sábado, 8 de octubre de 2011

Julio Mario Santo Domingo, influyente empresario de Colombia, falleció hoy a los 87 años

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El Mundo
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A Julio Mario Santo Domingo no sólo se le recordará por poseer gran parte de las más grandes empresas colombianas, sino también por su labor filantrópica a favor del arte y la cultura. En un momento determinado, cuando el diario El Espectador estuvo a punto de la quiebra, vino don Julio Mario y lo salvó. Este hombre elegante y distinguido, falleció hoy en Nueva York, a los 87 años.

Un recuerdo y una reflexión

El Espectador

“¿Tú no conoces a Julio Mario?” Me preguntó hace mucho tiempo García Márquez. “Claro que no”, le dije yo, con ese tono algo displicente que nos gastamos a veces cuando se nos pregunta por alguien que -dada su inmensa riqueza- parece pertenecer a otra especie y venir de otro planeta. “Tienes que conocerlo”, insistió García Márquez, “es una de las personas más extraordinarias que existen.” Antes de que él me lo dijera yo no tenía mucho interés en conocerlo; era como si alguien me preguntara si conocía al Papa, o al presidente de Estados Unidos. Personas misteriosas, de un mundo raro, aparte, al que no pertenezco ni quiero pertenecer.

Después pasaron cosas. Ocurrió que un empresario que uno asociaba más con las cervezas o con los celulares que con el conocimiento, resolvió salvar a El Espectador de una quiebra inminente. Y no sólo salvó esta empresa, que es un orgullo del periodismo colombiano, sino que (al menos en lo que a mí me consta como miembro del Consejo Editorial), nunca metió la mano para decir lo que debía pensarse o publicarse y lo que no.

De algún modo, creo yo, nuestro diario era visto por él más como un patrimonio cultural colombiano que como una empresa a la cual había que hacerle generar recursos. Apoyar un museo o una orquesta, construir una biblioteca y una sala de conciertos, patrocinar una Escuela de Artes y Oficios, no era tan distinto (en su imaginación) a apoyar un periódico que cree en la libertad y en la democracia, sobre todo en un período en que los diarios de papel están en crisis económica en el mundo entero.

Por esto -y siguiendo el consejo de García Márquez- me sentí muy honrado la única vez en que pude conocerlo y conversar un rato con él. Camino de su casa recordé que un amigo suyo me había dicho que don Julio Mario se molestaba si uno no usaba corbata durante los almuerzos en su casa. Menos mal que en Nueva York venden corbatas -no muy bonitas, pero tampoco horribles- en las esquinas, y poco antes de llegar compré una y me la puse lo mejor que pude.

Fue un almuerzo bonito. Don Julio Mario -elegante como siempre y con una corbata que parecía venida de otro planeta- dijo lo orgulloso que se sentía de tener un periódico como este en donde tantos periodistas trabajamos con libertad. Orgulloso de su historia de independencia, de la familia Cano que lo fundó, y orgulloso de poderlo apoyar como se apoya una orquesta, un museo o una biblioteca. Si se puede sacar dinero de él, muy bien y ojalá. Pero ante todo como un pilar de libertad, de democracia y de libre pensamiento en una sociedad que tanto necesita voces y periodismo independiente.

Solo por esto, sólo por su compromiso por el periodismo libre de Colombia (no sólo en El Espectador, también en Cromos, Shock y en el Canal Caracol), debemos rendir un tributo de agradecimiento al hombre de empresa que fue Julio Mario Santo Domingo. Como tantas veces, García Márquez tenía de nuevo razón: era un hombre extraordinario.  Héctor Abad Faciolince – El Espectador

A los 87 años, falleció en Nueva York Julio Mario Santo Domingo

El Tiempo

El empresario consolidó uno de los principales imperios de los negocios en Colombia.

Dueño de un emporio empresarial que incluyó a más de un centenar de compañías, entre ellas Bavaria, Sofasa, Caracol, Cromos y Avianca, Julio Mario Santo Domingo queda en la historia del país como uno de los personajes más poderosos e influyentes en la vida política y económica del siglo XX.

En la última clasificación de la revista Forbes sobre los hombres más ricos del mundo, apareció en el puesto 108, con una fortuna de 8.400 millones de dólares, 100 millones de dólares más que la del recién fallecido Steve Jobs, fundador de Apple.

Don Julio Mario, como se le conoció, fue hijo de Beatriz Pumarejo y del industrial Mario Santo Domingo, pionero de la aviación comercial colombiana y fundador de Cervecería Águila.

Nació en Panamá el primero de octubre de 1924, pero su vida familiar y empresarial estuvo ligada a Barranquilla.

Se casó dos veces. La primera vez, con la brasileña Edyala Braga, con quien tuvo a Julio Mario Santo Domingo Braga, quien falleció en el 2009. Justamente, se dice que la pena que le causó el deceso de su hijo mayor deterioró su salud en los últimos años.

Su última aparición pública fue en una boda, en Cartagena, en enero de este año.

Estaba casado con Beatrice Dávila. De esta unión tuvo a Andrés y a Alejandro, este último es quien ha estado en los últimos años al frente de las actividades empresariales de la familia.

Su familia es reconocida al más alto nivel en los círculos de la aristocracia de Europa. Tatiana, su nieta, es novia del príncipe Andrea Casiraghi de Mónaco.

Dueño de una presencia imponente y elegante, alrededor de su personalidad se han tejido muchas historias. Incluso, existe una biografía no autorizada de su vida escrita por el periodista Gerardo Reyes.

En su juventud, también fue cercano al Grupo de Barranquilla, y compartió con figuras como el Nobel Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio y el pintor Alejandro Obregón, entre 1940 y finales de los años 50.

Las actividades filantrópicas en Colombia y fuera del país son parte de su legado, señalaba el comunicado oficial que se divulgó anoche para confirmar su deceso.

Las más representativas son la Fundación Mario Santo Domingo, especializada en microcrédito y autoconstrucción; la Escuela de Artes y Oficios; la construcción de la cuarta megabiblioteca de Bogotá y el Teatro Mayor que lleva su nombre y que se inauguró con su presencia el 27 de mayo del 2010.

Igualmente, gracias a su apoyo funciona un programa de becas para estudiantes de escasos recursos, pero con excelentes capacidades académicas para que puedan estudiar su carrera en la Universidad de los Andes.