domingo, 12 de febrero de 2012

Con 42% de participación Montreal dijo presente en las primarias de la oposición venezolana

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Happy Square Face
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Primarias de la oposición venezolana en Montreal

Estaba planeado que las primarias en Montreal comenzaran a las 10:30 am. Para esa hora se había hecho la convocatoria. Aunque el grupo de la Comisión Electoral de Primarias en el Exterior (Cepex) había madrugado y estaba en la sala comunitaria (ubicada al noroeste de Montreal, muy cerca de la estación de metro Du Collège) desde temprano, no se imaginaba que las personas comenzarían a llegar antes de lo esperado. Pero así fue. A las 9:30 am, con una hora de antelación, comenzó oficialmente la votación.

Los primeros electores, así como los últimos, llegaron al centro con emoción, con expectativas, preguntando. Con café en mano (debo decir que el frío hoy arreció y el termómetro marcó los -16°C, con sensación de -26°C), iban llegando al edificio que había sido decorado con seis bombas tricolor. “Chamo, qué frío”, se escuchaba con frecuencia cuando entraban. “Pero hay burda de gente”, era la frase siguiente.

Rodrigo (uno de los colaboradores para Cepex), junto con su hermano, Luis, recibían a los electores, quienes llegaban con cédula de identidad en una mano, en la otra, su teléfono inteligente. Verificaban sus datos. Les informaban en qué página de la lista de electores se encontraba. La intención era facilitar el trabajo a los miembros de mesa y agilizar el proceso.

Justo después de la verificación de datos,  a unos seis metros de la puerta del salón comunitario, comenzaba la cola para el proceso más largo. En el siguiente punto, antes de la puerta de la sala, Ninoska, de Voto Joven, era la encargada de dar el paso. El salón no podía colapsar con tanta gente, así que se debía poner orden. Adentro, unas 60 personas esperaban en fila para llegar a la única mesa de votación. A la izquierda, se veían madres con niños pequeños que podían sentarse mientras esperaban. A la derecha, otro de los miembros de Cepex pedía colaboración por los gastos de impresión de boletas, de alquiler del espacio, copias, logística.

La cola en este punto se movía relativamente rápido. Los electores pasaban entre 20 y 25 minutos avanzando en pequeños pasos hasta dar la cédula nuevamente, recibir la hoja con los candidatos, ir a lugar debido , llenar el óvalo y depositar su papeleta en la única caja que se encontraba sobre la mesa. Al comienzo de la jornada, fueron muchos los venezolanos que estando frente a una bandera venezolana ubicada bajo un cartel de “centro de votación”, quisieron tomarse una foto. “Se la tengo que mandar a mi mamá”; “esta va ya para el Facebook”; “la tengo que poner en Twitter”. Por momentos, el proceso se ralentizó. Clarisa, coordinadora de Cepex y del centro de votación, les explicaba que no se podía atrasar el sufragio y la gente agilizaba hasta el click de la cámara del Blackberry.

Después de la 1:00 pm fue la hora en la que el edificio (en el que vive una pareja de venezolanos que colaboró con la organización de los comicios) estuvo más congestionado. Se supone que no podía haber personas en los pasillos de la estructura. Era la petición de quienes alquilaron el salón. Pero la gente fue organizada. Los organizadores fueron organizados y la carrera avanzó sin problema alguno. Organización por todas partes. 

Fue también después de esta hora que comenzaron a escucharse los casos de los electores que no pudieron ejercer su derecho. Estuvo el caso de Andreína, una joven estudiante que se registró por primera vez en Montreal, pero que, al verificar sus datos, aparecía que debía votar en el 23 de enero (Caracas). También se dio el caso de otro elector de unos cuarenta años de edad, que según el CNE debía votar en Cuba. Entre 10 y 15 personas, según los cálculos de Rodolfo (otro colaborador que estuvo como parte del comité de seguridad del centro) no lograron sufragar porque no aparecían en las listas.

Y fue también después de esa hora, cuando el hambre comenzó a pegar, que grupos de venezolanos comenzaron a llegar al salón de votación con comida, bebidas y chucherías para los organizadores. La señora Hilda llevó unos pastelitos andinos que sacaron suspiros a más de uno. Otro señor, de apellido Bastidas, envió a un delivery con dos pizzas gigantes. Pablo llevó aguas. Una pareja llegó también con los famosos Timbits de Tim Hortons y con una “bandeja” de cafés de la misma cadena canadiense. “Aah, cómo me hacía falta”, decía María Gabriela, mientras se tocaba el estómago. “Disculpen lo poco”, dijo el señor Bastidas, el de las pizzas. “Sigan trabajando y muchas gracias”, mandó a decir al pequeño equipo.

Después del bululú de la 1:00 pm, el ritmo de la “sala llena” se mantuvo hasta las 2:30 pm. A las 3:00 ya no había nadie a quien organizar en la puerta y quienes estuvieron parados por horas comenzaron a sentarse, a conversar, a relajarse. Entre las 3:15 y las 3:45 pm, fue bajando la afluencia y justo a las 4:00 pm llegaron tres señores que se habían comunicado con alguien en el salón para decir que estaban perdidos. Llegaron corriendo. Agradecieron que los esperaran. Votaron. Se sabía que en Venezuela, la Mesa de la Unidad había extendido el proceso hasta las 5:00 pm. “¿Qué hacemos?”, preguntó Clarisa. Revisaron los pasillos y la entrada al edificio. “Ya no hay nadie”, dijo otro colaborador. A las 4:16 pm se cerró oficialmente el centro de votación de Montreal.

Para el momento, quedaban en la sala unas 30 personas. Querían estar allí para el conteo de votos. Comenzaban a preguntar a sus amigos en otras ciudades de Canadá y el mundo “cómo va la cosa”. La jefa de mesa hizo el anuncio oficial y a viva voz arrancó la nueva etapa del proceso. “Capriles…Capriles…Capriles…María Corina…Capriles…”.  Clarisa comenzó con sus anotaciones. Chucho, uno de los miembros de mesa, también lo hizo. Y varios que estaban en la sala también llevaron sus cuentas. Fueron 492 votos, monto que representó el 42% del total de electores de Montreal. “Qué felicidad”, decía María Gabriela al verificar que el 10% que se esperaba fue más que superado.  El total de electores entre Montreal y Quebec era 1.178. Votaron, entre las dos ciudades, 504 personas.

Clarisa, junto con los demás miembros de mesa, cotejaron y verificaron. 490 personas votaron y firmaron. Dos votaron pero no firmaron. Se dejó constancia en actas de los dos sufragios de diferencia. Henrique Capriles Radonski sumó 350 votos; María Corina Machado 76; Pablo Pérez 45, Diego Arria 21, Pablo Medina 0, Nulos 0. Llenaron las actas correspondientes. Seis testigos firmaron. Las sonrisas abundaron.

Llegó el final de la jornada. El grupo se organizó hasta para limpiar. Unos recogieron mesas, otros barrieron y coletearon la sala. Otros terminaron de tomar fotos. “Qué felicidad”, era de las cortas y expresivas frases más comunes que se escucharon en el mismo pasillo en el que horas antes estaba haciendo país una comunidad que se encuentra lejos de sus propias fronteras.

Sin duda, una bella jornada electoral en Montreal. Con los venezolanos que extraño cada día. Con los solidarios. Con los responsables. Con los organizados. Con los que, incluso fuera de Venezuela, hacen país. 

Foto: Pablo A. Ortiz