miércoles, 14 de septiembre de 2011

Después de 20 horas las fuerzas afganas logran controlar la situación tras el ataque contra EE. UU. y la OTAN

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El Mundo
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Los insurgentes llegaron al lugar utilizando burkas, pero aún no se tiene del todo claro cómo lograron superar los controles de seguridad que hay en la denominada zona verde. Tras 20 horas de combate, las fuerzas afganas lograron controlar la situación. El saldo de la incursión: 11 muertos, entre ellos tres niños.


El País lo reportó así:


Las fuerzas de seguridad afganas han asegurado hoy de nuevo la zona verde de Kabul, después de un ataque, ocurrido ayer, contra la embajada norteamericana, el cuartel general de la OTAN y diversos edificios de la policía nacional. El atentado se ha saldado con 11 fallecidos, tres de ellos niños. Seis soldados de la fuerza internacional aliada resultaron heridos. Los insurgentes, seis en total, fueron abatidos o se suicidaron utilizando explosivos. Uno de ellos falló en su intento de llegar al aeropuerto civil.

Esta mañana todavía se oían explosiones aquí en Kabul. Las fuerzas de seguridad afgana estaban limpiando de granadas el edificio de 13 plantas en el que se habían atrincherado los insurgentes y desde el que habían atacado con rifles y explosivos la Embajada de EE UU. La estructura, en construcción, está deshabitada. A solo 300 metros de distancia de la embajada, su presencia, tan cerca de la zona verde, había provocado protestas por parte de las fuerzas norteamericanas.

Las bases militares aliadas siguen en estado de máxima alerta. Muchos de los accesos a la capital están aun cortados y el desplazamiento por Kabul es extremadamente dificultoso. Ayer, las tropas estadounidenses, por primera vez, asumieron una labor de mero apoyo en un gran despliegue protagonizado en realidad por las fuerzas de seguridad nacionales. En julio, el Pentágono le cedió a las tropas afganas el control sobre siete puntos del país, entre ellos la región Kabul (excepto la localidad de Surobi), dentro del repliegue inicial ordenado por Barack Obama.

 

Insurgentes con burka

 

«La ciudadanía de Afganistán ha elegido un camino hacia el futuro que pasa por esta transición», ha dicho hoy el comandante al mando de las tropas aliadas, general John Allen. «En ese ataque, los insurgentes lograron matar a civiles afganos, demostrando qué corrupta es su ideología, rechazada por la ciudadanía afgana. Las fuerzas de seguridad afganas actuaron de forma valiente, contuvieron a los insurgentes y eliminaron la amenaza… Los insurgentes fallaron de nuevo».

Aun queda la duda, sin embargo, de cómo las tropas afganas permitieron a los seis insurgentes llegar hasta las puertas de la zona verde, a través de los muchos controles de seguridad que hay en Kabul. Según varios testigos presenciales, los insurgentes llevaban burkas, algo que les da libertad de movimiento, pues la policía nacional afgana carece de personal femenino que pueda registrar a mujeres.

El Pentágono ha iniciado ya la retirada prometida por el presidente Barack Obama con el repliegue de 1.600 soldados norteamericanos. Antes del verano que viene se habrán retirado 33.000 de los 101.000 militares que prestan servicio en el país. Hace solo unos meses, Kabul ocupaba en los planes de retirada un lugar destacado. Los recientes problemas de seguridad podrían aplazar la salida de la capital.

El ataque llega dos días después del décimo aniversario de los atentados del 11-S, y a un mes de que se cumpla, también, una década del inicio de la guerra afgana. Comenzó como una contienda convencional y ha pasado a convertirse en una operación contrainsurgente. Según cifras de la ONU, en los primeros seis meses del año han muerto 1.462 civiles en Afganistán.