sábado, 5 de mayo de 2012

Jean-François lleva 120 horas sin comer en protesta por el conflicto estudiantil que suma ya 83 días

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Happy Square Face
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Funcionario público que realiza huelga de hambre frente a la UQAM ya suma 120 horas

“¿Me veo débil?” Pregunta Jean-François mientras explica en qué consiste la huelga de hambre que comenzó el lunes pasado. “Solo he tomado agua, pero estoy muy motivado. Quiero enviar un mensaje de paz”.

Influenciado de manera notoria por Gandhi y por la numerología (dice que es su pasión), este québécois de 33 años de edad, que trabaja como funcionario público, ya suma 120 horas sin comer ¿Por qué? Explica que el conflicto estudiantil lo motivó a hacer algo, a moverse, a protestar de una forma en la que pudiera inspirar a otros. “Estoy consciente de que quizá no pase nada, pero sentí que debía hacerlo”.

Viste el «cuadro rojo» en su gorra y utiliza siete velitas que lo acompañan en las noches cuando opta por quedarse en la esquina de Saint-Denis con Maisonneuve (las noches que no ha hecho tanto frío). Sin embargo, su posición no está del todo vinculada a las demandas de los estudiantes. Sí cree en la necesidad de un acceso a la educación para todos, pero no rechaza a priori el alza. Piensa que las matrículas podrían aumentarse pero no al porcentaje que planteó el gobierno de Quebec.

Tampoco inclina su balanza al gobierno de Jean Charest, el cual, a su juicio, ha tardado demasiado en tomar el liderazgo para sentarse a discutir. Sin mencionar a partido político alguno ni expresar favoritismo por alguna tolda,  cree que el uso del famoso «cuadro rojo”, así como las mismas protestas que se realizan en Montreal y otras ciudades de Quebec, trascienden del tema educativo y buscan un cambio general en la sociedad québécoise.

“Este debate pasó a otro nivel que no se limita al alza de la matrícula. Es un conflicto intergeneracional. Los babyboomers envejecen. Ahora tenemos otra generación, de unos 20 años, que está contando con el apoyo de adultos que se han ido implicando progresivamente. Para mí, el objetivo principal es decir que esto va más allá de la huelga estudiantil. Estamos solventando los problemas en las calles a costo de matraca y gases lacrimógenos. La gente sigue protestando y a nivel internacional se comienzan a dar cuenta”.

Jean- François  menciona “el costo de la matraca y los gases lacrimógenos”, pero rechaza la violencia que se ha dado en las calles. Lamenta que la CLASSE no haya condenado los hechos violentos en su momento y recuerda que Quebec no tiene ese espíritu conflictivo: “pienso que Quebec es un lugar en el que todo el mundo trata de vivir en armonía, en el que todos tratan de discutir y arreglar los problemas juntos. Ambas partes están siendo inflexibles”.

Ante la violencia y la rigidez de parte y parte y la realidad de que el reloj sigue avanzando, agotando, desgastando y amenazando el trimestre de más de 170.000 estudiantes, el joven funcionario reitera que una solución inmediata es más que urgente. Aunque su huelga de hambre tiene fecha de expiración (martes 9 de mayo), estima que es necesario que la resolución al conflicto llegue ya. “Los estudiantes tienen que buscar la manera de salvar su trimestre. Es su futuro”.

Es posible que el mensaje de paz le cueste a este québécois -que no tiene carrera universitaria-  su puesto de trabajo. El lunes pasado dijo que se ausentaría de forma indefinida y desde entonces no ha tenido noticias de lo que ocurre en su oficina. “Solo estoy motivado a estar aquí”.

Para cumplir su reto inicial, nueve jornadas sin comer, solo restan menos de tres días ¿Será suficiente este tiempo para que el conflicto estudiantil, que ya suma 83 días (1.992 horas), llegue a término satisfactorio para todas las partes involucradas y para la misma sociedad? 

Foto: María Gabriela Aguzzi V. – Noticias Montreal