martes, 17 de abril de 2012

«No es fácil inclinarse por un género»: entrevista al escritor cubano Jorge Carrigan

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Jorge Carrigan (La Habana, 1953) es autor de una docena de piezas teatrales. Residente en Canadá desde 1994, publicó en 1999 el libro de narraciones y poemas Cascabeles en la Punta, y en 2002 la antología Teatro de Segunda Mano, que recoge obras escritas en colaboración con otros autores. Su novela Bailar con la más fea vio la luz en 2010, y ahora, bajo el sello Plaza Editorial, publica Muñequita linda, una narración cargada de erotismo, una historia de reivindicaciones femeninas.

Carrigan estará junto a otros autores este miércoles a las 6:00 pm en una tertulia como parte del Festival de Literatura Metropolis Bleu.

Carrigan, ¿podrías adelantarnos algo de ‘Muñequita linda’?

Es difícil adelantar demasiado sobre la trama de esta novela, ya que una buena parte de su encanto consiste en develar a lo largo de la historia las peculiaridades del personaje central, que es, además, la voz que narra. Si algo puede adelantarse es que se trata de una narradora, una voz femenina, lo cual resultó difícil y laborioso.

Jorge Carrigan, escritor cubanoEl mayor riesgo ha sido introducirme, e introducir a los lectores, en una problemática humana que, a su vez, constituye uno de los baluartes del movimiento feminista. Ese lanzarse en el mundo femenino traerá por consecuencia que a partir de ahora la mitad de las mujeres, las que me interpreten bien, va a quererme mucho, y la otra mitad probablemente me va odiar.

¿Existen diferencias entre ‘Muñequita linda’ y ‘Bailar con la más fea’?

Son dos libros muy diferentes. Bailar con la más fea es una novela de atmósferas, sombría, en la que la injusticia se da por sentado y los personajes están condenados de antemano a que la realidad los vaya despedazando; donde me propuse que el recorrido del lector se hiciera sinuoso.

En Muñequita linda la justicia está en el centro mismo de la trama, que es más anecdótica, más lineal, con una historia en la cual la narradora no sólo cuenta, sino que especula, y a lo largo de la narración va tejiendo una relación de complicidad con el lector, con observaciones sutiles y hasta cierta ironía.

¿Está presente Cuba?

En Bailar con la más fea Cuba no está, solo se presiente. Muñequita linda es un poco más lejana, se desarrolla en un país que difícilmente sea Cuba por razones que, para no revelar más de la cuenta, no adelantaré. Solo decir que en este caso abordo un tema que me gustaría muchísimo que fuera ampliamente debatido y eventualmente resuelto alguna vez por los cubanos, pero la historia que se me ocurrió para ilustrar la discusión de dicho tema, y que constituye la carne de la novela, me temo que es totalmente ajena a la realidad cubana de hoy.

Soy más que consciente de que después de dos novelas ando ya debiéndole una a Cuba y otra a Canadá. Por tanto, prometo con toda solemnidad que en la próxima, que ya está en boceto, aparecerán La Habana y Montreal, entre otras ciudades.

Se te conoce más como dramaturgo. ¿Entre el teatro y la novelística, qué prefieres y por qué?

Lo que me gusta del teatro es que uno, como autor, puede ver la reacción del público en el momento en que entra en contacto con la obra. Luego uno se da cuenta de que no todo cabe en el teatro. Alguien dijo que cada tema pide al autor la forma en que debe ser escrito, de manera que hay temas que no funcionarían en el teatro, como mismo hay otros que se verían mejor si se le muestran al público sobre un escenario. No es fácil inclinarse por un género.

Cada manera de comunicar tiene su encanto. Es cierto que he escrito mucho más teatro que narrativa, pero hay una razón: vengo de un país en el que, como nunca alcanzaba el papel, publicar una novela era un sueño prácticamente inalcanzable; sin embargo, como tenía muchos amigos, había posibilidad de reunir actores y de poner en escena piezas teatrales.

Muñequita Linda de Jorge CarriganAquí en Canadá es todo lo opuesto. Faltan los amigos y sobra el papel, de manera que el día que se me ocurrió escribir una novela, porque me di cuenta de que estaba empeñado en contar una historia irrepresentable en teatro, no lo dudé. Lo cual no significa, por otro lado, que haya sido fácil. Alguien me preguntó que si le temía a la página en blanco y respondí que a lo que le temo es a la página a medio escribir, cuando a uno se le presenta un problema técnico y no tienen la capacidad de resolverlo. Cuento esto porque debí aprender muchas cuestiones técnicas para terminar la primera novela. Y ahora, que he escrito teatro y narrativa, diríamos que es justo que se me emplace a elegir. Solo que entre ambos géneros, mi respuesta es que me gustan por igual.

Después de esta novela, ¿existe algún nuevo proyecto?

Proyectos es lo que nunca me ha faltado. Si puedo decir que soy escritor es porque, para escribir todo lo que quisiera, necesitaría más tiempo que el que me queda de vida. De modo que ahí vienen las prioridades. En este instante estoy inmerso en un proyecto cinematográfico en el que trabajaré como guionista y director de actores. Tengo tres piezas de teatro a medio escribir, y en literatura una novela que ya no está en mente, sino en el disco duro de la computadora, en boceto. Se titulará Pelos en la lengua.

Una última pregunta: ¿Qué esperas de tus lectores?

Hay escritores que se mueren por tener lectores súper sensibles, que lloren, se desgarren y se corten las venas con el marcador del libro. Yo prefiero que mis lectores sean solo inteligentes; ni más ni menos inteligentes que yo. Que disfruten lo que leen tanto como yo he disfrutado escribiéndolo.

Ihos HernándezColaboración para Noticias Montreal