viernes, 29 de junio de 2012

Rufus Wainwright, el esfuerzo de un profeta en su tierra

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Rufus Wainwright

“Sé que a Montreal le gustaría que tocara la siguiente canción”, dijo segundos antes de empezar las primeras notas de Hallelujah, aquella tonada que nos recuerda a un monstruo verde y su leal burro. Creo que esas palabras, primeras del encore encierran el sentir de anoche. No solo había empezado el festival de Jazz más grande e importante del mundo, sino que lo había hecho con buen pie.

Con alguien de la casa. Un artista que se fundió con su público, un montrealés más que no se dedicó a cantar solamente. Escuchó a la gente, agradeció al movimiento estudiantil, hizo suyas las notas de Robert Charlebois, montó a su talentosa familia en el escenario. Así fue la inauguración del Festival de Jazz de Montreal. Así fue el concierto de Rufus Wainwright.

Con la tarima en completa obscuridad, a cappella, Wainwright presentó unas credenciales que no hacía falta presentar. Todos los que hemos cantado alguna vez sabemos la dificultad que implica hacerlo sin acompañamiento. Pero Rufus, una de esas estrellas prematuras, se siente cómodo con el micrófono. No necesita nada mas.

Vestido con un suéter rojo de lentejuelas, en un explícito desafío a Liza Minelli –“It’s on Liza, it’s on”-, el singular artista, claramente anglófono –nació e hizo sus estudios secundarios en New York-, hizo el esfuerzo de comunicarse en francés. Como consecuencia, presentó a su “bella hermana” como su “belle-sœur”, confusión aclarada inmediatamente.

Todo, como si tuviese que ganarse a su propio público. Imagino que por aquello de que nadie es profeta en su tierra. Pero no se conformó con ese gesto. Por sus acciones, y por no organizar una protesta anoche, agradeció a los estudiantes, y se disculpó por no portar un símbolo rojo… Aunque dijo ser “un gran cuadrado rojo”, en obvia alusión a su vestimenta. «Te estoy dando todo Montreal», confesó, «porque tú me lo diste todo». 

Pero el mayor nivel de reconocimiento con el público, además de los sentidos “Hallelujah” finales y, cómo no, el famoso y ya referido Je reviendrai à Montréal” de Charlebois, estuvo ambientado por estas líneas de “Going to a Town”:

I may just never see you again, or might as well
You took advantage of a world that loved you well
I’m going to a town that has already been burnt down
I’m so tired of you, America.

@rodrim3105

Foto: Captura de pantalla