viernes, 4 de noviembre de 2011

Otto Pérez Molina es favorito para la segunda vuelta de elecciones presidenciales en Guatemala

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El Mundo
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Aunque los hipotéticos resultados varían según la encuestadora, Pérez Molina, general retirado, tiene en todos los escenarios más del 50% de intención de voto. Su rival, Manuel Baldizón, llega a esta segunda ronda con la sensación de qie nada está escrito todavía.

Informa así El País

Tras una larga campaña que tuvo la virtud de agotar la paciencia de los guatemaltecos, los dos aspirantes a gobernar el país centroamericano, el general retirado Otto Pérez Molina, y el millonario populista Manuel Baldizón, llegan a la segunda vuelta electoral con ventaja del militar en las encuestas, pero con la sensación de que nada está escrito todavía. Según el último sondeo del periódico Prensa Libre, publicado ayer, 3 de noviembre (fecha límite que establece la Ley Electoral), Pérez Molina tiene una intención de voto del 58,5%, contra el 41,5% de Baldizón.

Según la muestra, los partidarios de Pérez Molina se concentran en las áreas urbanas (62%-38%), mientras que en el área rural, con los mayores índices de analfabetismo y pobreza, esta ventaja se reduce (52,5%-47,5%). Otra encuesta, publicada por El Periódico el 24 de octubre, da al general retirado una intención de voto del 51,9% contra el 44,9% de su rival. La incertidumbre radica en la participación electoral. La tendencia histórica muestra que en una segunda convocatoria a las urnas crece el abstencionismo. En primer lugar porque las autoridades locales están ya elegidas y, en segundo término, porque un sector importante de la población se ha quedado sin favorito.

La seguridad centra el debate

Ambos candidatos han prometido dar prioridad al problema de la inseguridad ciudadana. Guatemala, con 48 homicidios por cada 100.000 habitantes, está considerado como uno de los países más violentos del mundo. Es un problema sumamente complejo y de origen múltiple. Está la violencia común, engendrada en las villas miseria donde la juventud nace y crece sin ningún porvenir. Está la violencia política, abonada por una guerra de guerrillas durante casi cuatro décadas en las que se cometieron crímenes de lesa humanidad, que siguen impunes. A esto se suma la violencia de las bandas del narcotráfico, que pelean por controlar el territorio. Según estadísticas de la Embajada de Estados Unidos, el 80% de la cocaína que llega al gran mercado del norte pasa por Guatemala.

Para poner fin a esta violencia, Pérez Molina ha ofrecido gobernar con “mano dura”. Su formación militar y su trayectoria –ganó los galones en las trincheras– respaldan el ofrecimiento. Baldizón, por su parte, ofrece la aplicación “sin que le tiemble la mano” de la pena de muerte.

En el umbral de la pobreza

Pero la violencia es solo un síntoma del mayor problema de Guatemala: la tremenda desigualdad social. Según estadísticas oficiales, el 51% de los guatemaltecos (de más de 14 millones de personas) vive en el límite de la pobreza. Esta cifra crece hasta al 80% en las poblaciones indias del altiplano occidental.

Al respecto, tanto Pérez Molina como Baldizón han ofrecido continuar con los programas sociales impulsados por el Gobierno de Álvaro Colom y que beneficiaron a cientos de miles de pobres con las llamadas “bolsas solidarias” (alimentos), y las ayudas económicas a las familias que envían a sus hijos a la escuela y al médico en el calendario previsto. En Guatemala, la mitad de los niños menores de cuatro años sufre desnutrición crónica aguda.

Y para enfrentar esta problemática, el hombre que gane las elecciones del domingo encontrará un Estado sumamente débil, con instituciones infiltradas, hasta los tuétanos, por la corrupción.

De acuerdo al censo electoral, más de 7,3 millones de guatemaltecos están convocados, el domingo 6, a las urnas para la segunda ronda electoral de donde saldrá elegido el hombre que dirigirá los destinos del país hasta 2016.