viernes, 18 de mayo de 2012

La entrevista que no le hice a Carlos Fuentes

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Entre Fronteras
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Carlos Fuentes

He quedado en deuda con Carlos Fuentes. Una deuda que nunca más será pagada, al menos en este mundo de mortales. Con esta nota pretendo resarcir en algo el mal. Le había prometido una entrevista, mejor dicho, Carlos Fuentes tuvo la deferencia de aceptarme una entrevista. Quedamos que yo le enviaría un cuestionario, el cual nunca llegué a enviarle.

Fue en marzo del año pasado que Carlos Fuentes estuvo en Montreal, invitado por la Facultad de Derecho de la Universidad McGill. Carlos Fuentes era un hombre de derecho -que no de derecha-. Se graduó en leyes en la Universidad Nacional Autónoma de México, pero es probable que pocas veces lo haya ejercido.

Su formación y vasta cultura lo capacitaban para hablar prácticamente de todo. Y su charla, en McGill, ante una joven audiencia ávida de escucharlo e interpelarlo, no se limitó a su condición de jurista, sino también al economista, al sociólogo, al diplomático y desde luego al escritor. A Fuentes siempre se lo tuvo como un gran disertador y ese día no fue la excepción. Hablaba el francés y el inglés como si se tratara de sus propias lenguas.

Después de su interesante conferencia hubo un cocktail. Y es allí donde pudimos conocerlo. Me encontraba esa noche acompañado de mi esposa y mi hija que estudia en McGill.

En un momento de la conversación, mi esposa lo inquirió:

– ¿Pero usted está muy guapo y se ve muy en forma?, sabedora que para entonces Fuentes ya tenía los 82 años.

El charme de Carlos Fuentes es parte del secreto de su éxito, especialmente entre las mujeres. Siempre apuesto, elegante, gentil, con aire principesco.

– ¿Qué hace para mantenerse así?

– ¡Ah…! exclamó, pregúntenle a mi esposa.

Probablemente Carlos Fuentes, con esta respuesta, nos dio una primicia, ya que la prensa pocas veces abordaba aspectos de su vida personal. Una respuesta que seguramente haría muy feliz a Silvia Lemus, su amada esposa, sobre todo ahora que ya no cuenta con él.

II

Aprovechemos de abrir un paréntesis para referirnos a Silvia Lemus de Fuentes. Una mujer bella, inteligente, elegante, culta. Una princesa para el príncipe Carlos. Juntos hacían una verdadera pareja real.

Silvia Lemus conoció a Carlos Fuentes en una fiesta. Se lo presentó una amiga. «Mira, te presento a Mr. Fuentes», le dijo. Desde luego, Lemus, sabía quién era el escritor; había leído sus libros y recordaba haberlo visto paseando por la Zona Rosa (ciudad de México), siempre acompañado de alguna chica, cuando aún lo precedía su fama de donjuán. Lo que no esperaba Lemus, era que Carlos Fuentes también la conociera.  «La he visto en televisión», le dijo.

No había pasado tanto tiempo desde entonces, cuando Fuentes le propuso matrimonio. Fue una noche «después de haber oído cantar a Nancy Wilson, en el María Isabel -declaró en alguna oportunidad Lemus- y mientras bailabamos él se retiró un poco y me dijo: «Me quiero casar contigo, tener hijos y llevarte a vivir a París».

Dicho y hecho. El 18 de noviembre de 1972, un año después de conocerse, se embarcaron a Francia, desde Nueva York. Y desde entonces han permanecido unidos hasta hoy, por 40 años.

Silvia Lemus nunca ha estado a la sombra de Carlos Fuentes, porque ella siempre ha brillado por sí misma. Periodista inquisitiva. Condujo un programa por 13 años, Tratos y Retratos, en el canal 22 de ciudad de México. Ha entrevistado a personajes de distintos medios, como Anthony Quinn, Henry Kissinger, José Saramago, Salman Rushdie, Fernando Botero, Susan Sontag, Toni Morrison, Steven Spielberg,  Mia Farrow, etc. (Agencia Reforma).

III

Retomando el hilo de nuestra narración, diremos que en efecto la contribución de  Silvia Lemus a la fortaleza y el buen semblante de Carlos Fuentes, era evidente. Seguramente es el mágico alimento del amor que nutre los espíritus y cuerpos de la pareja. De todos modos es justo decir que Carlos Fuentes siempre gozó de una energía sin igual y de una excelente salud. Y, lo más importante, sin atisbos de rencor ante la vida, que bien podría haberlos cultivado, ya que junto a su esposa, tuvieron la desgracia de enterrar a sus dos hijos, muertos muy jóvenes. Carlos Rafael, enfermo de hemofilia y Natasha, de un paro respiratorio.

Ahora bien, aquella noche le hablé a Carlos Fuentes de nuestro proyecto, Noticias Montreal, que para entonces aún no estaba en línea, sino en su fase final de concepción. Le pareció una propuesta interesante y accedió gustoso a una entrevista que le haría en unos meses más. Acordamos que por la frecuencia de sus viajes, era mejor un cuestionario que se lo enviaría por correo electrónico.

Diré a guisa de disculpa, que en este oficio, de alimentar con contenido un medio de comunicación, todos los días y a cada rato, la actividad  te roba toda la atención y la mayoría de las veces pierdes la noción del tiempo. Y eso que yo no cargo con las mayores responsabilidades editoriales, como mis demás socios, y sin dejar de lado a los gentiles colaboradores con quienes contamos.

Esto es lo que me pasó, el tiempo voló para mí y nunca terminé de enviar el cuestionario. Ahora ya es tarde. Carlos Fuentes murió el 15 de este mes en México.

¿Cómo es que se murió, si se veía en perfectas condiciones?

Estoy convencido que uno se muere cuando tiene que morirse y para ello basta con estar vivo y no necesariamente enfermo. Es más, es maravilloso llegar a una edad avanzada e irse entero, lúcido y sano, como lo hizo Carlos Fuentes.

 Foto: Flickr – Casa de America