viernes, 13 de enero de 2012

Indigencia subterránea, a la luz de Montreal

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Montreal Vivo
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Sobre Montreal vivo

Amaré un día a Montreal como a La Habana. Lo presiento porque han comenzado a dolerme sus miserias y porque cuando regreso de otra ciudad, pienso: “llegamos a casa”.

Montreal vivo es el resultado de ese naciente amor y de otra pasión mayor en mi vida: el periodismo. Estas líneas servirán, espero, para narrar la ciudad en español, en sus hechos cotidianos o en las maravillas que encierra su patrimonio, su historia, su cultura. Dedicadas a los emigrantes hispanos, a quienes aspiran a hacer de Quebec su segunda patria, o simplemente a quienes quieren conocer cómo se vive aquí, en esta otra isla.

Me alimentaré de las noticias y de mi propia experiencia como emigrante. Espero también, en los comentarios, recibir críticas y sugerencias que me ayuden a mantener la brújula hacia un buen norte.

Gracias.

Indigencia subterránea, a la luz de Montreal

La muerte concedió unas líneas de trágica celebridad a Farshad Mohammadi, cuando la semana pasada cayó abatido en la estación Bonaventure. Los archivos de Surété Québec revelaron su nombre, su edad –34 años– y su origen iraní. Un amigo entrevistado por La Presse lo describió como un hombre apacible, pero agobiado por los demonios de la guerra y las drogas. Soñaba con irse a Ottawa para reiniciar su vida.

Mohammadi era uno más de los indigentes que habitan en el  metro de Montreal, prácticamente invisibles para el millón de apurados pasajeros engullidos por los túneles cada día. El incidente que concluyó con su deceso ha reavivado el debate público sobre dos temas: el uso de la fuerza por el Servicio de Policía de la  Ciudad de Montreal (SPVM) y la indigencia.

Tiroteo en el Metro Bonaventure - Farshad Mohammadi

Radio-Canada

Diques de papel para crecida de indigentes

La indigencia ha aumentado en Quebec en los últimos años y particularmente en Montreal. Es una mala noticia para la administración de Jean Charest y para el alcalde de la ciudad, Gérald Tremblay. Tanto el gobierno liberal como la alcaldía lanzaron sendas estrategias contra este flagelo en 2010. Los resultados concretos no parecen aún demasiado alentadores.

El 25 de noviembre pasado la ministra delegada de Servicios sociales, Dominique Vien, anunció con gran entusiasmo que el 80 por ciento de las acciones previstas en el Plan de Acción Interministerial sobre la Indigencia 2010-2013 habían sido iniciadas. La funcionaria esgrimió esa cifra como “una prueba irrefutable” del compromiso de los organismos implicados en responder de manera adecuada a las necesidades de las personas sin techo.

Sin embargo, ese mismo día las organizaciones de apoyo a los indigentes manifestaron su desacuerdo con las políticas de Quebec y de Ottawa para mejorar la situación. La Red de ayuda a personas solas e itinerantes de Montreal (RAPSIM) reclamó el incremento de 20 a 50 millones de dólares del presupuesto asignado a la provincia francófona dentro de la Estrategia de Lucha con la Indigencia (SPLI), de las autoridades federales.

Por otra parte, la Red de solidaridad indigencia de Quebec (RSIQ) cuestionó los frutos del plan del gobierno Charest. “Sería muy pertinente saber cuáles son los indicadores de esos resultados”, señaló la organización en sus observaciones y comentarios al balance presentado por Dominique Vien.

Pierre Gaudreau, coordinador de la RAPSIM, fue aún más duro al evaluar el balance gubernamental. Según el activista, muchas de las medidas enunciadas son apenas proyecciones y otras “no tienen nada que ver con la prevención y la reducción de la indigencia”, como la infraestructura para bicicletas.

En Canadá no existen estadísticas oficiales sobre el número de indigentes. Un primer intento de censo, efectuado en 1987, estimó entre 130.000 y 250.000 las personas sin techo en el país. En 1996 Santé Québec concluyó un estudio según el cual 28.000 personas recurrían a refugios o centros comunitarios de alimentación en la provincia.

Pero los albergues para indigentes sí conocen la magnitud cotidiana del fenómeno y cómo ha aumentado en los últimos tiempos. “Estamos desbordados desde el otoño de 2010”, alertó Marc Denis, portavoz del centro La rue des femmes, en declaraciones al diario Métro. Al margen de las cifras, el problema se ha tornado más complejo por la proporción creciente de mujeres en la calle, buena parte de ellas en la tercera edad.

Las estadísticas de pobreza de Montreal evaporan cualquier sorpresa sobre el auge de la indigencia. De acuerdo con el censo de 2006, el 29 por ciento de los habitantes de la ciudad vive bajo el nivel considerado de bajos ingresos. Si pensamos en las consecuencias de la crisis económica de 2008 y sus ecos aún presentes en 2012, no será difícil deducir qué pudo haber ocurrido desde entonces.

“Acaben con esa plaga”

La muerte de Farshad Mohammadi ha echado más leña al fuego político en Quebec. Desde las atribuladas filas del opositor Parti Québécois, el diputado Dave Turcotte afirmó que “el plan de acción del gobierno liberal no funciona”. Gérald Tremblay ha anunciado también su deseo de reunirse con el ministro de Salud, Yves Bolduc y con Dominique Vien, para recabar apoyo del gobierno a los esfuerzos de la alcaldía por erradicar la indigencia en Montreal. Y Jean Charest… se fue en estos días al norte del paralelo 49 a promover su famoso Plan Nord.

Fuera del tablero de la alta política, los montrealeses parecen también hartos de la lentitud de las autoridades. La exasperación de algunos ciudadanos, a veces, se traduce en frases de abierta intolerancia. Basta con leer, por ejemplo, los comentarios sobre el artículo Wouach ! Coquerelles dans le métro (¡Asco! Cucarachas en el metro), publicado el 22 de noviembre en el blog Toute vérité est bonne à dire. Otros recuerdan la llamada desinstitucionalización, que redujo las capacidades de los centros de salud mental y envió a muchos enfermos a la calle, donde no siempre encontraron el respaldo de sus familias o de la comunidad.

Ojalá el debate no se difumine con las semanas y quienes deciden estrategias y presupuestos actúen al fin. De lo contrario, solo el azar determinará cómo y dónde morirá el próximo indigente. Entonces un día amaneceremos con la noticia de otro mendigo hallado muerto en una estación del metro, inerte bajo unos periódicos viejos que, quizás, hablaban de un tal Mohammadi.