miércoles, 11 de enero de 2012

Mitt Romney triunfa en New Hampshire y sigue adelante en las primarias republicanas

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El Mundo
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Mitt Romney, Candidato republicano,

Mitt Romney volvió a ganar en la primarias Republicanas, esta vez en New Hampshire. Obtuvo el 39 % de los votos, seguido por Ron Paul, con 23 %, una diferencia de 16 puntos.

La sorpresa fue Rick Santorum, segundo en Iowa, quien obtuvo sólo el 9,3% de la votación. Algunos críticos dicen que Romney aún no puede cantar victoria y debe vencer en Carolina del Sur el próximo 21 de enero.

El País

Mitt Romney ha obtenido en las primarias del Estado de New Hampshire, como estaba previsto, una victoria holgada, suficiente para ratificar su condición de favorito a la nominación a la candidatura presidencial del Partido Republicano, pero aún no tan contundente como para desanimar a sus contrincantes a seguir presentándole batalla e intentar derrotarle en escenarios que les sean más propicios.

Romney ha obtenido, con un 92% de las papeletas escrutadas, un 39% de los votos, por delante de Ron Paul (23%) y Jon Huntsman (17%). Es un triunfo claro, que, sumado al que obtuvo la pasada semana por ocho votos de diferencia en Iowa, lo convierte en ganador en las dos primeras contiendas de estas primarias, algo que pocos han conseguido antes y que constituye un éxito inapelable.

Pero Romney no solo competía aquí contra Paul o Huntsman, ambos rivales menores que nunca tuvieron posibilidades de llegar muy lejos en la carrera presidencial. Romney competía también con las dudas que su candidatura ha despertado desde el principio en las filas conservadoras del partido, que solo se pondrán de su lado, si acaso, cuando su nominación sea ya un hecho. Y, en ese sentido, la victoria de hoy en New Hampshire exige más consideraciones.

Romney ha obtenido menos de un 8% más de los votos que consiguió en este Estado en 2008, cuando quedó segundo. New Hampshire es un territorio muy favorable para Romney, no solo porque este es un espacio para los moderados en el que las primarias están abiertas también a independientes y demócratas, sino porque además es un Estado vecino y muy vinculado a Massachusetts, donde Romney fue gobernador y ha desarrollado toda su carrera política. Romney es popular aquí desde hace muchos años y se valora de él, precisamente, lo que se le critica en otros lugares, su centrismo y capacidad de adaptación a las circunstancias.

La noche en New Hampshire ha dejado otros mensajes sobre la campaña republicana. Huntsman, el más moderado en esta carrera, lo ha hecho bien, pero no tan bien como para pronosticarle otros éxitos en el futuro. Su supervivencia en la disputa dependerá del tiempo que él quiera insistir en hacerse un nombre de cara al futuro. Paul, que ha quedado segundo, se ha ganado, en cambio, el derecho a ser tenido en cuenta dentro de un partido en el que su presencia resulta absolutamente exótica. Su radical predicamento contra toda presencia del Estado tiene muchos adeptos en estos tiempos, y el partido habrá de entenderse con Paul si no lo quiere tener en su contra. Mucha gente le corteja para que sea candidato presidencial de un tercer partido.

Newt Gingrich, que se ha quedado en el 9,4% de los votos, ha sido uno de los derrotados de la jornada. El otro ha sido Rick Santorum, el segundo en Iowa, que aquí apenas ha llegado al 9,3%. Pero lo cierto es que los dos son demasiados conservadores para tener opciones en New Hampshire. Tanto ellos como Rick Perry, que ni siquiera hizo campaña en este Estado, esperarán a Carolina del Sur, el día 21, para jugarse todas sus cartas.

Carolina del Sur, donde el voto demócrata está dominado por la derecha religiosa, va a ser una gran prueba sobre la fortaleza de cada cual. También para Romney, que tiene que ganar allí para acabar con este debate sobre su debilidad. Cuanto más tarde en consolidarse como un aspirante creíble, más difícil le va a resultar aglutinar a todas las fuerzas que requiere para presentar seria batalla a Barack Obama en noviembre próximo. Si Romney no consigue movilizar al Tea Party y a los conservadores, además de abrir el campo hacia los moderados, sus posibilidades de victoria en las presidenciales se reducirían considerablemente.

Todo está en manos de Romney. Él es quien debe convencer a los escépticos y ser capaces de unir energías ahora diseminadas. Seguramente va a recibir mucha ayuda del establishment republicano (congresistas, gobernadores, fuerzas económicas), preocupado por la erosión que se está produciendo en la credibilidad del partido. De hecho, ha sido sustancial en las últimas semanas la inyección de dinero en los Comités de Acción Política (PAC, en sus siglas en inglés) que respaldan a Romney. Los PAC, que están teniendo un gran protagonismo en estas elecciones, están autorizados a gastar ilimitadas cantidades en propaganda puesto que, formalmente, no son parte de una campaña sino instrumentos de divulgación de ideas políticas.

Pero, en última instancia, es el candidato quien tiene que conseguir resultados contundentes para robustecer su posición. Si un candidato llega a la convención del partido –la republicana será en agosto en Tampa (Florida)– con el número de delegados suficientes como para ser nominado pero sin haber ganado la autoridad necesaria para competir contra el rival demócrata, existe una posibilidad teórica de elegir a otra persona, aunque eso significaría un escenario de crisis del que el Partido Republicano pretende huir a toda costa.

Romney tiene que ganar fuerza mucho antes de la convención, y tiene que empezar a hacerlo ya. Su problema es que le falta autenticidad para conseguirlo. Además de que su conversión al conservadurismo sea sospechosa –abundan las pruebas de centrismo que dio durante su tiempo como gobernador y político de Massachusetts-, sus ideas económicas son cuestionables. El diario The Wall Street Journal ha calificado el programa económico de Romney por detrás de los de Santorum o Gingrich, por su falta de originalidad y de audacia para afrontar los problemas que en estos momentos tiene el país.

A eso se suma ahora el episodio de Bain Capital, la firma de inversiones que Romney dirigió desde mediados de los años ochenta hasta el final de los noventa, que crea incertidumbre sobre la capacidad de éste como empresario, lo que se suponía su punto más fuerte, así como sobre su sentido de la solidaridad con las clases medias. Probablemente, las operaciones de Bain Capital, donde compró empresas en quiebra para reestructurarlas y volverlas a vender a mejor precio, no serán muy cuestionadas en las primarias republicanas, pero sí lo pueden ser en las posteriores presidenciales.