sábado, 27 de agosto de 2011

Ban Ki-moon pedirá un despliegue de una misión de paz en Libia

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El Mundo
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El Secretario General de la ONU asegura que el país está en «fase decisiva». Mientras tanto, la OTAN despeja el camino a los rebeldes para la toma del último bastión del régimen.

Informa así El País

La nueva Libia que quiere el Consejo Nacional de Transición (CNT) se pone en marcha, a expensas todavía de que se de con el paradero de Muanmar el Gadafi. Mientras los rebeldes siguen peinando el territorio libio en busca del dictador, el CNT ya ha anunciado que pronto restablecerá los servicios básicos dañados por la guerra. Gracias a la llegada a Trípoli de 32 barcos con abastecimientos de la coalición internacional de países amigos, pronto comenzará la distribución de los suministros esenciales. Es lo que ha anunciado el ministro interino Mahmoud Shaman -responsable de información-, que ha anunciado para hoy mismo 30.000 toneladas de carburante para paliar las necesidades inmediatas. En los barcos, fondeados frente a la costa, aguardan también suministros básicos como agua, alimentos y medicamentos.

El CNT también quiere restablecer cuanto antes los servicios básicos como electricidad y telecomunicaciones, encontrados todos ellos en mejores condiciones de las que esperaban, ya que no se han descubierto sabotajes. El titular de Información ha asegurado que en dos días podrán repartir a la población lo necesario para cocinar. Shaman ha hecho un llamamiento a los operarios de la refinería de Al Zauiya para que regresen a sus puestos de trabajo y retomen las operaciones del principal punto de suministro de carburante de la capital. «Los abastecimientos ya están en su sitio», ha asegurado el ministro interino, que ha explicado que saben que «unos días antes de la liberación», Trípoli estaba bajo el férreo control de la dictadura. «Empezamos de cero, sin sociedad civil, pero creo que seremos capaces de hacer lo mejor», ha insistido.

Además de cubrir con combustible las necesidades más inmediatas de la red eléctrica, el CNT precisa de la ayuda de las empresas y compañías proveedoras de servicios para que retomen sus operaciones. Aunque ya está en marcha el proceso para restablecer la normalidad en Libia, lo más importante para el gobierno de transición es terminar con la inseguridad del país.

Tanques, lanzamisiles, carros blindados y baterías antiaéreas se encaminan desde Bengasi y Ajdabiya hacia Sirte con paso lento para fijarse a unos 250 kilómetros de la localidad, en las inmediaciones de la refinería de Ras Lanuf, e iniciar allí de una vez por todas la toma de la ciudad natal del coronel Gadafi.

Están dirigidas por el comandante Fawzi Bukatif, al mando de un ejército de soldados y jóvenes rebeldes armados con fusiles Kaláshnikov y entusiasmados ante la posibilidad de ser ellos quienes encuentren al dictador, que se resiste a dejar el poder que ha ostentado en Libia durante 42 años.

Los rebeldes libios en Trípoli tratan de mantener la presión sobre las fuerzas gadafistas, solo organizadas aparentemente al sur de la capital, y han logrado unir sus esfuerzos con los combatientes del frente occidental de Misrata mientras intentan llegar hasta Sirte. Por el momento, las fuerzas rebeldes tomaron este viernes el puesto fronterizo libio-tunecino de Ras Jedir tras, con lo que los insurgentes han conseguido hacerse con la principal vía de abastecimiento y comunicación de Trípoli con Túnez, confirmó a Efe un militar tunecino. Los leales al autócrata, por su parte, han bombardeado el aeropuerto de Trípoli, según la cadena panárabe Al Arabiya. En la capital libia son frecuentes los cortes de electricidad y hace al menos seis horas que no hay agua corriente.

Ante la situación de violencia que vive el país, a la espera de la posible batalla final en la ciudad natal del dictador, y a la que ahora se suman las primeras informaciones sobre ejecuciones masivas, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha asegurado este viernes que pedirá al Consejo de Seguridad del organismo que estudie el despliegue urgente de una misión de paz en Libia, debido a la caótica situación en el país magrebí.

