lunes, 15 de agosto de 2011

La presidenta Cristina Fernández, más cerca de prolongar la era Kirchner

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El Mundo
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Su amplio triunfo en las elecciones presidenciales primarias de Argentina ratificó su liderazgo en las encuestas. En octubre podría estirar a doce años la era kirchnerista. 

Informa así El Mundo

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner es una mujer que no genera indiferencia.

Militante peronista, dueña de un gran carácter, una oratoria privilegiada y una fortaleza que reconstruyó tras enviudar hace menos de un año, recibió este domingo un fuerte impulso en las primarias para conseguir en octubre un nuevo mandato que estire a doce años la era kirchnerista en la Argentina.

Fernández de Kirchner, de 58 años, postergó hasta último momento la confirmación de su candidatura a la reelección. Se habló de dudas, tristeza por la muerte en octubre pasado de su esposo y antecesor Néstor Kirchner (2003-2007), pero también de tiempos políticos y estrategia.

Su amplio triunfo en las primarias, con una ventaja de más de 35 puntos sobre la oposición, ratificó el liderazgo que mostraban las encuestas y le da un fuerte impulso para las elecciones presidenciales del 23 de octubre, en un contexto internacional sacudido por la crisis global.

Cristina, a secas, como todos la llaman, forjó su carrera política en el peronismo con personalidad propia, a la par de su esposo. Pero gracias a él llegó en diciembre de 2007 a la primera magistratura. Sin pasar por elecciones partidarias internas, Néstor Kirchner decidió que sería su mujer la candidata presidencial del peronista Frente para la Victoria (FPV).

Cristina Fernández nació el 19 de febrero de 1953 en la ciudad bonaerense de La Plata, en el seno de una familia de clase media. Se graduó de abogada en la Universidad Nacional de La Plata, donde conoció a Kirchner, compañero de estudios y de militancia en el Partido Justicialista (PJ, peronista).

Carrera al lado de Kirchner

En 1975 se casaron y tras el golpe de Estado militar en marzo de 1976 se mudaron a Santa Cruz, la provincia natal de Kirchner, donde abrieron un bufete de abogados. Tuvieron dos hijos, Máximo y Florencia.

En 1987, Néstor Kirchner fue elegido alcalde de la capital santacruceña, Río Gallegos. Y a su lado Cristina Fernández fue forjando su carrera política como legisladora.

Fue votada diputada provincial en Santa Cruz, congresal constituyente en la reforma de la Constitución argentina y en 1995 ingresó al Congreso nacional, primero por la provincia de Santa Cruz y a partir de 2005, por su provincia natal, Buenos Aires.

Legisladora rebelde y díscola mientras su esposo ejercía como gobernador de la austral provincia de Santa Cruz, mutó al papel de senadora estrella cuando Néstor Kirchner asumió la presidencia.

En ese proceso fue también suavizando su imagen y logrando un estilo más glamoroso. Atrás quedó su cabello renegrido y con un flequillo endurecido por el spray para dar paso a un peinado más natural. No pudo sin embargo abandonar su adicción al maquillaje.

Al asumir la presidencia en 2007, recibió una nación en fuerte crecimiento pero al poco tiempo enfrentó la crisis política más difícil desde la llegada del kirchnerismo al poder: el conflicto con el campo.

El alza de impuestos a la exportación agrícola dividió a la sociedad y generó fuertes protestas durante meses que, según revelaron analistas y ex colaboradores, llevaron a la mandataria en pensar en dejar el cargo. Pero siguió adelante y consumó una de las medidas más audaces de su gestión con la ley que nacionalizó los fondos privados de retiro.

Luego llegó un nuevo revés político con la derrota de Néstor Kirchner en las elecciones legislativas de 2009, en las que el oficialismo perdió las mayorías propias en ambas cámaras. Pero el kirchnerismo desplegó su poderío y logró mantener la iniciativa gubernamental, aprovechando la gran fragmentación de la oposición.

Fernández de Kirchner redobló su estilo confrontativo, que no ocultó siquiera en foros internacionales y que suele generar crispación en quienes no comulgan con su propuesta, a la vez que profundizó la agenda social ampliando la asistencia estatal para los más pobres en pos de una sociedad más justa e igualitaria.

El golpe más duro lo sufrió el 27 de octubre pasado con la sorpresiva muerte de Kirchner en la austral villa turística de El Calafate, donde la familia posee su residencia privada. Decenas de miles de personas salieron a las calles en todo el país para expresar sus condolencias y su apoyo.

La pérdida de su compañero de toda la vida, del hombre fuerte de su Gobierno, fue también el renacimiento político de Cristina, que enfrentó las advertencias de que ya no podría seguir adelante sola y tras unos días de duelo regresó a su puesto en la Casa Rosada.

Su imagen no paró de crecer en la opinión pública. Desde entonces nunca abandonó el luto ni dejó de recordar a Kirchner en cada uno de sus discursos, aunque sin nombrarlo directamente. ‘La fuerza de Él’ es uno de los lemas centrales de su campaña electoral.