martes, 25 de octubre de 2011

Amnistía Internacional acusa al régimen sirio de torturas en los hospitales

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El Mundo
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Testigos y médicos revelan en un informe que las fuerzas de Bashar al Assad han convertido los centros de salud en centros de represión.

Informa así El País

Amnistía Internacional acusa al Gobierno sirio de torturar a heridos en los hospitales y asegura que en algunos casos el propio personal médico y sanitario participa en los malos tratos. El Consejo Nacional Sirio, una organización opositora compuesta mayoritariamente por exiliados, ha pedido por su parte el envío a Siria de observadores internacionales, para que se verifiquen las abundantes noticias de vulneraciones de los derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad.

Según un informe de Amnistía Internacional, los cuerpos policiales y militares de Bashar al Assad disponen de “plena libertad” en los hospitales. Se cita como ejemplo que el mes pasado las fuerzas de seguridad registraron un hospital de Homs en busca de un dirigente de la oposición; al no encontrarle, detuvieron y se llevaron a 18 pacientes, al menos uno de los cuales fue desconectado del aparato de respiración asistida.

Para ilustrar los casos de cooperación directa del personal hospitalario con la policía, Amnistía Internacional utiliza denuncias de médicos recién exiliados. Uno de ellos declaró a la BBC que vio cómo una enfermera golpeaba a un joven de 14 años que acababa de ser internado con heridas de bala; cuando denunció los hechos ante el director del hospital, la enfermera le acusó de ser islamista y le obligó a escapar del país.

Según la organización humanitaria, muchos sirios heridos en las manifestaciones rehúsan acudir a los hospitales, incluso si su estado es grave, por temor a ser detenidos.

El Consejo Nacional Sirio, una organización opositora constituida en Estambul el pasado mes de agosto, sigue rechazando cualquier tipo de intervención militar extranjera porque considera que causaría un enorme derramamiento de sangre. Pero reclama a los gobiernos del mundo que exijan a Bashar al Assad el derecho a enviar observadores, para verificar los abusos por parte de las fuerzas gubernamentales. El presidente El Asad insiste en que no hay torturas en Siria y que la violencia en las calles, creciente desde que comenzaron las manifestaciones de protesta en marzo, se debe a la actuación de bandas armadas islamistas patrocinadas por países extranjeros.

La ONU ha contabilizado hasta ahora unos 3.000 muertos, en su gran mayoría civiles. Bashar al Assad ha ofrecido varias veces abrir un diálogo con la oposición, pero tanto los límites de ese diálogo (el Gobierno se niega a hablar con representantes de la organización islamista ilegal Hermanos Musulmanes) como el hecho de que la propuesta no vaya acompañada de un alto el fuego, han impedido que se concretara nada.

En realidad, no existe ninguna vía de diálogo entre Gobierno y oposición. El embajador de Estados Unidos en Damasco, Robert Ford, ha abandonado el país porque, según Washington, después de mantener contactos con miembros de la oposición recibió “amenazas serias” por parte de fuerzas progubernamentales y se temía por su vida. Como represalia, Siria ha retirado a su vez a su embajador en Estados Unidos.