miércoles, 18 de abril de 2012

Gran ovación al tango en el Teatro Outremont

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Tango en Montreal, Teatro Outremont, Maestro Larrea, Rómulo Larrea

Los espectáculos de Rómulo  Larrea resultan siempre de la más alta categoría.  Por eso, a nadie sorprendió el buen suceso de “De Gardel a Piazzolla”, presentado anoche en el Teatro Outremont.

Con esta producción, regresa al escenario el maestro Larrea, quien desde hace más de treinta años se ha apropiado de la misión de insuflar en la comunidad de Montreal esa pasión tanguera que con velocidad se expande por el mundo. El espectáculo, bajo la dirección del mismo Larrea y con la interpretación del ensamble que lleva su nombre y que él fundara en 1990, es compartido por primera vez con el público montrealés.  Hace pocos días, su première absoluta tuvo lugar en el Town Hall Theatre, de Brodway.  

Del ensemble musical de Larrea, vale la pena destacar el hecho de que (aparte de Larrea mismo) los instrumentistas no son latinoamericanos, sino músicos profesionales canadienses que se han dejado seducir por el tango y han logrado interpretarlo con esa misma vibración nostálgica que antaño uno pudiera haber creído que sólo era posible hallar en los bonaerenses.  Estos músicos de excelencia son François Pilon (primer violín), Frédéric Lefebvre (violín), Martine Gagné (viola), Sheila Hannigan (violonchelo), Alain Malo (bajo) y Luise-Andrée Baril (piano).

El canto corrió por cuenta de Verónica Larc, eterna compañera de Rómulo Larrea en su tarea de divulgación en Canadá del tango, uno de los mayores patrimonios culturales de América Latina.

Los bailarines, venidos especialmente desde Nueva York, fueron  Leah Barsky (Alemania), Carlos Cañedo (México), Mariana Parma (Uruguay) y Hernán Brizuela (Argentina).  De magnífico desempeño, ostentaron a lo largo de la noche sobriedad y profesionalismo, en el esquema tradicional del más puro tango de salón.  Ni siquiera en la parte de homenaje a Piazzolla, que, como es lógico, implica una coreografía más moderna, perdieron el buen gusto y se mantuvieron alejados de las extravagancias y fusiones ultramodernas que algunos grupos actuales han querido imponerle a la danza tanguística.

Las dos parejas danzaron en un comienzo vestidas con atuendos típicamente tangueros, que evocaban además la usanza de los locos años veinte y treinta, cuando, gracias a Gardel, el tango logró ascender hasta los más aristocráticos recintos y llegó a apoderarse de los exclusivistas salones europeos.  El conjunto combinaba, por tanto, perfectamente, con la arquitectura del patrimonial auditorio que los acogía.

Dado que es notable el interés de estos bailarines por la historia del tango, valdría la pena que en espectáculos posteriores se atrevieran a coreografiar al menos un número sólo de bailarines hombres, como en los tiempos iniciales del tango, cuando esta danza estaba vedada para las mujeres. 

Este espectáculo musical se suma a los innumerables esfuerzos que ha hecho Rómulo Larrea para fomentar en Montreal el amor por el tango y por la cultura latinoamericana.

Montreal, ciudad de festivales, destino de inmigrantes y escenario de inviernos rudos y largos, bajo un cielo de ceniza, cuenta con todo para convertirse en una nueva gran metrópolis del tango.  El trabajo de Larrea nos invita a pensar que su ilusión es ver un día a Montreal constituida en Capital Norteamericana del Tango, mientras en el Sur, sigue reinando Buenos Aires.  En Buenos Aires, se forjó y desarrolló este ritmo universalmente conocido, con todo el ambiente social y cultural que él produjo, no sólo en Argentina, sino en gran parte de Occidente. A lo largo del siglo XX, el tango fue, sin lugar a dudas, el eje del orgullo de la nación gaucha y fue el que la tuvo presente en los más encumbrados ambientes europeos y norteamericanos. Hoy, la Argentina, luego de un período de paréntesis, ha acudido de nuevo al tango, como elemento esencial de su acervo artístico y ha revivido el auge de interés por el mismo, lo que, como valor agregado, puede traer una posible fuente de ingresos monetarios, en varios sectores de la economía. Buenos Aires se ha consolidado como ciudad de tango: son de gran popularidad las orquestas de tango que tocan en sus plazas ante multitudes, en los días de descanso y las clases gratuitas de tango que se dan a los turistas por doquier. Cuando se camina por calles emblemáticas, como “La Florida”, es frecuente encontrar bandoneonistas y cantantes interpretando tangos metafísicos, como la “Balada para un loco”, de Piazzolla (uno de los tangos interpretados en el espectáculo). La ciudad en las noches se viste de tango y tiene centenares de lugares, muchos de ellos de fama mundial, que rinden homenaje diariamente a este ritmo. Su famoso ballet se ha dedicado ahora a coreografiar tangos y la iconografía tanguística en museos especializados es de elevada cantidad y calidad.

En la mente de quien bien conoce a Montreal no parece una loca idea aspirar a que algún día esta metrópolis pueda gozar de un ambiente tanguístico tan activo como el que acabamos de describir.  ¿Y quién sabe si en unos años, Montreal, como ha ocurrido con Medellín, Colombia, llegue a bautizar una avenida con el nombre de Gardel y construya una plaza con una imponente estatua del “Morocho del Abasto”?  No podemos  olvidar que  Gardel era, como los quebequenses, un francófono americano. 

Volviendo al espectáculo que nos compete, debemos exaltar, como siempre, el alma de Larrea tocando el bandoneón.  Por algo el mismo Piazzolla lo escogió para tocar con él en varias oportunidades, hace ya dos decenios.  Larrea resulta, entonces, ser también heredero de Gardel, ya que su gran maestro, Piazzolla, fue descubierto por Gardel en los años treinta. “Carlitos” quedó tan fascinado con el talento del entonces adolescente bandoneonista, que lo invitó a acompañarlo en la gira en la que, finalmente, Gardel perdería la vida.  Afortunadamente, el padre de Piazzolla no lo autorizó a viajar al lado del “Zorzal criollo”.  Si no, ese 24 de junio de 1935, habrían muerto en el fatídico accidente en Medellín las dos almas más grandes de la historia del tango.

Cuando un conjunto de tango decide dedicarle una velada a lo mejor de la obra de Gardel y Piazzolla, se halla frente a dos posibilidades: que sea imposible no embrujar al público con aquel repertorio irresistible, o que, por el contrario, si el desempeño no es óptimo, lluevan los abucheos sobre los músicos, por haber “profanado” a estos dos ídolos.  En esta ocasión, el resultado fue una ovación larga y unánime de un público de pie, embriagado con el misticismo del más elegante de los ritmos de nuestra América Latina.

 Sergio Esteban Vélez

* Comunicador de la Universidad de Antioquia, especializado en Lenguas Modernas en la Universidad de Sherbrooke.  Ha publicado siete volúmenes de poesía y de entrevistas.  Es columnista semanal del periódico El Mundo (Colombia) y comentarista cultural de Noticias Montreal.  Fue secretario general de la Academia Antioqueña de Letras.  Ha sido ganador, entre otros, del Premio Nacional de Periodismo “Simón Bolívar”, máximo galardón al periodismo colombiano, y del Premio “José María Heredia”, que le concedió el Instituto Nacional de Periodismo Latinoamericano, de Los Ángeles, California.

 Fotos: www.ensembleromulolarrea.com