domingo, 17 de junio de 2012

El complejo del Caballero andante

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Antes que nada, una pregunta se impone: ¿Jean Charest, es un dictador o no?

Ponerse a discutir si Jean Charest es un dictador o no, probablemente es un ejercicio intelectual ocioso. Es como ponerse a discutir si la Vía Latea está pavimentada o no.

Sin embargo, me mezclo en el asunto en vista que todos los días, durante las manifestaciones estudiantiles, se hace referencia al dictador Charest de una u otra manera, que es imposible mantenerse al margen.

Peor aún, se relaciona a Jean Charest con Hitler, lo que para mí, más que una exageración es un síntoma de no haber hojeado un texto de la historia universal o ni siquiera haber visto por ejemplo, la Lista de Schindler o Der Untergang, La caída. ¿Tan escondidos están los campos de concentración en Quebec?.

– ¿La ley 78?

Seamos razonables, esa ley murió al nacer, no se ha aplicado verdaderamente. Y si ese fuera el caso, esa ley no le llega ni a los talones a los nazis, apenas sería un abreboca para las fauces de Hitler.

De tal manera que están fuera de lugar los saludos nazis, las esvásticas y todo esa suerte de slogans hitlerianos, que exhiben los manifestantes, y no solo porque lo reclame la comunidad judía, sino porque no tienen nada que ver. Ni siquiera tratándose de una broma, como tratan de justificar algunos dirigentes estudiantiles.

Las bromas son algo muy serio. Justamente, en las dictaduras, el uso del humor es el arma política más eficaz a las que han recurrido con frecuencia personajes y organizaciones políticas opositoras, a fin de eludir la censura. ¿Ésta es la situación hoy en Quebec?.

El caso es que no se pude ir por allí tan alegremente dando mensajes a diestra y siniestra, mezclándolo todo, como si no importara nada. Alguien puede creerlas y formarse una idea equivocada de la realidad.

Tan equivocada como aquella otra, la de una primavera árabe en Quebec. Acaso los modelos políticos de Egipto con Mubarak, de Libia con Mouammar Gadafi, de Túnez con Ben Ali, o de Siria con Bachar al Asaad, son iguales o parecidos al modelo político de Quebec.

Comprendo que hoy en día prácticamente todos seamos ignorantes. Es a lo que nos ha llevado el desarrollo meteórico de los medios de comunicación, en especial la internet y las redes sociales, que no cesan de bombardearnos a cada rato con contenidos de todo tipo.

De tal manera que es literalmente imposible saberlo todo. Se dice que la totalidad del conocimiento universal puede cambiar en menos de cincuenta años. O sea una sola generación debe renovar al menos una vez la globalidad de sus conocimientos. A los 45 o los 50 años todo lo que hemos aprendido ya no sirve. Tenemos que aprehender nuevos conocimientos. La cultura -que viene a ser un concepto aún más allá del simple hecho de estar bien informado- es ahora un concepto relativo, relativo a una especialidad.

Pero todo lo dicho no justifica la ausencia total de conocimiento y de información. Un mínimo de cultura se impone.

II

– ¿Acaso la izquierda ya no imparte formación política a sus tropas?

Tal vez ahora ya no. Pero me parece raro. Porque definir claramente al enemigo siempre ha sido motivo de grandes y distendidas elucubraciones al interior de todos los partidos políticos de izquierda, especialmente los de inspiración marxista. Este es un asunto tan serio para la izquierda, que muchas de sus infinitas divisiones se deben a este tema, a sus diferencias de enfoques en el asunto.

Después de caracterizar convenientemente al enemigo, se puede dar paso a otras de las grandes tareas políticas de la izquierda, que también no están exentas de riegos divisorios, que es la «identificación de las condiciones objetivas y subjetivas para la toma del poder político», así como suena, rimbombante.

Recién entonces se estaría listo para determinar «la forma de lucha» que se debe emprender. Y esto pasa por escoger una eficaz «estrategia y táctica» que asegure la victoria contra el susodicho enemigo.

Como se ve no es cuestión de improvisar y de ir por allí armando alboroto y lanzando ideas y slogans como se les ocurre en el momento. Un mínimo de rigor político se impone.

III

Ahora bien, si el caso es que la izquierda québécois hizo su riguroso análisis de la situación en Quebec y llegó a la conclusión que Jean Charest, es realmente un dictador y por tanto, la lucha contra él debe ser al estilo de una primavera árabe, entonces estamos ante un gran problema.

En mi modo de ver, estaríamos  frente a lo que llamaría el complejo de Don Quijote de la Mancha, el complejo del Caballero andante, aquel que salió a librar batallas en tiempos que la caballería ya no existía. Un Caballero que se las emprendía contra los molinos de viento, creyéndolos malandrines o adversarios caballeros de carne y hueso.

Foto: online-spanisch.com