miércoles, 14 de diciembre de 2011

Ejército peruano reduce el área de acción de grupo terrorista Sendero Luminoso

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El Mundo
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Lucha anteterrorista, Perú, Ejercito peruano,

Sendero Luminoso, el grupo terrorista que durante varios años asoló al Perú y que fue destruido casi en su totalidad durante el gobierno de Alberto Fujimori, aún controla una pequeña parte del territorio nacional, entre los valles de los ríos Apurímac y Ene, en el centro del país. Pero la acción de las Fuerza Armadas ha ido poco a poco reduciendo su área de acción, de 162 mil km2 a 20 mil km2. Es difícil el combate porque los terroristas están asociados con los narcotraficantes y la población campesina del lugar que vive del sembradío de la coca.

Texto y foto: La República.pe

Cuando las Fuerzas Armadas iniciaron el 30 de agosto del 2008 la contraofensiva antiterrorista bajo el nombre de «Operación Excelencia 777» en el valle de los ríos Apurímac y Ene, Sendero Luminoso contaba con un área de influencia de 162 mil kilómetros cuadrados. Y el Ejército en ese momento sólo tenía 20 bases contrasubversivas, 30 menos respecto al año 2000.

Han transcurrido más de tres años y las fuerzas de seguridad han conseguido reducir a 20 mil kilómetros cuadrados el espacio en el que se desplazan los senderistas y han logrado instalar 33 bases contrasubversivas. Las Fuerzas Armadas miden si avanzan o retroceden respecto al enemigo en función del territorio que se le conquista. En Pichari, sede de la Región Militar del Vrae (Vrae, Valle de los ríos Apurímac y Ene), bajo el mando del general de división EP Víctor Montes Barrios, la evaluación es que se ha «encapsulado» a los terroristas en un territorio más pequeño.

Ahora las Fuerzas Armadas han ingresado en una etapa de «movilidad táctica«, que consiste en el desplazamiento de las bases contrasubversivas según el movimiento de los senderistas, que se han retirado hacia la zona selvática del río Ene, en la provincia de Satipo, Junín, y en las zonas selváticas de las provincias de Huanta y La Mar, Ayacucho, y La Convención, Cusco.

Si las Fuerzas Armadas han reducido significativamente el área de influencia de los terroristas, y éstos se encuentran en franco repliegue, ¿cómo se explican los recientes ataques en Unión Mantaro (21 de noviembre) y en Ayna (12 de diciembre), con el saldo de dos efectivos muertos y varios heridos?

«Esos ataques no demuestran que Sendero Luminoso avanza o que nosotros estamos en retroceso. Son actos desesperados para intentar demostrar que siguen presentes por todos lados. Antes, ellos atacaban en columnas, ahora lo hacen con francotiradores que esconden su arma y se hacen pasar por agricultores. Hay una gran diferencia», explicó el jefe del Estado Mayor de la RMV, general de brigada José Longa López.

«Lo cierto es que en el 2008, al arrancar la Operación  Excelencia 777, los narcoterroristas se movilizaban en un área de 162 mil kilómetros cuadrados. Ahora solo están en 20 mil km2. Les hemos ganado 142 mil 200 kilómetros cuadrados en tres años», dijo una fuente del Alto Mando de la RMV.

GANANDO TERRENO

Los altos mandos entrevistados durante un recorrido por el Vrae reconocieron que es muy importante capturar a los cabecillas de Sendero Luminoso, principalmente al jefe político, Víctor Quispe Palomino, «camarada José», y al mando militar Orlando Borda Casafranca, «camarada Alipio».

Pero señalaron que la guerra también se mide por el terreno arrebatado al enemigo.

«En tres años (del 2008 al 2011), no se puede recuperar lo que se dejó de trabajar en siete años (2000-2007) en el Vrae», arguyó el general Leonardo Longa López: «Desde que iniciamos la contraofensiva en el 2008, los dirigentes senderistas han sido identificados; ahora tienen rostro y nombre y apellido, y no se pueden movilizar libremente por la zona. Eso no ocurría antes. Los senderistas tenían un plan de expansión para llegar hasta Bolivia. Pero hemos conseguido encapsularlos».

Según el general Leonardo Longa, al Ejército se le reclaman rápidas victorias, pero no se considera que cuando se reiniciaron las operaciones militares en el Vrae en el 2008 se empezó virtualmente desde cero.

Hay, sin embargo, un gran problema que enfrentan las Fuerzas Armadas. No tiene a su favor a toda la población. ¿La razón? El narcotráfico.

