miércoles, 8 de febrero de 2012

El «instinto de sobrevivencia» ¿podría haber salvado las 11 víctimas de Ontario?

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Entre Fronteras
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Accidente en Ontario

Antes de entrar en materia he aquí una pequeña historia introductoria:

Mi esposa fue a dar el examen práctico de conducir, aquí en Montreal. Se montó al carro y tomó el volante. El inspector a su lado, con su libreta de apuntes. Partió…

– À gauche madame. La madame toma la gauche.

– À droite, madame… La madame toma la droite.

Y así continúa el trayecto. Mi esposa reparó que el inspector a cada rato escribía notas en su libreta, especialmente después de pasar las esquinas. Mi esposa, estaba convencida que le estaba yendo de maravillas.

Al final del examen, el inspector le pregunta.

– ¿Y cómo cree usted que le fue en su examen?

– Pues, perfecto, responde  mi esposa.

– Non madame, vous avez échoué …!

– Pero, ¿cómo?, aun insiste mi esposa. ¿En qué me equivoqué?

– Madame, yo no soy escuela de conducir. Vaya a la escuela y aprenda a conducir…

Mi esposa, desanimada y convencía que no sabía conducir, después de 25 años de hacerlo, decidió inscribirse en una escuela de conducir.

Primera lección. Ella parte… con el instructor al lado. Al llegar a una esquina, el inspector parece incomodarse, mira a mi esposa y la observa que está muy relajada. La siguiente esquina, otra vez la incomodidad del instructor vuelve hacerse evidente.

-Mais, madame!, ¿Qué es lo que usted hace? ¿Por qué disminuye la velocidad? ¿Por qué mete el freno? Allez!…  Allez!  No se detenga, continúe.

Aquí estaba el error. Por este problema mi esposa había fracasado en el examen. Al llegar a cada esquina ella disminuía la velocidad, metía un poco de freno inclusive cuando  el semáforo estaba a su favor.

¿Por qué hacía eso mi esposa? Eso no es otra cosa que un instinto. Un instinto de protección o sobrevivencia. Un tic que está impregnado dentro de su ser. Un instinto que solo se aprende cuando uno vive en la selva, en la selva del tráfico vehicular  de Caracas y probablemente de toda Latinoamérica. El instinto te dice que aunque tengas luz verde, ten cuidado porque alguien del otro lado puede no respetar su luz roja. Puede no detenerse por algún motivo. En esa selva, si tu no «respetas» esa mínima recomendación puedes tener un encontronazo fatal con otro carro.

II

Resulta que estamos ahora en Canadá y en Canadá, eso no pasa. El conductor sí se detiene cuando ve una señal de stop o de arrêt o cuando el semáforo está en rojo. Por tanto, el buen conductor debe seguir adelante cuando tiene la luz verde a su favor o cuando tiene la preferencia. Siempre adelante, sin parar, como lo dice el instructor de manejo. Ni siquiera pienses en levantar el pie del acelerador. Ese es el buen conductor.

Pero ¿pasa siempre esto en Canadá? Realmente ¿todo el mundo respeta las reglas del tránsito? ¿No hay por allí un infractor, que de repente aparece sorpresivamente?

Pues bien, todo este preámbulo, viene a propósito del terrible accidente que ocurrió este lunes, en la pequeña ciudad de Hampstead, al sur oeste de Ontario, en una intersección de las vías 47 y 107 y donde perdieron la vida 11 personas, la mayoría trabajadores peruanos y casi todos de la misma familia.

Las causas del siniestro ya fueron establecidas por la policía. El accidente se produjo porque la camioneta no se detuve para hacer su parada obligatoria, tal como lo decía el aviso de stop. Y zúas que vino la desgracia. El otro carro que tenía todo su derecho de no detenerse lo llevó por delante. Esto es lo que pasó.

¿Acaso una pequeña dosis de ese instinto de protección o sobrevivencia, podría haber salvado esas 11 víctimas? Es probable que sí. Si el chofer del camión remolque hubiera actuado con ese instinto habría sofrenado al acercarse a la esquina. Se habría preguntado él mismo: «¿Quizá esta camioneta no se va detener…?»  como en efecto no se detuvo, pero habría tenido tiempo de frenar totalmente y ver pasar al infractor delante suyo. Le habría dicho de todo y le habría tocado el claxon, pero habría salvado su propia vida y la de los ocupantes del otro vehículo. Pero eso no estaba en la cabeza de este buen conductor. Porque para ello hay que vivir en la selva. Porque eso solo se aprende con la experiencia o con las malas experiencias.

¿Estamos lejos de nuestra propia selva?

Tal vez no. Por los accidentes que vienen ocurriendo, quizá estamos más próximos de ella de lo que nos imaginamos.

Foto: noticias.terra.com.pe

Montreal 08 febrero del 2012