viernes, 9 de marzo de 2012

Los estudiantes protestan por ti

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Montreal Vivo
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Sí, por ti, emigrante o candidato a la emigración, quebequense de origen hispano o, simplemente, ciudadano de esta provincia canadiense. Porque el sentido de la huelga universitaria trasciende el debate sobre el alza de las matrículas: en las calles de Montreal y Quebec, frente a la tozudez represiva del gobierno Charest, presenciamos una batalla entre dos visiones opuestas de la sociedad, entre dos futuros posibles.

El aumento de los derechos de escolaridad no solo afectará el bolsillo de los estudiantes y sus familias, también repercutirá sobre la economía de Quebec, que perderá el potencial de no pocos jóvenes impedidos de acceder a la universidad. Pero el gobierno liberal se niega a considerar otras alternativas económicas que permitan mantener bajos los costos de la educación superior. ¿Falta de voluntad política o ineptitud para gestionar los enormes recursos de la Belle Province?

Universidades menos accesibles

Los defensores del incremento en el precio de las matrículas esgrimen estudios que demuestran el impacto casi nulo en el número de estudiantes inscritos en carreras universitarias. Estadísticamente podrían tener razón, aunque otras investigaciones elevan hasta 2,5 por ciento el posible decrecimiento de los efectivos universitarios, si se ejecuta el aumento anual de 325 dólares durante el próximo lustro. Sin embargo, la discusión debería centrarse menos en cifras y más en un concepto fundamental para la democracia: la movilidad social.Huelga estudiantil en Quebec, los estudiantes protestan por ti, incremento del alza de las matrículas

Un informe del Comité sobre la accesibilidad financiera a los estudios (CAFE), entregado a la Asamblea de Gobernadores de la Universidad de Quebec en diciembre de 2011,  indica que “el descenso en las tasas de participación en los estudios universitarios se observará en mayor medida entre los estudiantes de primera generación (cuyos padres no hicieron estudios superiores), los provenientes de familias de bajos ingresos y los no tradicionales.”

El reporte del CAFE coincide con otras investigaciones en el hecho de que los sectores menos favorecidos económicamente suelen subestimar el valor de una carrera universitaria y, en cambio, sobrestiman el costo de las matrículas. En este sentido, estas familias tienden a evitar el endeudamiento por razones que no repercuten directamente sobre una mejora de su calidad de vida, según su percepción.

Entonces, a pesar del sistema de becas y otras ayudas gubernamentales, el alza de las matrículas profundizará la fractura entre el acceso a la educación superior de los grupos sociales de altos ingresos y de aquellos situados por debajo de la llamada “clase media”.  Los hijos de hogares modestos deberán conformarse cada vez más con carreras técnicas o empleos de menor calificación, cuyo salario representa la mitad o menos que el de un graduado universitario. El resultado: un círculo vicioso, un callejón sin salida para el talento si por caprichos del destino nace en cuna pobre. ¿Acaso Quebec puede permitirse esta pérdida de inteligencias?

La educación superior, ¿derecho o inversión?

“Los estudios universitarios no son un derecho”, sino “una inversión”, afirma Jean-Paul Gagné, editor emérito del diario Les Affaires. Como él, otros periodistas, investigadores e ideólogos acuden a estadísticas sobre las ganancias de los graduados universitarios para demostrar el carácter lucrativo de la educación superior. En síntesis, defienden una visión individualista y mercantilizada de la educación.

Frente a ellos otro grupo de periodistas, expertos y políticos comparten en esencia la posición de los estudiantes en huelga: el acceso universidad debería considerarse un derecho, como la educación en general. La formación de los jóvenes contribuirá “a la riqueza colectiva por un compromiso profesional, social, político, cultural y económico fecundo”, según las palabras del periodista Christian Bolduc.

Personalmente coincido con los segundos. Sí, como indica el señor Gagné cualquiera puede ganarse la vida sin tener un título universitario, y Quebec también necesita de técnicos para cubrir el déficit de mano de obra. Incluso, cualquiera puede ganarse la vida sin terminar los estudios secundarios, pero entendemos que la formación preuniversitaria es un derecho. ¿Cuál es la diferencia? ¿La cantidad de dólares en el bolsillo? ¿Acaso los universitarios deberían pagar porque su talento o esfuerzo los llevó a alcanzar niveles superiores de educación? ¿La obligación de una democracia no es ofrecer los medios para que sus hijos asciendan hasta donde su inteligencia y empeño les permitan?

En un documento publicado en julio de 2011, la Asociación de Estudiantes del Cégep de Sherbrooke lo resumía de esta manera: “el movimiento (estudiantil) pide a la sociedad: ayúdennos para comenzar y cuando al final tengamos un empleo estable e ingresos regulares, los ciudadanos haremos nuestra parte, según nuestra capacidad de pagar.”

Salidas posibles a la crisis

No quiero cerrar este artículo en un tono que los detractores de la huelga (des)calificarán como “ideológico”. La actual crisis engendrada por el gobierno de Quebec tiene soluciones económicas concretas, documentadas por investigaciones y voces autorizadas:

–          El déficit de financiamiento de las universidades: La magnitud de este déficit ha sido cuestionado por los estudiantes, quienes apuntan a la mala gestión de los recursos por parte de las administraciones universitarias. Otras fuentes como el Instituto Simone de Beauvoir de la Universidad Concordia señalan que el gobierno podría incrementar los impuestos a las compañías mineras y las industrias por el uso de los recursos hídricos de Quebec y financiar de este modo los crecientes gastos de la educación superior.

–          El sistema igualitario de matrículas: Si se mantuviera el pago de derechos de escolaridad, el monto debería ajustarse al costo real de formación en cada carrera, como recomienda el centro de investigaciones CIRANO en un informe de 2007.  En este sentido, la llamada “universalidad” existente en Quebec resulta injusta.

–          La gratuidad: “El dinero debe ser ajeno a la posibilidad de explotar al máximo el talento y la inteligencia”, sostiene el ex primer ministro de Quebec Bernard Landry. Un acceso gratuito a la universidad podría compensarse luego con una rigurosa política de impuestos a los futuros profesionales, que retribuirán de este modo la inversión de la sociedad en sus estudios.

Las alternativas existen, pero la ministra Line Beauchamp y el primer ministro Jean Charest parecen incapaces de comprenderlas y sentarse a dialogar con los estudiantes. No es extraño. Quizás solo una derrota en las próximas elecciones abrirá los ojos a los liberales sobre este y otros problemas de Quebec.

PS: Este artículo, cuyo tema excede los objetivos de este blog, responde a una invitación de la redacción de Noticias Montreal. En la próxima entrada regresaré al curso de la realidad montrealesa.

Foto: leglobe.ca