jueves, 2 de febrero de 2012

La Naranja Mecánica de Kubrick llega a sus 40 años

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La Naranja Mecánica de Kubrick llega a sus 40 años

El sábado, The New York Times publicó un artículo de opinión sobre el concepto de una pastilla de moralidad, una panacea para las faltas de ética de la humanidad.  De todas las posibles meditaciones sobre el libre albedrío y la reforma humana, una de las alusiones culturas que los autores hicieron en el artículo fue a La Naranja Mecánica, en referencia tanto a la novela de Anthony Burgess, como a la película de Stanley Kubrick.

El artículo explicaba que el film de Kubrick, que fue lanzadoen América hoy, hace 40 años, estableció un debate para el momento sobre si sería virtuoso o permisible utilizar la ciencia para negar a alguien violento el libre albedrío. No es un hecho sorpresivo que este debate no se haya acabado, dándole a La Naranja Mecánica una especie de eternidad. El legado de la película ha sido masticado por completo y, en sus 40, permanecen muchas cosas: una referencia cultural, un diseño de emulación artística. Décadas después, la difusión de la iconografía del film a través de la cultura pop continúa, sus imágenes han sido copiadas y tomadas por todos, desde David Bowie y Led Zeppelin, hasta Madonna, Lady Gaga, Los Simpson, Usher y Metallica.

Pauline Kael le puso el título de “una comedia de ciencia ficción porno-violenta”. Estaba criticando la película, pero de cierta manera, tenía razón.

Y aún La Naranja Mecánica permanece de algunas formas malentendida y algunas de sus innovaciones aún no reciben el crédito merecido: su fortaleza como un film sin género, su insurgente plan de mercadeo, su violencia estilizada, el uso de la música sin precedentes, todo lo que da forma a la película y a la cultura pop así como a la sociedad influenciada en las décadas que vienen.

Podemos hacer una ojeada del legado de la película en los rankings del American Film Institute, el cual no es tomado muy en serio, pero muestra de alguna manera la visión errónea sobre la película. Por ejemplo, pese a que comparte poco con los clásicos que están en la lista del AFI Top 100 Thrills, la película ocupa el puesto 12. Y aunque no es una película de ciencia ficción, La Naranja Mecánica está en el puesto 4 de la lista del AFI Best Sci-Fi.

Mike Kaplan explica: “Él (Kubrick) era incapaz de hacer una película para un solo género -demasiado brillante-  aunque muchas eran, de forma errónea, promovidas de esa forma. ‘La Naranja’ no encaja en la tradicional ciencia ficción o en la categoría tradicional de violencia, lo que se hizo tratando de aumentar la audiencia después de su exitosa campaña inicial. Todo el mundo quería meterla -y a Stanley- en una etiqueta”.

Bueno, casi todo el mundo. Al menos al tiempo de su lanzamiento, la crítica Pauline Kael de forma sarcástica le dio un apodo a la película: “una comedia de ciencia ficción porno-violenta”. Estaba criticando la película, pero estaba en lo correcto al reconocer que no representaba a un solo género. Tiene temas varios y sátira social, representación gubernamental, políticos de derecha y de izquierda, iglesia, familia, amistad, así como otros instrumentos de la sociedad, que van más allá de los límites  normales de la mayoría de las películas de su era. El uso de Nadsat, el slang Burgess inventado para la novela y que Kubrick luego adaptó, mantienen al film un paso más adelante del tiempo en el que fue lanzada. La violencia que hay en ella la hacen acreedora de rating X, debido a una serie de protestas y crímenes de copycat, Kubrick sacó la película del Reino Unido, una prohibición que duró hasta su muerte, en 1999.

Cuando La Naranja Mecánica fue lanzada, alcanzó audiencias en una forma que ninguna película lo había hecho en el pasado. Kubrick trabajó fuertemente con Kaplan para seleccionar de forma detallada los mejores sitios para la filmación. Para ello, necesitaron encontrar cómo otras películas comparables de otros estudios habían molestado a las audiencias de algunos cines, información que se mantenía muy bien guardada para entonces.

Para ver las reacciones ante  The Wild Bunck o incluso Midnight Cowboy en lugares como Louisville y Columbus, Kubrick y su equipo recolectaron la información semanal de Variety para saber qué cines serían mejor para La Naranja Mecánica. La oficina del cineasta era el lugar de largas asambleas para evaluar los números de cada cine y así tomar decisiones. Kubrick luego reveló una estrategia, ciudad por ciudad, que incluso sorprendió a los ejecutivos de Warner Bros.

Stuart McDougal, un profesor retirado y editor de un libro de ensayos sobre la película, argumenta que como Kubrick presenta a Alex desde el punto de vista de primera persona, un lazo es forjado entre el personaje y la audiencia. Los trajes y los lentes gran angulares que funcionaron como distorsiones físicas, hacen que la estilizada violencia aparezca más distante del receptor.

“Kubrick siempre nos obliga a experimentar las cosas en una forma distinta”, agrega.

Usando un sintetizador Mood (una nueva tecnología para entonces), fueron introducidas famosas piezas de música clásica desde Beethoven y Rossini que acompañaron escenas con propaganda Nazi y violencia de pandillas. Esta movida táctica crea uno de los momentos más memorables:

“Considere la escena en la cual Alex y su gente golpean al escritor Alexander y violan a su esposa con Singing in The Rain, dice Liel Leibovitz, un profesor visitante de comunicaciones en la Universidad de Nueva York. “La escena, con sus danzas y acrobacias, parece un gran show de un número en  un musical clásico de Hollywood, la sola diferencia es la naturaleza inexplicada de los actos que están siendo realizado frente a sus ojos”.

Entre el humor,  la violencia estética y el uso innovador de la música, La Naranja Mecánica ofreció una serie de técnicas que han sido agresivas. Pero pese a los momentos chocantes, Kubrick hace posible ver los impulsos de Alex en una forma que es menos reflexiva que Anibal Lecter, que los villanos que fueron villanos por su naturaleza o que los marcianos en la Guerra de los Mundos. Mientras se hace más poco familiar el mundo de Alex, de alguna manera cósmica está vinculado con nosotros.

Texto de Adam Chandler para The Atlantic.

Foto:  Warner Bros. Pictures