lunes, 19 de septiembre de 2011

Obama buscará un acuerdo que impida la declaración de un Estado palestino

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El Mundo
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La ciudad de Nueva York recibe hoy a los líderes mundiales y comenzará así una semana de fuerte trabajo en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Está previsto en la agenda que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se implique personalmente en en debate en el que se podría decidir el futuro del conflicto palestino-israelí. La intención de Obama es que se impida o se retrase la proclamación de un Estado palestino.

La información la tiene El País:


 

Barack Obama se traslada hoy a Nueva York para implicarse personalmente en lo que será una semana de intensa actividad diplomática en las Naciones Unidas, que puede decidir el futuro del conflicto palestino-israelí y afectar considerablemente a la precaria estabilidad en todo Oriente Próximo. El presidente norteamericano llega aún con esperanzas de un acuerdo que impida o retrase la proclamación de un Estado palestino

Esa esperanza radica en que el procedimiento de la ONU da tiempo para nuevas, aunque difíciles, propuestas de negociación, y en el hecho de que Estados Unidos espera contar con más aliados de los que se cree para abortar la iniciativa anunciada por los palestinos y que presentará oficialmente su presidente, Mahmud Abbas, en un discurso ante la Asamblea General el próximo viernes.

Abbas ya ha anticipado que introducirá su demanda de reconocimiento como Estado independiente a través del Consejo de Seguridad, donde Estados Unidos tiene un poder de veto que está decidido a utilizar si no hay otra alternativa. «Si esto viene al Consejo de Seguridad, nos opondremos muy fuertemente porque creemos que [la declaración unilateral de un Estado] sería contraproducente. No creemos que actualmente esto conduzca a lo que queremos, que es la solución de dos Estados», declaró Obama la pasada semana a la agencia Efe.

Los palestinos eligieron el camino del Consejo de Seguridad, donde podrían convertirse en un miembro de la ONU con todos los derechos, en lugar del de la Asamblea General, donde su victoria estaría garantizada pero no obtendrían la plena membresía. Eso aumenta la responsabilidad de Estados Unidos, pero abre también más tiempo a la búsqueda de una solución, puesto que los países con derecho de veto cuentan con mecanismos para postergar el voto.

La Administración norteamericana quiere impedir a toda costa desembocar en una situación en la que su solo veto frustre la declaración de un Estado palestino. Eso no solamente abriría una brecha entre Estados Unidos y los palestinos que podría dar lugar a manifestaciones de protesta y violencia, sino que echaría por tierra todos los esfuerzos de Obama por construir una nueva relación con el mundo árabe a partir de la sublevación popular en varios países de la región.

Obama apoyó la primavera árabe, dejó caer a un estrecho aliado como Hosni Mubarak, encabezó los primeros esfuerzos militares para derrocar a Muammar el Gadafi y ha pedido públicamente la dimisión del presidente de Siria, Bachar el Asad. Con esos argumentos, Obama confía en ser capaz de establecer una nueva dinámica de cooperación en un área donde la popularidad de EE UU quedó maltrecha tras la guerra de Irak. Todo eso puede ahora naufragar si un veto en la ONU hace patente a los árabes de qué lado está Obama cuando Israel lo necesita.

Paradójicamente, el presidente norteamericano ha vivido en el pasado reciente peores momentos de tensión con sus aliados israelíes que con los palestinos, debido a su oposición a los asentamientos y a la solicitud de un Estado palestino en las fronteras de 1967. Esa tensión ha sido tan grave que hoy se especula con la posibilidad de que Obama pierda en las elecciones de 2012 buena parte del voto judío, mayoritariamente demócrata en las últimas décadas.

Nada de eso le valdrá para convencer a los palestinos de su buena voluntad si tiene que imponer su veto en solitario. Así pues, Estados Unidos está buscando aliados en el Consejo de Seguridad para actuar en compañía y ganar tiempo hasta conseguir que palestinos e israelíes reanuden las negociaciones bilaterales.

Es una tarea difícil pero no imposible. Otros países, además de Estados Unidos, están preocupados por la escalada de crisis que podría suceder a la admisión de Palestina como un Estado de la ONU, aun sin pleno reconocimiento. La aprobación de la Asamblea General sería suficiente para que Palestina pudiera denunciar a Israel ante la Corte Penal Internacional de La Haya y transformaría en ocupantes a la población israelí que vive por detrás de las fronteras de 1967. Todo ello convertiría en imposible una negociación que ya hoy está cerca de serlo.

Como consecuencia, Estados Unidos está realizando gestiones de toda clase para conseguir un robusto bloque de oposición en el Consejo de Seguridad y, al mismo tiempo, elaborar, junto con Europa, una propuesta de negociación viable. «No voy a predecir aún cuál puede ser el resultado de una votación, pero hay más de un miembro del Consejo de Seguridad que en estos momentos son escépticos» a la propuesta palestina, ha asegurado la embajadora norteamericana ante Naciones Unidas, Susan Rice.

Se esperan, pues, a partir de hoy jornadas difíciles hacia un final todavía incierto. Netanyahu hablará en la ONU precisamente el mismo día que Abbas. Lo que diga -o más bien, lo que haga- sobre el problema de los asentamientos puede abrir o cerrar definitivamente la puerta a una negociación.