viernes, 1 de junio de 2012

Irlanda aprueba en referéndum el plan de austeridad propuesto por Europa

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El Mundo
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Lo que los griegos al parecer no desean, los irlandeses acaban de aprobarlo mediante un plebiscito: El Tratado de Estabilidad. Esto es apretarse los cinturones. Un plan de austeridad, que les permitirá un mejor acceso al financiamiento de parte de la Unión Europea.

Aunque los resultados de la consulta no son definitivos, se estima que la tendencia no variará sustancialmente. El sí gana por un 60%. Algunos representantes del no ya han admitido su derrota.

Curiosamente, el sí ha sido contundente en los sectores rurales y el no ha tenido su mejores resultados en los sectores obreros de las ciudades.

El País

Aunque todavía no hay ningún resultado del conjunto del país, se da ya por segura la victoria del sí en el referéndum de ratificación del que oficialmente se llama Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria. Los partidarios del no ya han admitido su derrota.

Los datos dispersos en multitud de mesas electorales hacen pensar que el mandato al Gobierno para que ratifique el tratado tendrá más del 60% de los votos. La participación, en torno al 50%, es baja pero está en línea con anteriores consultas. Las clases medias y la población rural han impulsado el voto del sí. El no obtiene sus mejores resultados en los barrios obreros de las ciudades y en las áreas con mayor presencia del Sinn Féin, que ha liderado la campaña contra el tratado.

Los irlandeses parecen haber llegado a la conclusión de que, aunque no les gusta la política de austeridad, el país tiene más posibilidades de encontrar financiación si ratifica el tratado que si lo rechaza.

“El sí lo ha conseguido. Buena campaña del no. La prometida estabilidad no va a aparecer. Ahora es el momento de la batalla contra la austeridad en las comunidades y lugares de trabajo”, ha dejado dicho a través de Twitter Paul Murphy, eurodiputado del Partido Socialista y cabeza visible de la campaña contra el tratado de la Alianza de la Izquierda Unida.

John McGuirk, asesor del movimiento antieuropeísta Libertas, también ha utilizado Twitter para admitir la derrota del no. “Felicidades a los partidarios del sí por su efectiva campaña. Me temo que no va a traer estabilidad pero se merecen que este sea su día”, ha escrito.

El taoiseach (primer ministro) y líder del Fine Gael, Enda Kenny, se ha mostrado optimista pero ha querido guardar las formas en una visita al centro de recuento de su circunscripción, en Mayo. “La tendencia, en las urnas que se han abierto aquí, es claramente favorable al sí pero eso puede no ser indicativo de lo que pase en el resto del país”, ha declarado. “Vamos a esperar a cuál es la decisión de la gente. He dejado muy claro que esa decisión será definitiva, que nos vamos a someter a ella y que no se puede poner en discusión la decisión de la gente”, ha añadido.

Los irlandeses rechazaron en sendos primeros referéndums los tratados de Niza y de Lisboa, que fueron luego renegociados con Dublín y aprobados en segunda consulta popular. Esta vez, sin embargo, el resultado, aunque obviamente tiene importancia porque un triunfo del no podría haber incrementado la inestabilidad en la zona euro, no tiene carácter decisivo para la entrada en vigor del tratado porque basta con que sea ratificado por 12 de los 17 países del euro para que se pueda poner en marcha el próximo 1 de enero.

Eso ha podido tener una influencia decisiva en la mente de los votantes, que no podían confiar en una renegociación y tenían que decidir qué era mejor para el país: estar en el tratado o quedarse fuera.

El hecho de que la campaña del sí pusiera el acento que darle la espalda al nuevo tratado provocaría dificultades para que Irlanda obtenga financiación cuando a partir de 2014 deje de estar protegida por los fondos europeos comprometidos en el paquete de rescate negociado en noviembre de 2010, ha acabado siendo decisivo.

La campaña del no ha sido incapaz de hacer calar la idea de que esa financiación es posible y al mismo tiempo se puede dar la vuelta a la política de austeridad y recortes del gasto público.

Foto: Cathal Mcnaughton / Reuters