viernes, 27 de enero de 2012

El puente de Montreal se está cayendo

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Montreal Vivo
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Pont Mercier - Estado de la infraestructura en Montreal

¡Qué no cunda el pánico! Ningún puente de Montreal ha caído. Todavía. Pero si las autoridades de Quebec y el gobierno de Canadá no se apuran, en poco tiempo aquella célebre cancioncilla inglesa podría hacerse trágicamente popular en la metrópoli: “London bridge is falling down, falling down…”

Tres décadas de gestión negligente de la infraestructura vial montrealesa han provocado el deterioro creciente de puentes, túneles y carreteras. Las interrupciones imprevistas del tráfico y las reparaciones urgentes no solo exasperan a los automovilistas. El empresariado de la ciudad ha sentido en sus bolsillos el precio de hacer negocios en una gran urbe cuya circulación sufre frecuentes sobresaltos.

El periodista Bruno Brisson, de La Presse, resumió la situación en una frase: “En 2011 los automovilistas de la gran región de Montreal descendieron a los infiernos. En 2012 descubrirán qué hay debajo.”

Puentes decrépitos sobre el San Lorenzo

Una fiesta de puentes de Montreal hacia la ribera sur sería un evento pintoresco: al centenario Puente Victoria y el octogenario Jacques Cartier se uniría una atribulada banda de la llamada Generación X: los puentes Champlain, Mercier y La Concorde. A pesar de la diferencia de edad, los ancianos seguramente bailarían con más ánimo Bad romance de Lady Gaga que sus colegas menos añejos.

En marzo de 2011 los montrealeses se enteraron de que el puente Champlain, enlace de la isla de Montreal con la Île des Soeurs y Brossard, podía desplomarse en cualquier momento. Según un reporte realizado por Delcan, una compañía canadiense especializada en ingeniería civil, las deficiencias encontradas en la estructura eran de tal importancia que su explotación suponía riesgos incalculables. Además, la empresa recomendaba construir un nuevo viaducto tan pronto como fuera posible, mientras se mantenían urgentes labores de reparación en el viejo.

Pero, ¿cómo un puente abierto a la circulación en 1962 quedó casi inutilizado en apenas medio siglo? Algunas de las respuestas saltan a la vista en el informe “El futuro del puente Champlain”: las partes en peor estado fueron construidas según la alternativa menos costosa de las 28 presentadas en el diseño original; por otra parte, el uso de sales –no contemplado en el proyecto inicial—ha acelerado la corrosión del concreto y las estructuras de acero.

La primera respuesta nos remite a la política del gobierno de Quebec de atribuir los contratos a quienes ofrezcan las soluciones menos costosas, al parecer sin importar demasiado la calidad. Si nos internásemos en este camino llegaríamos probablemente al explosivo campo de la corrupción en las construcciones, cuyos alcances deben de ser revelados este año por la Comisión Charbonneau.

La segunda nos devuelve al problema de la negligencia de las autoridades encargadas de mantener el puente. ¿Acaso no sabían que las sales agudizaban la corrosión y por tanto reducían su vida útil?

El ministro federal de Transporte, Denis Lebel, anunció esta semana que sin peaje no habría nuevo puente. Punto final. Una vez más serán los contribuyentes quienes pagarán la incompetencia de los burócratas en el gobierno. El cálculo estimado del “Champlain II”: 5.000 millones de dólares. Una nadería.

Caos en la ciudad

Nadie murió la mañana del derrumbe en el túnel Ville-Marie, en julio pasado. Sin embargo, los cierres inopinados del túnel Louis-Hippolyte-La Fontaine, que enlaza a Montreal con la autopista 20, seguramente han provocado algún infarto en la marea de desesperados automovilistas de la ciudad.

Ni siquiera las iras del alcalde Gérald Tremblay han intimidado al ministro de Transportes de Quebec, Pierre Moreau. Los cierres se anuncian con más o menos antelación y los plazos de los arreglos se cumplen con más o menos rigor. El gobierno de la provincia prevé, de acuerdo con un informe dado a conocer por Le Journal de Montréal en junio de 2011, realizar una profunda reparación de esa neurálgica vía de acceso a la metrópoli.  El costo preliminar: más de 400 millones de dólares.

En el otro extremo de la isla, el distribuidor Turcot aguarda su demolición en 2018, mientras sus brazos agonizan presas de la corrosión. ¿Culpables? Las mismas sales que condenaron al Puente Champlain. Cada cierre desata una nueva ola de embotellamientos, desvíos, desesperación. El “Turcot II” exigirá el desembolso de unos 3.000 millones de dólares. Otra bicoca.

Si alguien duda aún de las dimensiones del drama vial, basten dos cifras: el túnel La Fontaine es atravesado cada día por 120.000 automóviles; sobre el distribuidor Turcot circulan alrededor de 300.000 vehículos en 24 horas.

¿Quién paga los puentes rotos?

Una última dosis de números. Hagamos unas cuentas: 5.000 millones por el Champlain, más de 700 millones para el Jacques Cartier, 400 millones para el túnel La Fontaine, 3.000 millones para el nuevo Turcot… ¡ay, ya perdí la cuenta! Imaginen en qué podría haberse empleado todo ese dinero si la desidia y la falta de previsión no hubieran arruinado las infraestructuras de Montreal.

¿Financiar el transporte colectivo? Una buena idea. Así la insaciable Sociedad de Transporte de Montreal (STM) no tendría que pensar hoy en cargar con nuevos impuestos a los automovilistas de la ciudad, ni el señor Lebel afirmaría con tonillo amenazante: “Sin peaje no hay puente (Champlain)”.

Y antes de concluir, un anuncio para el fin de semana: el puente Mercier será completamente cerrado entre este viernes y el lunes próximo. ¿Alguien dijo “infierno”?

Foto: Pablo A. Ortiz – Noticias Montreal