miércoles, 9 de mayo de 2012

«No seré una mujer florero», asegura Valérie Trierweiler, la nueva primera Dama de Francia

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El Mundo
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¿Por qué, a la hoy primera dama de Francia, no la llaman Valérie Hollande o en todo caso Valérie Massonneau su nombre de pila, sino Valérie Trierweiler?.

La respuesta es que aún está en proceso de divorcio de su esposo Denis Trierweiler, jefe de redacción de Paris Match.

Valérie quien también es periodista de Paris Match está «oficialmente» junto a François Hollande desde el 2006, pero conoció a Hollande en 1988, cuando cubría la fuente política como periodista.

Hollande para entonces tenía como pareja, en concubinato, a Ségolène Royal quien llegó a ser candidata presidencial del Partido Socialista. Royal oficializó su separación de Hollande, en el 2007.

Valérie Trierweiler, se dispone ahora como primera Dama de Francia ejercer su papel de «sonreír, ir bien vestida» pero no limitarse a eso, no quiere perder su independencia que ha logado tras muchos años de trabajo.

«No seré una mujer florero», asegura con determinación Valerie Trierweiler.

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Primera dama sí, mujer florero no. «Quiero representar a Francia, sonreír cuando sea necesario, ir bien vestida, pero no quiero limitarme sólo a eso. No seré una ‘potiche’ (mujer florero)». La pareja del nuevo presidente francés, Valérie Trierweiler, no quiere que le cuelguen etiquetas, tampoco perder la independencia que ha logrado tras muchos años de trabajo como periodista de ‘Paris Match’ y de la televisión Direct 8. Se pondrá el traje de primera dama, pero seguirá vistiendo «al menos de momento, pret a porter».

«No estoy muy cómoda dentro de este papel, pero lo haré bien si no se limita sólo a eso», ha declarado la francesa en una entrevista concedida a ‘Times’, la primera tras la elección de Hollande. Desde el domingo, la prensa de todo el mundo la escudriña al detalle: sus orígenes, su vida, su trabajo, su estilo, su futuro. «Esta mañana he leído que la prensa anglosajona se interesa por Valérie Trierweiler, la mujer que sucede a Carla Bruni. Cuando lo leí me dije a mí misma: ‘Esto es verdad'», ha dicho.

Se sabe observada, y comparada, aunque ella no tiene referencias -ni Bruni ni Bernardette Chirac-, aunque si la obligan a elegir se ve más cerca de Danielle Mitterrand, la mujer del primer presidente socialista, o de Hillary Clinton. Peros del cargo, ya ha tenido que ver con disgusto cómo algunos la llaman «la duquesa» o la comparan con Cecilia Sarkozy.

«No entiendo por qué la critican todo el tiempo. Sarkozy no habría sido elegido sin su apoyo», dice. Palabras de aliento para la ex y críticas sutiles para su predecesora: «Debía ser difícil para Nicolas Sarkozy cuando llegaba a casa por las noches, porque a Carla no le gustaba la política. Es imposible no compartir eso», ha dicho.

Amor y política

Porque si hay otro lazo, además del amor, que une a los nuevos reyes del Elíseo ese es la política. Valérie y François se conocieron en 1988, cuando la novata trazaba con tesón su carrera de periodista. Apasionada de la política, comenzó a cubrir la información del partido socialista. El flirteo dio paso a una relación «con mucha complicidad» y en 2006 la pareja empezó a salir.

Vox populi en los corrillos políticos, los amantes no hicieron pública su relación hasta que en 2007 Hollande oficializó su ruptura con Ségolène Royal, su pareja hasta la fecha. «Llegó un momento de su vida en el que él necesitaba otra cosa. Yo creo que lo ha cumplido», dice.

Esta madre divorciada y con tres hijos -fruto de su matrimonio con Denis Trierweiler, periodista de Paris Match- vive desde entonces con Hollande en la casa hoy asediada por los medios. Las restricciones empiezan a incomodarle, pues cada vez que intentan salir de casa «la calle está bloqueada». «Me asusta, no puede moverse sin su agente de seguridad».

Lo peor, los moscones que vuelan alrededor de su pareja y que «se pelean por estar a su lado, por montar en su coche o estar en la puerta de su oficina». Esta visionaria siempre creyó en su futuro, aunque advierte que antes que el político, «fue el hombre» lo que le atrajo, a pesar de que le guste guisar a la francesa, con «demasiada mantequilla».

Hollande, Trierweiler y Piaf

Demasiado influyente, para las malas lenguas, mujer con las ideas claras, para sus defensores, a ella se le atribuye el cambio de imagen del candidato socialista, que ha adelgazado varios kilos en los últimos meses. El día de la primera vuelta electoral, tras acudir a votar, se dio un pequeño homenaje en forma de tarta de chocolate, por todos estos meses de trabajo.

En las distancias cortas, dice Trierweiler, las aparentes debilidades de Hollande –se le acusa de blando– se transforman en virtudes. «Conociendo al hombre íntimamente descubrí que lo que podrían parecer debilidades son en realidad signos de fortaleza», dice.

Su talante, que «ha llevado a muchos a subestimarlo», es un arma de convivencia -«es agradable y fácil vivir con él»- que se aplica también a la lucha política. «Cuando se le ofrece una mano a quien le sostiene un cuchillo desarmas al adversario. Él ha logrado convencer a mucha gente así», dice.

Ha convencido a la mayoría de los franceses, que le han dado su confianza para manejar el timón del país en los próximos cinco años. El pasado domingo, tras su primer discurso como presidente en Tulle, un acordeón le sorprendía con sus notas de la ‘Vie en Rose’. Era una sorpresa de Valérie. «¿Por qué Edith Piaf? Es un secreto de Estado», dice ella. El broche a una bonita historia de amor, y también de política.

Foto: revistavanityfair.es /news.yahoo.com