«Hemos entrado en una fase distinta y decisiva en Libia», aseveró ante la prensa Ban, que considera que sería «deseable» tener al menos un grupo allí que ayudara «a restaurar el orden y la estabilidad», objetivo para el que pidió la colaboración de la comunidad internacional. «Claramente los desafíos que Libia tiene delante son enormes», reconoció el máximo responsable de la ONU, quien este viernes celebró una reunión mediante videoconferencia con representantes de la Liga Árabe, la Unión Africana (UA), la Unión Europea (UE) y la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), para analizar el futuro del país africano sin Muamar el Gadafi al frente.

Bombardeo británico

Nadie sabe si puede esconderse en Sirte, pero si es así, ha debido sentir cuando menos el estallido de los misiles crucero Storm Shadow lanzados el jueves por la noche desde cazas Tornado británicos, según informó a la BBC el ministro de Defensa de Reino Unido, Liam Fox. Los aviones salieron desde la base de Marham, en el condado inglés de Norfolk, y lanzaron los misiles sobre un búnker situado en un cuartel militar de la ciudad. «No se trata de encontrar a Gadafi, sino de asegurarse de que el régimen no pueda seguir luchando contra su propio pueblo», explicó el ministro a la BBC.

La noticia fue recibida con alegría en Bengasi. En la plaza de la Libertad, convertida en una especie de santuario con miles de fotos de los muertos del conflicto, un grupo de hombres comentaba ayer la noticia mientras señalaba carteles de David Cameron, Nicolas Sarkozy y Barack Obama en los que se lee la frase: «Dios os bendiga». «Esto no podría haberse hecho sin ellos, estaríamos todos muertos y no habría paredes en esta ciudad para colgar las fotos de todos los mártires de esta revolución», aseguraba Mufta Abdulá, uno de los pocos taxistas que trabajaba ayer en una ciudad casi vacía por ser día de rezo. «Tienen que atacar más si queremos tomar Sirte», añadía.

Los aviones también alcanzaron 29 vehículos blindados cerca de la ciudad y algunas instalaciones de misiles tierra-aire en Trípoli, según un comunicado de la OTAN en Bruselas.

El objetivo de las tropas rebeldes es instalarse en Ras Lanuf, fuera del alcance de los BM-21 utilizados en Sirte, un sistema soviético de lanzamiento de cohetes despedidos desde 40 tubos al mismo tiempo conocidos como Grad. La idea es que todo el despliegue pueda completarse rápidamente y seguir avanzando en los próximos días por la carretera de la costa para iniciar el asalto definitivo al último bastión del régimen.

En los últimos días, los rebeldes se habían llegado a acercar a unos 150 kilómetros de Sirte, en la ciudad de Bin Yauad, pero los ataques con cohetes Grad desde la ciudad les habían hecho retroceder. Según indicó ayer la BBC citando a comandantes rebeldes, los combates en las ciudades que hay entre Ras Lanuf y Sirte se sucederán en los próximos cuatro días. Si alguna circunstancia inesperada no lo precipita todo, los rebeldes prevén estar a las puertas de Sirte el martes, quizá incluso el lunes.

Los rebeldes aseguran estar en contacto con los jefes de las tribus de la ciudad para tratar de convencerles y conseguir una rendición que evite una batalla final con miles de muertos. El Consejo Nacional de Transición ha repetido esa idea en los últimos días sin que se haya anunciado algún avance en ese sentido. Por ahora, todo parece apuntar a un combate áspero. Algunos informes de inteligencia manejados por organizaciones internacionales señalan que parte de la Brigada 32 comandada por el hijo menor del dictador, Jamis Gadafi, estaría esperando en Sirte.

En cualquier caso, si todo sale de acuerdo con los planes de los insurgentes, el conflicto no habría finalizado. La carretera de la costa, donde viven prácticamente la totalidad de los seis millones de habitantes de Libia, estaría despejada y eso permitiría al Consejo Nacional de Transición formar Gobierno, establecer medidas de seguridad, recuperar la producción de petróleo y garantizar los servicios de agua y electricidad.

Sin embargo, la mayoría de los combatientes gadafistas que han luchado estos días en Trípoli se han batido en retirada hacia el suroeste. Muchos temen en Libia que eso sea el principio de una guerra de guerrillas en el desierto y las montañas que duraría meses y que podría prolongarse aún más si su líder, el coronel Gadafi, no aparece.