domingo, 18 de marzo de 2012

La explotación tranquila de los trabajadores extranjeros temporales en Quebec

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Ciudad Lectura Obligada
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Vienen de México, de Guatemala, de las Antillas, de Filipinas. Aunque por mucho tiempo se dedicaron a los trabajos agrícolas, los trabajadores extranjeros temporales son hoy día reclutados por hoteles, restaurantes, carnicerías y mataderos de Quebec. Su permiso de trabajo, que los vincula a un solo empleo, es la clave que les da el derecho de estar en Canadá. Por este, aceptan estar en una escala baja.

Para trabajar en Canadá, Antu, de 35 años, accedió a hacer numerosos sacrificios. Dejó lejos a su esposa y a sus niños, dar 6.000 dólares a una “agencia” canadiense encargada de encontrarle un trabajo. Aceptar, en fin, firmar un contrato de empleo que está por debajo de las normas del país.

Una vez en Canadá, se dio cuenta de lo que parecía evidente: no era suficiente.

Durante casi un año, Antu no tuvo ningún día libre. Estuvo en una cocina de un restaurante de Montreal Norte casi 50 horas a la semana. Todo por un salario semanal de entre 225 y 275 dólares.

Su jefe, que lo recibió en casa durante varios meses, le impuso algunos trabajos domésticos.

Fue despedido por insubordinación, cuando se sorprendió al saber que tenía que dar 730 dólares por la renovación de su permiso de trabajo y por haber tomado solo un día libre por enfermedad.

Perdió su trabajo y su estatus legal en el país. Durante este tiempo, quienes le prestaron los 6.000 dólares en Bangladesh, le piden pague la deuda que tiene.

No hay tristeza ni amargura en Antu, pero sí el sentimiento que deja el darse cuenta del camino recorrido cuando lo que buscaba era tener una mejor vida.

“Estoy solo y no tengo nada en qué apoyarme”, indica.

Más numerosos en Canadá

Los inmigrantes temporales son cada vez más numerosos en Canadá.

En Quebec, la cantidad que llega cada año casi se ha duplicado en los últimos 10 años: actualmente son casi 30.000.

Entre ellos, 7.000 son trabajadores “pocos especializados”: se ocupan de empleos menos calificados y de poco salario. Ottawa y Quebec, los ve como trabajadores agrícolas por temporadas o de ayuda a las familias residentes.

A los lados de estas dos categorías de trabajadores, emerge un nuevo grupo empleados temporales poco especializados. Son buscados en la hotelería, la restauración, la jardinería, pero también en restaurantes y mataderos.Trabajadores inmigrantes temporales en Quebec, trabajadores explotados en Quebec

Para emplearlos, la empresa debe probar que primero propuso la oferta a los québécois, pero que estos no quisieron aceptarla. Debe entonces demostrar que el contrato de trabajado corresponde a las normas de la provincia. Después, el trabajador recibe un permiso de trabajo por un tiempo limitado y solo para este empleo.

Para todos, las oportunidades de obtener la residencia permanente son paradójicamente muy pocas: satisfacen el apetito del mercado de trabajo, pero son juzgados como no calificados para instalarse en Quebec.

Por ignorancia, aislamiento, desconocimiento de las leyes o por temor de ser reenviados a su país, los trabajadores inmigrantes temporales menos especializados dudan en quejarse de los malos tratos de los que son víctimas.

De acuerdo con André Jacob, profesor asociado del École de travail social e investigador en la UQAM2, la explotación es manifiesta.

“Con frecuencia, los empleadores hacen venir a los extranjeros para tener una mano de obra poco costosa y cautiva. Es una forma de esclavitud moderna”, estima

La Comisión de Derechos de la Persona ha denunciado esta realidad en múltiples oportunidades. Argumenta que los inmigrantes de estas categorías sufren una discriminación sistémica.

“Las normas de los programas que les concierne, en su país de origen, su trabajo, la ley, los pone en un estado de vulnerabilidad”, explica el presidente de la Comisión, Gaétan Cousineau.

Los inmigrantes contratados por las explotaciones agrícolas son obligados a quedarse en casa de sus empleados. La frontera entre la vida privada y la provisional es entonces muy porosa. Evidentemente, los québécois no son obligados a cumplir con estas exigencias.

Además, el acceso a cuidados y a indemnizaciones en casos de accidente de trabajo no son siempre efectivos.

