martes, 19 de junio de 2012

Fría expectativa ante la visita de Ahmadineyad a Brasil. Dilma Rousseff no lo recibirá en palacio

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El Mundo
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Mahmud Ahmadineyad llega a Río de Janeiro en un ambiente de frialdad y distanciamiento. Qué diferencia con Lula Da Silva, quien siendo presidente de Brasil, se opuso a las sanciones contra Irán, ganándose las críticas de Washington.

Se ha anunciado que la presidenta Dilma Rousseff no recibirá oficialmente al mandatario iraní, quien participará en la Conferencia Rio+20 sobre el Medio Ambiente, en el cual están presentes 180 países. Rousseff ha sido muy crítica sobre el asuntos de los derechos humanos, en especial su oposición a las lapidaciones que se realizan en Irán.

Sin embargo, el peor desplante vino del alcalde de Río, Eduardo Paes, quien se negó asistir a la inauguración de una réplica de las columnas de Persépolis, que era un regalo del Gobierno de Teherán a la ciudad. El acto fue cancelado.

El País

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ha rechazado la petición de un encuentro oficial pedido por su homólogo de Irán, Mahmud Ahmadineyad, que llega este martes a Brasil para participar al final de la Conferencia Rio+20 sobre Medio Ambiente, junto con representantes de 180 países. En el Ministerio de Asuntos Exteriores se ha justificado el rechazo de la mandataria alegando que no es posible recibir oficialmente a todos los jefes de Estado presentes en Río de Janeiro.

La negativa de Rousseff tiene un carácter simbólico y político, dadas las estrechas relaciones que existían entre el líder iraní y el antecesor de Dilma Rousseff, Luiz Inácio Lula da Silva, que incluso acabó enfrentándose a Washington por protagonizar una mediación con Irán sobre su programa nuclear. Lula se mostró entonces contrario a las sanciones contra Irán.

Es posible que Dilma se cruce en los salones de la Conferencia Rio+20 con el líder de Irán y le ofrezca un apretón de manos y una sonrisa. Ahmadineyad —que llega a Brasil, como escribe este martes el diario O Globo, «con el temor de quedar aislado”— pretendía mucho más.

Si, según los analistas políticos, el presidente iraní viene a Río de Janeiro para mejorar su imagen internacional y en busca de aliados en el exterior, su visita difícilmente va a conseguir su propósito. Antes de que Dilma Rousseff rechazara el encuentro oficial con Ahmadineyad, el alcalde de Río, Eduardo Paes, había plantado a los diplomáticos de Irán. Paes desistió de asistir a la inauguración de una réplica de las columnas de Persépolis, regalo del Gobierno de Teherán. El acto fue cancelado con la excusa de que el local estaba en obras.

Según la prensa, el no de Dilma a un encuentro oficial con Ahmadineyad “enciende una luz amarilla en los bastidores de la diplomacia, ya que indica un cambio de rumbo en el curso de la política exterior, una ruptura con la era de por Lula, quien difícilmente habría rechazado la petición de un encuentro con Ahmadineyad”, como escriben Renata Malkes y Eliane Oliveira en el diario O Globo.

Lo cierto es que sobre este asunto Dilma ya había manifestado su distancia con la política exterior de Lula da Silva. Nada más ser elegida, hace año y medio, declaró al diario The Washington Post que, de haber sido ella presidenta, Brasil habría votado a favor de imponer sanciones a Irán por el atropello a los derechos humanos. Y rechazó la brutalidad de la pena de muerte infligida por lapidación a las mujeres en Irán.

Foto: Efe