sábado, 16 de junio de 2012

Johanna Martínez, madre con orden de expulsión: «¿por qué esperaron ocho años para botarme?»

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Planilla Refugio Canada - Noticias Montreal

Johanna Martínez tiene un caso complicado. Reconoce que su vida ha sido complicada y que en pocas oportunidades ha encontrado la tan anhelada estabilidad, condición que, pese a no tener respuesta certera de parte de Inmigración Canadá ante un panorama complejo había conseguido en Montreal. Ahora sus días en el país están contados, a menos que una decisión de última hora cambie el orden de los acontecimientos.

Y sus días en Canadá están contados porque tiene fecha de deportación: 27 de junio de 2012, decisión a la cual ella y su abogada apelarán el próximo lunes ante la respectiva corte. Martínez poco sabe sobre lo que va a hacer en su Colombia natal pues la siente lejana (vivió en Estados Unidos desde los 6 años) y tampoco quiere pensar al respecto, pero sí tiene un par de cosas claras: no se quiere ir y no quiere dejar a su familia aquí; pero si se da su peor escenario, su esposo y dos hijas pequeñas permanecerán en Canadá, donde “tendrán un futuro mejor”.

“Yo…llegaré a Colombia y buscaré nuevamente la manera de irme a otro país. Sé que he cometido muchos errores, pero ahora siento que están desmembrando a mi familia”.

“He cometido muchos errores”

La historia de inmigrante de Johanna comenzó cuando era apenas una niña. Su madre la llevó a Estados Unidos (Nueva York) donde permaneció ilegal durante más de 15 años. Fue en esa misma ciudad como vio a su madre caer en las drogas y en la acción de delinquir  mientras ella crecía. Cuenta que su madre termina presa (por robo) y es allí cuando comienza/se afianza su tormento.

“Tenía cinco hermanos pequeños. Podía llamar a los servicios sociales, pero no quería que nos separaran. Yo solo tenía 17 años y podía haber recibido la ayuda. Solo quería darle una estabilidad a mis hermanos, esa estabilidad que jamás había tenido”, explica.

Narra que el primer mes en el que estuvo a cargo de los más pequeños recibió ayuda de cercanos. Pero esa ayuda poco duró y entonces, dice, tuvo que salir a buscarla a la calle. Los conocidos de su madre, quienes dice no “eran del mejor camino”, la introdujeron a un mundo del mal accionar, de tomar lo ajeno. “Nos cortaron la luz, los pequeños no tenían que comer…estábamos mal. Habíamos vivido mediocre, pero nunca nos había hecho falta cosas como esa…”, se lamenta.

¿Cuáles fueron los delitos? Al respecto la madre de 37 años explica: “ellos (las amistades de la madre) eran personas vivas, de la calle, robaban ropa. Yo en ese momento estaba totalmente desesperada”, dice, al tiempo que asegura que aunque buscaba trabajo no lo conseguía porque no tenía el social security. Estaba sin papeles. Ilegal.

Me metí en problemas y me arrestaron”, indica. Fueron en total nueve arrestos, según Johanna. Uno de ellos no fue por robo sino por violencia doméstica, pues tuvo una pareja que la golpeaba.

En el comunicado dado esta misma semana por el Ministerio de Inmigración las autoridades canadienses aseguran que “Martínez es una fugitiva, con un largo historial criminal en al menos tres estados: Nueva York, New Jersey y Florida”.

Martínez reconoce que tuvo problemas con la justicia en los tres estados mencionados. Asevera que de los nueve arrestos solo uno estuvo calificado como una falta mayor a 500 dólares. Asimismo explica que no todos sus casos están cerrados porque no cumplió con las sentencias.

Johanna conoce en Nueva York a Fernando (después de tener la pareja que la golpeaba), quien había llegado a Estados Unidos tras vivir situaciones también complejas en Colombia. Al conocer a la joven y ver su situación, narra la colombiana, le dice que la mejor salida es volver a su país natal. Johanna acepta, deja a su hija mayor en Miami (con unos conocidos) y se va con la más pequeña, por los “caminos verdes”, a tierras colombianas.

Se instala junto con Fernando en Bogotá donde ambos comienzan a trabajar. Pero llega un nuevo tormento: su pareja es secuestrada por las FARC, grupo terrorista que exige el monto de 50.000 dólares por la liberación de su concubino. Con ayuda de familiares, Martínez logra obtener 20.000 dólares, total que es entregado a miembros de las FARC pero que no es suficiente. La amenaza a su vida y a sus hijas es el siguiente paso a lo que la respuesta inmediata fue: “Nos vamos para Canadá”.

Corría el año 2004 y Johanna entra a Canadá. Estaba embarazada y tenía en sus manos un pasaporte falso de México, que había sido arreglado por familiares de su pareja en Colombia. Su hermano menor, Jaycob (de nacionalidad americana y sobre quien también hay una orden de expulsión) se le unió a los pocos días.

