se reunió con los líderes de los partidos que conforman la coalición oficialista, con el fin de pedirles unión para apoyar las iniciativas del Poder Ejecutivo.  

El llamamiento ocurre en momentos en que son cada vez más visibles las fisuras en el seno de la coalición, comandada por el Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff, pero que depende dramáticamente del apoyo de su principal socio, el centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).  

El respaldo del PMDB al gobierno quedó en entredicho esta semana, después de que la Policía Federal arrestara en un operativo anticorrupción a 35 personas vinculadas al Ministerio de Turismo -controlado por el partido centrista-, entre ellas el viceministro, Frederico Costa da Silva.  

El operativo generó quejas por parte de líderes del PMDB, que tildaron de exagerada la acción policial, desatada días después de que otro representante del partido en el Gabinete, Nelson Jobim, renunciara al comando del Ministerio de Defensa tras criticar a dos de sus colegas de gobierno, ambas del PT.  

Además, el ministro de Agricultura, Wagner Rossi, también del PMDB, debió defenderse esta semana ante el Congreso de denuncias de corrupción publicadas por la prensa local.  

Según afirma este jueves el diario O Estado de Sao Paulo, los problemas en la base aliada llevaron Rousseff a pedir consejos a su antecesor, Lula da Silva, con quien sostuvo “una larga charla” el miércoles, en San Pablo.  

Lula, quien abandonó el gobierno en enero con una popularidad superior al 80 por ciento, habría aconsejado la mandataria que intensifique sus contactos con diputados y senadores y busque restablecer la paz en la coalición oficialista.  

“Se trata de una base aliada al borde de la guerra”, sostuvo el rotativo, que agregó que el ex mandatario también estaría preocupado por las interminables denuncias de corrupción en el gobierno.

En julio pasado, Rousseff puso en marcha una “limpieza” en el Ministerio de Transportes y cesó a más de una veintena de funcionarios mayoritariamente vinculados a otro aliado del gobierno, el conservador Partido de la República (PR).  

Los problemas del gobierno ya se reflejan en los índices de popularidad de Rousseff, que bajaron seis puntos porcentuales entre marzo y julio, cuando llegaron a un 67 por ciento, según un sondeo del Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (IBOPE, privado) divulgado este miércoles por la Confederación Nacional de la Industria (CNI). En una entrevista, Rousseff aseguró que recibió “con mucha tranquilidad” los resultados de la encuesta.  

Pero también demostró ser consciente de que la recuperación de su popularidad depende en gran medida de que Brasil logre enfrentar la nueva crisis internacional sin perjuicios para los avances económicos y sociales logrados en los ocho años de la “era Lula”.  

“Todo el gobierno está atento a esta crisis internacional. Desde 2003 hasta hoy, incorporamos al mercado interno brasileño como consumidores a una Argentina, con 39,5 millones de personas. Ahora, queremos protegerlos. Para ello, tenemos que proteger nuestro consumo, nuestro mercado interno, el crecimiento de nuestra economía y la inclusión social”, dijo.