viernes, 18 de mayo de 2012

Protestas estudiantiles: la suspensión del semestre tendría un impacto devastador

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Ontario es un ejemplo soberbio de lo que ocurriría si el semestre es cancelado por las protestas estudiantiles en Quebec.

En el 2003, las escuelas secundarias de Ontario graduaron a sus grados 12 y 13 en el mismo año, ocasionando un incremento en las aplicaciones en colleges y Universidades. Las repercusiones se sintieron en todo el sistema. La preparación para el incremento de las aplicaciones costó a la provincia más de mil millones de dólares.

El profesor de ciencias políticas de la UQAM, Alain G. Gagnon, explicó a The Gazzette el mes pasado que la experiencia de Ontario “fue un infierno para todo el mundo” . Ontario tuvo años para planificar la solución, pero Quebec tendría meses.

Con las protestas estudiantiles en toda la provincia, la posibilidad de cancelar el semestre amenaza. Los líderes de las federaciones estudiantiles han blandido la posibilidad como una herramienta de negociación, esperando que el gobierno ceda para no tomar ese camino. Los liberales de Jean Charest planean presentar una ley que llame a posponer el semestre hasta agosto en lugar de suspenderlo. Para rescatar el período, las federaciones de profesores aseguran estar dispuestas a hacer cualquier cosa –trabajar fines de semana, noches, en sesiones de verano y finalizar el semestre de primavera en agosto- para evitar las pesadillas a largo plazo que crearía una suspensión.

Hay aproximadamente 115 mil estudiantes de Quebec todavía en huelga y en riesgo de perder el semestre: 55 mil en 11 de las 17 universidades de la provincia -de un total de 285 mil- y 60 mil en 14 de los 48 CEGEPs -el total es 175 mil-. Muchos estudiantes en huelga nunca votaron a favor del boicot, lo que quiere decir que cancelar el período castigaría a decenas de miles que nunca estuvieron de acuerdo con la decisión.

En 1997, el gobierno Conservador de Ontario decidió eliminar el grado 13. Esa decisión, unida al incremento de 20% en el número de jóvenes de 19 años debido a tendencias de nacimientos masivos, llevaron a la provincia a aumentar sus inscripciones universitarias en 30 mil estudiantes al año en el 2005.

Para que esto fuera posible, Ontario invirtió más de 1,4 mil millones de dólares en infraestructura, guiados por un estudio conducido por el gobierno de Manitoba que determinaba cómo las universidades se verían afectadas por el cambio.

Las repercusiones fueron enormes. Tuvieron que contratar más personal, especialmente porque el crecimiento llegó cuando muchos profesores estaban cerca de retirarse. Tuvieron además que conseguir dinero extra para programas de asistencia financiera para estudiantes. Las becas para instituciones post secundarias aumentaron en 368 millones de dólares para el 2003. En las escuelas secundarias, la ansiedad creció mientras los estudiantes tenían que competir con casi el doble de sus pares por puestos limitados en universidades. Hubo reportes de alumnos aplazados por la presión a la que estaban sometidos. Muchos tomaron un año sabático para trabajar o viajar para evitar el caos. Los puestos en las residencias se estiraron en Ontario y el resto de Canadá, ya que muchos alumnos emigraron en busca de un puesto.

Los efectos se extendieron más allá de los estudiantes no graduados -14 mil espacios tuvieron que ser creados en distintos programas en el 2007, a un costo de 240 millones de dólares al año-. Los que buscaban trabajo también sintieron el temblor.

“He llegado a la conclusión de que este grupo me seguirá dondequiera que vaya por el resto de mi vida”, dijo, en el 2007, la estudiante Misha Allard al Toronto Star. “Ya sea en la escuela de medicina o el trabajo, habrá el doble de gente tratando de hacer lo que yo quiero hacer”.

Muchos colleges y universidades de Ontario decidieron aumentar las matrículas para pagar por gastos adicionales.

Los efectos de tener 60 mil estudiantes de más en el sistema preuniversitario serían especialmente devastadores en Montreal, ya que sus escuelas están ya en su máxima capacidad, dijo Jean Trudelle, presidente del sindicato de profesores de la Federación Nacional de Profesores de Quebec. La mayoría de los CEGEPs que siguen en huelga son de la región de Montreal. Terminar el semestre significaría inmensos costos para contratar personal, pagar tiempo extra y alquilar nuevos espacios, aseguró. Se preguntó también si algunos educadores tendrían que duplicar sus cargas. Caroline Tessier, vocera de la federación de CEGEPs, dijo que incluso si este semestre es rescatado, los efectos de su extensión se sentirán durante más de un año. Si la sesión es cancelada, la mayoría del costo que tuvo será desperdiciado, acotó.

Fuente The Montreal Gazzette