viernes, 13 de abril de 2012

Paola Ortiz: «tuve fe, hice todo lo correcto y estoy aquí con mis bebés, por fin»

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Paola Ortiz llegada a Montreal

Dos horas y veinte minutos tardó Paola Ortiz en salir esta mañana de todo el proceso de inmigración, luego de que su vuelo de Aeroméxico aterrizara en el Aeropuerto Trudeau a las 7:30 am. Durante todo este tiempo, sus hijos corrieron por toda la terminal, jugando, mientras amigos, familiares y organizaciones de apoyo esperaban, con paciencia, la salida de la joven madre.

Sabían que el proceso en las oficinas de inmigración sería un tanto largo, considerando el antecedente de Ortiz, marcado por su deportación generada por un refugio no aprobado.  Pese a la espera, las sonrisas,  mezcladas con algo de angustia (por el tiempo que pasaba)  fueron la antesala a minutos de emociones cuando finalmente la joven mexicana salió y vio a sus hijos.

Se generó entonces un silencio que se rompió solo con el llanto de la madre y el saludo feliz de sus hijos.  Amigos y familiares también lloraron y hasta algunos periodistas no pudieron ocultar las lágrimas al ver tan emotivo encuentro. Fueron no menos de cinco minutos en los que las palabras estuvieron ausentes, mientras madre e hijos se abrazaban después de casi siete meses de estar separados.

Luego tocó el saludo con los familiares y amigos. “Bienvenida, Paola. Lo lograste”, fue la frase más utilizada por compatriotas, québécois y representantes de las organizaciones que siempre  han estado a su lado (Dignidad Migrante, Mexicanos Unidos por la Regularización, etc). Entre besos y abrazos, la madre de 31 años, no quitaba la vista de sus pequeños, una niña de 5 y un varón de 3 años, mientras estos, seguían jugando con normalidad, como si estuvieran en un escenario cotidiano.

Después de varios minutos, Ortiz se dispuso a hablar con los medios. Los mismos periodistas que fueron a cubrir su deportación, estuvieron hoy desde temprano en el Trudeau. Conocían su caso y dieron el espacio necesario para que la joven compartiera, antes que nada, con sus pequeños.

“Estoy liberada. Me siento liberada”, fueron las primeras palabras de la madre -con el pequeño en brazos- cuando tocó hablar ante las cámaras, con un francés ya no tan fluido. “Ahora soy residente permanente. Puedo vivir tranquila. Es una gran victoria para mí y para todo el mundo”, agregó.

Al ser interrogada sobre sus planes inmediatos y a futuro, Ortiz rápidamente contestó que hoy mismo irá al Oratorio de St. Joseph para dar gracias a Dios.

Ortiz aseguró que todo el tiempo que vivió en México, específicamente en el estado de México, se estableció en casa de amistades, que no supo nada de su expareja (factor fundamental de su temor al regresar) y que vio a sus hijos solo por Skype, “gracias a una computadora que me envió una señora, desde acá (Canadá)”.

De los siete meses en su país natal solo pudo agregar que siempre estuvo temerosa, que los pasó encerrada en la casa y que se dedicó a pintar y a “ayudar en los quehaceres”.

Quien fuera expulsada de Canadá por no cumplir con los parámetros para el refugio, narró que tan solo ayer en la mañana recibió su visa para venir como residente permanente. “Apenas la tuve me fui corriendo a comprar mi boleto. No tuve mucho que arreglar. Estaba desesperada, así que me vine corriendo. Fue todo muy rápido, pero ahora estoy liberada del estrés de la inmigración.”, reiteró mientras de sus ojos no paraban de salir lágrimas.

Su casa en Pointe Saint-Charles será el destino de la nueva residente y, el restaurante donde trabajó antes de ser expulsada, será su primera opción para generar ingresos y comenzar de nuevo su vida en Montreal. Pero sus ambiciones van más allá.

“¿Mis planes? Yo en México había estudiado arquitectura, pero sé que es diferente aquí. Estoy pensando en revalidar mis estudios y empezar a estudiar diseño gráfico porque es lo que me gusta. Me gusta pintar, me gusta el diseño”, afirmó, mientras aseguraba que para ello tiene la intención de ir a un cégep y comenzar desde la base.

Respecto a los idiomas, la madre reconoció “estoy fuera de práctica en el francés”. Sin embargo, está confiada en que lo retomará rápido mientras no descarta la posibilidad de estudiar inglés.

Cuando las lagrimas  fueron dando paso a la sonrisa sostenida, Ortiz no dejó pasar la oportunidad para dar un mensaje a aquellos que se identifican con su caso: “les digo: no pierdan la esperanza. A veces inmigración te enferma de miedo, pero sí se puede. Yo tuve fe, hice todo lo correcto y aquí estoy con mis bebés, por fin”.

@GabAguzzi gaguzzi@noticiasmontreal.com

Fotos: Pablo A. Ortiz  – Noticias Montreal

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