Recientemente, la Unión de Trabajadores Accidentados de Montreal (UTTAM) ayudó a un obrero agrícola de origen mexicano a hacer reconocer una herida como una lesión profesional. Su jefe, que retenía su tarjeta de seguro maladie, lo presionó a continuar trabajando, herido.

“Es importante: es su futuro y el de toda su familia, lo que está en juego”, cree Christiane Gadoury, de la UTTAM.

Pero no todos los empleados tienen esta oportunidad: algunos empleadores no dudan en meterlos en un vuelo de regreso a su país.

El organismo FERME, especializado en el reclutamiento de mano de obra extranjera –sobre todo agrícola- rechaza estas críticas.

“Las condiciones que los trabajadores obtienen aquí están dentro de las mejores del planeta. Pero tienen siempre la tendencia a verlo como un infierno. Estos trabajadores son esenciales y tratamos de darle las mejores condiciones de trabajo, en las condiciones actuales del  mercado”, sostiene René Mantha, director general de FERME.

Mantha no lo esconde: las críticas de parte de la Comisión de Derechos de la Persona, de los sindicatos y de los universitarios, lo exasperan.

“¿Cuántas personas han venido al terreno de trabajo? Mucha gente escribe lo que quiere”.

Actividades de sensibilización

Las dificultades que experimentan los trabajadores temporales son bien conocidas en la Comisión de Normas de Trabajo. Desde 2008, la dependencia realiza cada año actividades de sensibilización y de información entre los empleados y los empleadores. Limitadas a los trabajadores agrícolas y de ayuda a las familias, estas actividades atacarán este año a los nuevos sectores problemáticos: la transformación de la carne y las agencias de colocación.

Pero los inmigrantes que trabajan para pequeñas empresas pueden escapar a las mallas de la red. “Somos responsables de la aplicación de normas de trabajo para 3 millones de empleados de Quebec. Podemos difícilmente hacer una verificación del total de contratos”, admite Robert Rivest, director general de asuntos jurídicos de la Comisión.

Sin pasaporte y sin comida

Alfredo espera que el proceso que acaba de comenzar respecto a las normas de trabajo le permita recuperar lo perdido.

Durante tres años y medio, fue carnicero en una pequeña empresa montrealesa, 11 horas por día. No tuvo ni fines de semana libres, ni vacaciones, ni días feriados.

Está seguro que ningún canadiense hubiera aceptado estas condiciones.

Pero para este mexicano, cerca de sus 40 años, que venía de pasar dos décadas yendo a Estados Unidos como “coyote”, un permiso de trabajo representa una promesa de un mejor futuro.

Alfredo pagó caro su permiso de trabajo: dejó a su jefe su pasaporte para que este arreglara los formularios administrativo y no pudo recuperar sus papeles hasta devolver su delantal. En el banco, descubrió que su cuenta tenía solo varios miles de dólares, 10 veces menos de lo que se esperaba.

“Jamás creí que este tipo de cosas pasaban en Canadá”, asegura.

Por primera vez en su vida, no sabe qué hacer para poder comer.

No ha tenido más trabajos y no tiene derecho a trabajar para otra persona que no sea su antiguo patrón.

“La gente viene aquí, trabaja como burro y además debe callarse. Se puede perder el trabajo, pero sobre todo, la dignidad”.

Para evitar la precariedad de los trabajadores inmigrantes temporales, Jill Hanley, profesora de la Escuela de Servicio Social de la Universidad McGill y cofundadora del Centro de Trabajadores Inmigrantes, cree que una visa de trabajo acordada para un sector y no para un empleador sería una medida en una buena dirección.

Esta es también una de las recomendaciones de la Comisión de Normas de Trabajo. El Ministerio de Inmigración estudia de hecho esta propuesta, que también evitaría que los inmigrantes paguen a las agencias encargadas de encontrarle un empleador canadiense: una práctica ilegal, pero real.

Al momento de pagar 6.000 dólares -una suma que permite vivir a su familia durante un año en Bangladesh- Antu creía que la práctica era normal. Todavía está convencido de que se trata de un sacrificio necesario para venir a Canadá.

“Sé ahora que no era legal, pero no veo cómo hubiera conseguido trabajo de otra forma”.

Reportaje publicado en La Presse y traducido por María Gabriela Aguzzi V.  –  Noticias Montreal

Fotos: Le Devoir y Reuters