POBLACIÓN DE ESPALDAS

La presencia del Ejército es una amenaza para la actividad ilegal que les da de comer. Por eso, colaboran con los narcoterroristas. De hecho, en el ataque del 21 de noviembre a la base contrasubversiva Unión Mantaro, se detectó que los pobladores facilitaron a los senderistas cobertura para que dispararan con facilidad, según fuentes de inteligencia castrense.

Canayre, otro centro poblado del distrito de Llochegua, cercano a Unión Mantaro, también fue parte del ámbito de influencia senderista. Ahí el Ejército ha reactivado una base contrasubversiva. Pero los militares no son del agrado de los pobladores, que en mayoría se dedican al cultivo de hoja de coca y a la producción de droga.

«Sendero Luminoso no es nuestro problema. Para nosotros es común ir por las chacras y encontrarnos con ellos. Nada podemos hacer. No los denunciamos porque no queremos meternos en problemas. Para eso están los militares. Que los encuentren, pues. Por conocerlos no nos pueden acusar de terroristas. Verlos es pan de cada día», afirmó el teniente gobernador de Canayre, Segundo Garrido Marín.

«A partir del año 2000, las Fuerzas Armadas debieron ingresar en un proceso de consolidación de la victoria sobre la subversión. Pero no se hizo, lo que permitió que remantes terroristas se desarrollaran. Sendero Luminoso aprovechó la ausencia de las Fuerzas Armadas entre el 2000 y 2008 y se vinculó con el narcotráfico. Juntos, senderistas y narcotraficantes, convirtieron la hoja de coca como medio de vida de la población pobre. Eso explica por qué no nos quieren en la zona», explicó por su parte el general Longa.

LA GUERRA AVANZA

Incluso los «comités de autodefensa«, que durante la guerra contra Sendero Luminoso cumplieron un papel decisivo  en la derrota de la organización maoísta a fines de los años 90, ahora son indiferentes a los esfuerzos de los militares por destruir a los terroristas. Ahora reducen sus actividades a combatir los delitos comunes.

«No tenemos una buena relación con el Ejército. No nos comunica nada sobre sus acciones y actúan por su lado. Nosotros nos encargamos solamente de la lucha contra la delincuencia, como violaciones sexuales, agresiones familiares, robos, etc.», manifestó el vicepresidente del Comité Central de Autodefensa del distrito de Llochegua, Moisés Bermudo Arana.

Las «autodefensas» tampoco enfrentan a los narcotraficantes, por la simple razón de que sus integrantes son campesinos cocaleros.

El general Leonardo Longa López admitió que en la guerra contra Sendero Luminoso es importante la participación de las «autodefensas».

«Entre 1980 y el 2000, la población participó en la lucha antiterrorista y triunfó. Los comités de autodefensa intervinieron activamente y fueron los que inclinaron la balanza a favor de la guerra contra Sendero Luminoso. El conocimiento que tenían los integrantes de las autodefensas de la zona de conflicto fue decisivo para la derrota de los senderistas. Esa experiencia es la que necesitamos ahora», indicó el general Longa.

«Hemos descuidado a los comités de autodefensa y las comunidades nativas que también participaron en la derrota de los terroristas. Ellos quieren un pago para contribuir a la lucha. Yo creo que se les debe abonar un pago», apuntó el general Longa.

Fuentes militares en la zona de conflicto afirmaron que la mayor parte del país desconoce la evolución de la guerra en el Vrae.

«Hace dos semanas se desactivaron tres bases contrasubversivas: Vizcatán, Tincuya y Judas, porque ya no tiene sentido tenerlas en esos lugares porque los senderistas se han desplazado hacia otras zonas. Ahora esas bases serán reubicadas en áreas donde es necesaria la persecución del enemigo.

Pero en Lima se ha publicado que estamos retrocediendo porque se han cerrado las bases contrasubversivas. No se han dado cuenta de que la guerra ya no es por territorio sino de movilidad táctica», arguyeron las fuentes militares.

Para el general Leonardo Longa la captura del «camarada José» no será el final de la guerra en el Vrae. «Esta es un guerra política y no militar. La guerra terminará cuando acaben los problemas del Vrae», apuntó.

EN CIFRAS

20 bases contrasubversivas había en el el Vrae en el 2008.

33 son ahora las bases contrasubversivas activas en el Vrae.

3,000 hombres de las Fuerzas Armadas se encuentran desplegados en el Vrae.

María Elena Hidalgo – La República