“Nunca había estado tan nerviosa. Solo corrí después de las amenazas”, responde cuando se le pregunta si no tenía miedo de ingresar a un país con una identificación falsa. Fernando se quedó secuestrado en Colombia y fue la madre del afectado fue la que se encargó de esta situación.

Tras unos días en Toronto, Martínez se instala en Montreal donde se presentó inicialmente para pedir refugio. Aunque había sido aconsejada que mintiera sobre su estatus y sus récords criminales en Estados Unidos, Johanna dice que dio toda la información pertinente, incluyendo sus arrestos y sus sentencias.

La audiencia siguiente fue en 2005, donde obtuvo respuesta negativa a su solicitud de refugio. “Tuve una intérprete que no decía lo que le decían. Yo estaba muy confundida y ni siquiera conté con el consejero que había estudiado mi caso”.

Respecto al tema de la intérprete, Inmigración Canadá asegura que «la audiencia se realizó parcialmente en inglés…para permitir a la solicitante (Johanna) quien conoce bien el inglés, concentrarse en las preguntas y en las respuestas que dio».

Fue en esa audiencia donde ocurrió una de las incongruencias presentadas también esta semana por Inmigración Canadá en la que, según narra el documento, se critica el hecho de que Martínez haya dicho que lo que vio en Canadá cuando llegó, en agosto, fue la nieve. “Realmente estaba confundida y pensé que me hablaban de ese momento (que era invierno), no de cuando llegué en el mes de agosto. Fue todo una confusión que nunca pude resolver”.

Escape. Destino: Canadá

2005 es también el año en el que, cuenta Martínez, su pareja pudo escapar del claustro de las FARC y lograr huir a Canadá. “Me llegó de sorpresa a Montreal. Fui realmente feliz”.

Debido a todo lo vivido por Fernando en Colombia, el proceso de refugio fue acelerado y el visto bueno para que permaneciera en el país llegó rápidamente. En el documento que recibe la familia solo se lee la aprobación para el señor Fernando Suárez. “No te preocupes”, le dijeron a Martínez. «Él podrá apadrinarte pronto».

La posibilidad del apadrinamiento nunca llegó. Cuenta Johanna que el trauma del secuestro era grande, que Fernando no quería trabajar y que no había fuerza que lo moviera de la casa. Con una relación en peligro y necesidades en el hogar, la mujer lo presiona para que busque dinero de alguna forma.

“Le dije que era necesario, pero no que fuera a robar”, indica, explicando el escenario siguiente que puso sobre la cuerda el futuro entero de la familia: “Tenía unos amigos de la calle quienes le dijeron que podían meterse en una vaina (robo de joyas). No llegaron a hacer el robo, pero igual los atraparon. Eran cuatro. Fernando estuvo preso en Bordeaux por seis meses y luego por otros seis meses”.

Paradójicamente, Martínez agradeció la acción de su pareja, pues salió de la cárcel convertido al cristianismo, práctica religiosa que comparte con la misma Johanna hoy día. “Salió y todo estaba perfecto”, asegura, pues luego de aquel episodio y de acciones legales emprendidas por una jueza que incriminaban a Fernando como miembro de una organización criminal, el joven que hoy tiene 29 años, fue declarado inocente.

Pero aunque fue declarado inocente -de la acusación de ser miembro de una organización criminal- espera desde hace dos años y medio los resultados de una apelación y considerando que Johanna Martínez fue declarada como inadmisible al país, se genera un limbo en el que lo único claro al parecer es que si la madre, sus dos hijas mayores (de 14 y 9 años) y su hermano Jaycob dejan Canadá, no podrán volver a ingresar. En el país quedarían Fernando y sus hijas menores (de 7 y casi 3 años de edad).

Hizo su vida

Martínez insiste en que no sabe qué hacer si le toca salir de Canadá, pues asevera que aquí es donde tiene su vida. “Mis hijas hablan perfecto inglés y francés, van a la escuela. Mi hermano trabaja y ha logrado éxitos increíbles. Le he podido dar todo lo que a mí me faltó. Estoy tan orgullosa de él”. 

Lamenta que para recibir una orden de expulsión haya transcurrido ocho años ¿Por qué no me botaron cuando llegué. Al año. Por qué podía trabajar y pagar impuestos. Cada vez que pago impuestos me siento orgullosa de mí misma”.

Y tanto hizo su vida en Canadá que contó durante todo este tiempo con permisos de trabajo, con el sistema de salud, con el sistema de ayuda social e incluso con la chômage (paro forzoso).

Este mismo lunes estará de nuevo ante  una corte, esta vez de apelaciones, institución que podría anular o retrasar su orden de expulsión. No hay criterio único, pues en el pasado (reciente) se han vistos casos positivos y negativos. Johanna sigue viendo el calendario.

@GAbAguzzi  – gaguzzi@noticiasmontreal

Foto: Pablo A. Ortiz  – Noticias Montreal